EROS: IMPULSO DE VIDA

Sheila Metzner, The Passion of Rome (La pasión de Roma), 1986. Cortesía de Sheila Metzner Photography.

por Abraham Godínez Aldrete

DESDE LA PSICOLOGÍA Y LA FILOSOFÍA SE HA PENSADO EN LA PULSIÓN DE VIDA COMO EL PLACER DE RELACIONARSE CON LOS OTROS. EN ESTE SENTIDO, LA EXISTENCIA SE LLENA DE VIDA CUANDO PODEMOS ABRIRNOS AL EROTISMO POR MEDIO DEL ARTE Y NUESTROS VÍNCULOS.

“Ese deseo de presencia es lo que llamamos Eros”.
Piera Aulagnier

Georges Bataille¹ dice que “el erotismo es la aprobación de la vida hasta en la muerte”. Esta afirmación recuerda la vieja oposición freudiana entre pulsiones de vida y pulsiones de muerte. La pulsión de vida está constituida por los cuidados necesarios para conservar la existencia y por las pulsiones sexuales “que de continuo aspiran a la renovación de la vida, y la realizan”.² La pulsión de muerte está compuesta por repeticiones patológicas que impulsan una renuncia al mundo y a la existencia. De acuerdo con estas ideas, vivir significa desear más la vida que la muerte. Pero sabiendo bien que de todos modos vamos a morir, ¿por qué se desea vivir en vez de apresurar el final lo antes posible?

La supervivencia implica un esfuerzo constante, y la relación con el mundo es un espacio de competencia y lucha. La vida requiere realizar un trabajo para satisfacer necesidades vitales y enfrentar conflictos sociales a fin de evitar estados de servidumbre. Aunque vivir es difícil, no todo es espinoso. La sexualidad es el impulso humano de encontrar en el placer y en el vínculo con el otro una razón de vivir. Descartando el uso de sustancias psicotrópicas, Eros otorga el mayor placer posible a la existencia. De no haber esta suma de “placer vital”, la pulsión de muerte —que pretende poner fin a la actividad vital misma— puede imponerse. Piera Aulagnier³ definió la pulsión de muerte como un “deseo de no deseo” y André Green4 mostró que la pulsión de vida y de muerte corresponden a una misma pulsión vinculada (Eros) o desvinculada del otro (pulsión de muerte). Eros, que cohesiona todo lo viviente,5 puede definirse —ante todo y sobre todo— como “sed de otredad”.6 En reiteradas ocasiones, Freud mostró que la sexualidad no se reduce a la genitalidad. El erotismo remite a una necesidad vital que se basa en la relación placentera con un otro significativo. Eros permite vincularse a la vida. Cuando una persona no puede encontrar una relación placentera con otro ser humano, el rostro de la vida aparece solamente en su ámbito más gravoso (esfuerzo constante y lucha interminable). Ante la ausencia de vínculos eróticos, se activan procesos patológicos como la melancolía y la angustia que pueden provocar fantasías y deseos de muerte. En las ocasiones en que el sujeto se enfrenta a la muerte —por ejemplo, en situación de un duelo por el fallecimiento de un ser amado— aparece un impulso erótico como un intento de crear lazos con la vida.

De acuerdo con Freud, a la sexualidad se le oponen los diques que la obstaculizan: el asco, el sentimiento de vergüenza, los reclamos ideales en lo estético y en lo moral. El asco puede definirse como degradación del cuerpo erótico a lo orgánico; la vergüenza, como un peligro narcisista —que surge de las propias inseguridades— en la pretensión de querer fascinar; los reclamos en lo estético, como una exigencia de belleza que impide vincularse eróticamente; y los reclamos en lo moral, una exigencia de ideales ascéticos que imposibilitan el disfrute del vínculo erótico. Este último dique es uno de los obstáculos más importantes para disfrutar de la sexualidad; los exigentes ideales morales transforman el placer en sentimiento de culpa. Los ideales ascéticos motivan a algunas personas a prescribirse largos periodos de abstinencia sexual, y cuando se presenta un acto de placer los reproches se imponen como exigencia de recibir castigo. En casos graves el resultado es mortífero: hay depresiones motivadas por un sentimiento de culpa que exige renunciar a la vida.

El erotismo remite a una necesidad vital que se basa en la relación placentera con un otro significativo. Eros permite vincularse a la vida.

Sheila Metzner, Campidoglio (Capitolio), 1986. Cortesía de Sheila Metzner Photography.

Sheila Metzner, Uomo (Hombre), 1988. Cortesía de Sheila Metzner Photography.

La sexualidad es el impulso humano de encontrar en el placer y en el vínculo con el otro una razón de vivir. 

