POLILLAS ESCONDIDAS Y FLAMENCOS BLANCOS: LO QUE LAS INTERACCIONES NOS PUEDEN DECIR SOBRE LA VIDA

Sanna Kannisto, Approach of Winter (Aproximación del invierno), 2018. © de la artista. Cortesía de Persons Projects.

por Agustín B. Ávila Casanueva

EXPLORAR A DETALLE LAS INTERACCIONES ENTRE DIFERENTES ORGANISMOS DE LA NATURALEZA ARROJA LUZ SOBRE EL HECHO DE QUE LA VIDA SOLAMENTE EXISTE EN COMUNIDAD, NINGÚN ORGANISMO EXISTE POR SÍ SOLO, SIEMPRE NECESITAMOS DE OTROS MÁS PARA VIVIR.

En 1862 James Bateman, un horticultor inglés, le envió a Charles Darwin una caja con varias orquídeas, inclusive una proveniente de Madagascar: la estrella de Belén (Angraecum sesquipedale, que posteriormente también ganó el nombre de orquídea de Darwin). A los pocos días de recibir el regalo, Charles le escribió a un amigo: “Acabo de recibir una caja de parte del señor Bateman, que incluye a la impresionante Angraecum sesquipedale, que tiene un espolón de unos 30 centímetros. ¡Por dios! ¿Qué insecto sería capaz de chuparlo?”.

El espolón al que se refiere Darwin es la parte de la flor que suele tener una forma de tubo y que alberga, al fondo, el dulce néctar que la planta produce. Para Darwin, si hay néctar, debe haber un insecto alimentándose de él. Y si el espolón mide 30 centímetros, entonces, escribe Darwin en una segunda carta: “debe haber polillas en Madagascar con trompas capaces de extenderse entre 25 y 28 centímetros”. ¡Y las hay! aunque tardamos 130 años en encontrarlas. No fue hasta 1992 que se pudo comprobar que había una polilla con esas características y que sí se alimentaba del néctar de esa orquídea.

Darwin, desde un pensamiento tanto evolutivo como ecológico, pudo describir, con sólo ver a un organismo, que había otro con el que había una clara interacción. Todos los seres vivos interactúan no solamente con su entorno, sino con otros seres vivos continuamente. Son necesarios, de distintas maneras para su supervivencia.

Las vacas tienen mejores amigos y se asustan y estresan cuando las separan de ellos. Los vampiros suelen convidar de su cena a quienes les han ayudado en el pasado y necesitan de las bacterias que viven en su intestino para poder eliminar el exceso de hierro que su dieta les produce, así como poder generar otros nutrientes que ellos son incapaces de ensamblar a partir de la sangre de alguien más.

Incluso características tan propias de una especie, como la paleta de colores roja y rosada que portan los flamencos, se construye mediante la colaboración —no siempre benéfica— de varios organismos en conjunto. Al nacer, los flamencos tienen plumas blancas. Conforme se empiezan a alimentar de algas, pequeños moluscos y, especialmente, de artemias ​​—unos pequeños crustáceos—, empiezan a tomar las tonalidades por las que son famosos.

Pero las artemias son transparentes. No es hasta que otro organismo, un parásito, un gusano parecido a las tenias, las infecta, que cambian de color y adoptan una tonalidad rojiza. Además, el parásito también hace que las artemias naden en grupo y sea más fácil encontrarlas y comerlas. Mediante la digestión y otros malabares moleculares, los flamencos utilizan las moléculas que le dan color a las artemias para pintar sus plumas —y los parásitos logran reproducirse y dejar huevecillos en los intestinos del flamenco, que los expulsará junto con su excremento—. De no ser por los parásitos de las artemias, los flamencos serían blancos.

Mi punto es: los organismos de este planeta son de la manera en la que los conocemos, porque interactúan entre ellos. Ya sea que desarrollen garras o caparazones para atacar o defenderse; o un dulce néctar y una larga trompa para alimentarse y polinizar el uno al otro. Ya sea que la interacción entre dos organismos sea parasítica, predatoria, mutualista, altruista, o cualquiera de los tipos que existen, los organismos involucrados se ven afectados. No existen interacciones neutras. La vida siempre es relevante para la vida. Y cada organismo está definido por los otros organismos con los que interactúa.

Sanna Kannisto, Journey 1 (Viaje 1), 2019. © de la artista. Cortesía de Persons Projects.

Sanna Kannisto, Days of Departure 2 (Días de partida 2), 2015. © de la artista. Cortesía de Persons Projects.

Todos los seres vivos interactúan no solamente con su entorno, sino con otros seres vivos continuamente. 

Sanna Kannisto, Journey 6 (Viaje 6), 2019. © de la artista. Cortesía de Persons Projects.

No existen interacciones neutras. La vida siempre es relevante para la vida.

 

Sanna Kannisto es una fotógrafa de origen finlandés cuya obra explora el espacio de intersección entre la naturaleza, la ciencia y el arte. Sus creaciones están construidas a partir de una investigación visual minuciosa y el estudio de diferentes métodos, enfoques y teorías científicas sobre cómo la humanidad interactúa con el entorno natural. Así, en el trabajo de Kannisto el placer estético se encuentra con la curiosidad científica, para ofrecernos imágenes que nos inspiran a pensar nuevas maneras de entender y relacionarnos con las otras especies. La galería Persons Projects en Berlín representa su obra. www.personsprojects.com | www.sannakannisto.com

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Agustín B. Ávila Casanueva es coordinador de la oficina de comunicación del Centro de Ciencias Genómicas de la UNAM. Como miembro del colectivo Ciencia Beat, fue ganador del Premio Nacional de Periodismo 2018 en la categoría de Divulgación de la Ciencia, y en 2020 fue ganador de la beca Robert L. Breen para periodistas mexicanos. Ha colaborado en revistas como Nexos, Chilango, Gatopardo y Este País.

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