VIDAS EJEMPLARES: LA HIJA DEL TIEMPO

Anabella González, Rigoberta Menchú, 2020. Cortesía de la artista.

por Sergio Henao López

LA INSPIRADORA BIOGRAFÍA DE RIGOBERTA MENCHÚ, GANADORA DEL PREMIO NOBEL DE LA PAZ Y EL PREMIO PRÍNCIPE DE ASTURIAS DE COOPERACIÓN INTERNACIONAL, NOS ALIENTA A LUCHAR INCANSABLEMENTE POR EL RESPETO A LA VIDA Y TODAS SUS MANIFESTACIONES CULTURALES.

Parada en el estrado, mira hacia el frente como lo ha hecho toda su vida, sin cerrar los ojos, sin agachar la cabeza, con la tranquilidad de un monje tibetano que irradia un poderoso magnetismo lleno de amor, dolor y entereza. Esta vez no tiene frente a ella a los soldados Kaibiles; está frente a un puñado de hombres nórdicos vestidos de trajes negros, intimidantes también, pero mucho menos letales.

Su presencia es ajena a este paisaje sobrio pero ostentoso. Su huipil contrasta con la formalidad del escenario. Se dispone a leer su discurso, un relato que pertenece a todas las personas que ella representa. No se debe a un estereotipo, sino más bien al destino de injusta crueldad que la gran mayoría de comunidades indígenas tienen que afrontar en casi todos los rincones del planeta.

Elementos fundamentales sobresalen en la labor y la experiencia de Rigoberta en su esfuerzo por preservar la vida y la memoria cultural de las comunidades indígenas. La relación entre la comunidad y la tierra se funde en el lenguaje y el recuerdo de hacer y cuidar, de sembrar, respetar y querer el río, el bosque, la montaña, la selva que nos rodea. También en la importancia infinita de comprender el lugar del otro. El mundo que habitamos se compone de una estructura social compleja y entrelazada, que merece el espacio del reconocimiento mutuo, la fraternidad y la colaboración, la aceptación del otro es un trabajo que nos aleja del odio y los fascismos. Otra característica que sobresale en la personalidad de la nobel es la recomposición de la figura de la mujer como persona, individuo y líder. El trabajo de Rigoberta Menchú transita entre la aplicación y la exposición de los valores que encarna en su día a día, con lo que pone de manifiesto un conjunto de elementos para una digna constitución de la vida.

La mirada de esta mujer, Rigoberta Menchú Tum (Aldea de Chimel, Guatemala, 1959), es un portal que atraviesa realidades, entre fosas comunes y auditorios para homenajes o conferencias magistrales —la humanidad del siglo XX y su fascinación por el testigo que escapa al horror y la tragedia—. Pero Rigoberta no es cualquier sobreviviente, es la portadora del dolor profundo, su testimonio es un fragmento de la enorme y terrorífica verdad, el intento de aniquilar a la comunidad Mayaquiché por parte del Estado guatemalteco en un contexto marcado por el Plan Cóndor. Para la Nobel de la paz el propósito ha sido claro, luchar por su comunidad, la dignidad, la justicia, el respeto y la democracia.

El destierro forzado marcó la agenda y el destino de Rigoberta, que, sin saberlo, se había encarrilado en un viaje que la llevaría primero por territorio mexicano y posteriormente por Europa; sería en París, en 1982, con la ayuda de la escritora venezolana Elizabeth Burgos, donde redactaría su libro autobiográfico Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia. El testimonio de este texto transformó la vida de Rigoberta de luchadora campesina a embajadora de la paz mundial. El valor de su proeza reside en la capacidad de transformar el horror y la muerte en un mensaje pacífico, humanitario y lleno de vida. Alejada de resentimientos y radicalismos su personalidad transita por el hacer colectivo, la fraternidad, el feminismo reflexivo y la construcción de una relación más recíproca y espiritual con la naturaleza, en particular con la tierra, elemento fundamental que ancestralmente ha sido venerado por su comunidad.

El valor de su proeza reside en la capacidad de transformar el horror y la muerte en un mensaje pacífico, humanitario y lleno de vida.

Rigoberta ha recibido innumerables premios y condecoraciones por su labor, tan importantes como el Nobel de la paz y el Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional, pero más allá, Rigoberta Menchú, la hija del tiempo, como alguna vez la llamó el escritor vasco Bernardo Atxaga, está entre nosotros para recordarnos con memoria ancestral que el futuro de la humanidad habita en el respeto a la vida en un marco intercultural de justicia social.


Bibliografía

Burgos, Elizabeth. Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia. México: Siglo XXI editores, 2007.

Grandin, Greg. “It Was Heaven That They Burned. Who is Rigoberta Menchú?” en The Nation. EE.UU., 8 de septiembre de 2010. Disponible en: https://bit.ly/32k0meI (verificado el 20 de diciembre de 2021).

Anabella González es ilustradora y diseñadora gráfica argentina. Su trabajo busca conjugar su mirada con la del espectador para crear imágenes inspiradas en la naturaleza, la cotidianidad, el cine, las emociones y las texturas combinando técnicas tradicionales con digitales.
www.cargocollective.com/anabellagonzalez | Instagram @anabellagnzlz

Sergio Henao López es historiador por la Escuela Nacional de Antropología e Historia, realizó estudios de Maestría en historia en la Universidad Iberoamericana. Interesado en la historia cultural, la historia de las ideas, la historia de la vida cotidiana y la escritura de la teoría de la intimidad.

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