En oposición a los diques de la sexualidad tenemos la estética. El arte es un espacio de creación que ha permitido procesos de liberación. El erotismo es uno de los problemas vitales del ser humano. En Historia de la sexualidad, Michel Foucault menciona que el arte erótico ha sido un modo de transmitir un saber sobre el uso de los placeres. En la antigua Grecia, la palabra “arte” (téchné) se refiere indistintamente a las artes útiles (como el arte de construir barcos o el arte de la medicina) y a las bellas artes (como la poesía o la escultura). Hay un “arte erótico” que consiste en una serie de técnicas para encontrar el placer en todas sus posibilidades, y un arte pictórico y escultórico del desnudo elaborado por la técnica y la imaginación para el disfrute. Kenneth Clark dice que el “desnudo” es un arte inventado por los griegos en el siglo V (a.C.) destinado al placer de la forma: “ningún desnudo, ni siquiera el más abstracto, debe dejar de despertar en el espectador algún vestigio de sentimiento erótico, aunque sea la sombra más somera; y si no lo hace, es que estamos ante un arte malo”.7 El arte del desnudo no solamente conlleva la libre imaginación en la creación de nuevas formas placenteras, sino una lucha contra los diques de la sexualidad. Por ejemplo: Rubens representó el rechazo más sensible del puritanismo, y el arte contemporáneo ha establecido una dialéctica frontal contra los reclamos de ideales de belleza en lo estético. Hay que suponer que en el arte del desnudo existe una memoria erótica de la Humanidad. Los artistas han expresado un conjunto de fantasías eróticas e ideas sobre el placer en la representación del desnudo de cada época. Esta memoria erótica abre una puerta a la libertad.8 Así como la desnudez se opone al estado cerrado, en el erotismo se sustituye el aislamiento por un sentimiento de profunda comunicación con otro ser humano. Esta vinculación otorga ese “placer mínimo” que hace preferir la vida antes que la muerte. Abrirse al erotismo alegre, por medio del arte y el vínculo con el otro, es una afirmación de vida. 

BIBLIOGRAFÍA

1. Aulagnier, P. La violencia de la interpretación. Buenos Aires: Amorrortu editores, 2007.
2. Bataille, G. El erotismo. Barcelona: Tusquets, 2005.
3. Clark, K. El desnudo. Un estudio de la forma ideal. Madrid: Alianza editorial, 2008.
4. Freud, S. Más allá del principio de placer en Obras completas. Buenos Aires: Amorrortu editores, 2001.
5. Green, A. El pensamiento clínico. Buenos Aires: Amorrortu editores, 2010.
6. Paz, O. La llama doble en Obras completas. México: FCE, 2004. 

Sheila Metzner, Joko Passion (Pasión Joko), 1985. Cortesía de Sheila Metzner Photography.

Sheila Metzner es una reconocida fotógrafa estadounidense. Su estilo único la ha posicionado como una referencia en el mundo de la fotografía de arte, moda, retrato, naturaleza muerta y paisaje. La selección de imágenes que se presenta en estas páginas explora con delicadeza el sentido contemporáneo del erotismo al entrecruzar elementos aparentemente yuxtapuestos para abrir ventanas al placer, la vida y la belleza. www.sheilametznerphotography.com

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Abraham Godínez Aldrete es psicoanalista y profesor investigador de tiempo completo del departamento de humanidades y artes del Centro Universitario de Tonalá, Universidad de Guadalajara. Es miembro del SNI de CONACYT. Autor de La noción de ser en psicoanálisis (UACJ, 2017), Filosofía política y subjetividad, aportaciones a una genealogía del deseo (U de G, 2018), Amor romántico y muerte voluntaria, vida y obra de Manuel Acuña (U de G, 2020).

1. Lucas Spanemberg y Mario F. Juruena, “Dysthymia: historical/nosological characteristics and its relationship with major depressive disorder” en Revista de Psiquiatria do Rio.

2. Asociación Estadounidense de Psiquiatría, Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-V) (Madrid: Médica Panamericana, 2014), p. 69.

3. Miriam E. Jimenez et al., “La distimia en el contexto clínico” en Revista Colombiana de Psiquiatría vol. 42, núm. 2 (2013), pp. 212-218.

4. Lucas Spanemberg y Mario F. Juruena “Dysthymia: historical/nosological characteristics and its relationship with major depressive disorder” op. cit.

5. Miriam E. Jimenez et al., “La distimia en el contexto clínico” op. cit.

6. Lucas Spanemberg y Mario F. Juruena “Dysthymia: historical/nosological characteristics and its relationship with major depressive disorder” op. cit.

7. Ibídem.

8. Miriam E. Jimenez et al., “La distimia en el contexto clínico” op. cit.

9. Cristina Carro y Rubén Sanz, “Intervención cognitivo conductual en un caso de distimia con componentes de ansiedad de evaluación de un caso clínico” en Revista de casos clínicos en Salud mental (2015), pp. 43-59.

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