por Andrea Bravo Echenique
entrevista realizada el 3 de noviembre de 2025
En esta entrevista, Cecilia Azar, socia del área de Litigio Civil, Mercantil y Arbitraje de Galicia Abogados S.C. y vicepresidenta de la Comisión Mundial de Arbitraje de la Cámara de Comercio Internacional, comparte los aprendizajes acumulados tras más de tres décadas de trayectoria y reflexiona sobre la misión del derecho y lo que significa para las mujeres en el ámbito jurídico haber sido reconocida en la primera banda del ranking de Chambers and Partners.
Trayectoria y especialización en arbitraje
Cuéntenos un poco sobre su trayectoria, ¿cómo fue su recorrido académico y profesional hasta llegar a ser socia de Galicia Abogados S.C.?
Nunca dudé dónde estudiar mi licenciatura: la UNAM. El día que llegué a inscribirme tenía dos finalistas en mente: Sociología y Derecho. Señalé Derecho como primera opción. Después del primer día de clases, llamé por teléfono a mi papá y le dije “esto es lo mío”.
En la carrera me tocó un paro a mediados de los noventa en el que solo Veterinaria y Derecho se resistieron a suspender clases; Martí Batres me llamó “niña fresa” mientras yo quería explicarle por qué no debíamos parar. Como estudiante también viví los asesinatos de Colosio y Ruiz Massieu, la creación del ejército zapatista, la entrada en vigor del TLCAN y la Reforma Judicial de Zedillo.
En la primavera de 1993, en la fiesta de aniversario de mis papás, mi hermano Carlos tocó el violín; mi hermano Paco cantó ópera; y yo, que no tenía talento artístico alguno, pero sí el don de la palabra, escribí y leí un texto sobre nuestra familia. Ahí, Salvador Neme Castillo, gobernador de Tabasco, me preguntó si ya estaba trabajando. Días después, gracias a su hija Aurelia, tuve una entrevista con Luis Alberto Aziz y Guillermo Aguilar Álvarez, quienes acababan de fundar un despacho después de representar a México en las negociaciones del TLCAN dentro de SECOFI; una de sus áreas de práctica era arbitraje comercial y arbitraje de inversión. Me contrataron y ahí empezó mi historia profesional.
¿Recuerda cuándo y por qué tomó la decisión de especializarse en el litigio arbitral?
Empecé a trabajar con dos expertos en arbitraje cuando cursaba el quinto semestre de la carrera. Guillermo Aguilar Álvarez había pasado varios años en París trabajando en la CCI, organización que cuenta con el principal sistema de arbitraje institucional del mundo. Yo hablaba francés y eso le resultó útil, pronto me volví su apoyo. En pocos años se convirtió en uno de los árbitros internacionales más ocupados, eso me permitió acceder a casos muy interesantes.
No podría decir si decidí activamente dedicarme al arbitraje o si la vida me puso frente a esa oportunidad. Un momento crucial fue la creación del Centro de Arbitraje de México (CAM) en 1997. En enero de 1998 me convertí en la responsable de difundir sus labores por la República Mexicana y países cercanos, hablando de arbitraje en despachos, empresas, cámaras comerciales e industriales, universidades y colegios de abogados, y pensando día y noche en los medios alternos de solución de controversias y su utilidad en la vida mercantil del país. Los años pasaron y, en 2007, abrí con dos colegas extraordinarias, Elsa Ortega y Sofía Gómez Ruano, un despacho de arbitraje.
Tiempo después me hice socia de DLA Piper México, y en 2018 llegué al lugar en el que he cumplido uno de mis principales sueños: tener un equipo de resolución de controversias del que estoy enormemente orgullosa y que me motiva para ser mejor persona cada día. Ese lugar es Galicia Abogados S.C.
Diferencias del proceso arbitral y rol del mediador
¿Cuáles son las diferencias y los retos de litigar en un procedimiento arbitral en comparación con un litigio judicial?
La principal diferencia es que generalmente un arbitraje se gana con argumentos de fondo, no de forma, a diferencia de lo que pasa en un juicio, debido a la formalidad de nuestro sistema procesal. Además, diría que el arbitraje es un sistema autorregulado y, en cierto modo, autocontenido, dado que el ejercicio profesional está siendo permanentemente vigilado y puesto bajo escrutinio. Quien un día es tu contrario, el siguiente es árbitro en otro asunto; quien un día te ve como árbitro, el siguiente es tu compañero de panel en una conferencia internacional. Hay que cuidar mucho cada paso y considerar la ética como una vara de medida. Un paso en falso te puede costar la carrera.
Además de conducir procedimientos arbitrales, ¿nos puede platicar sobre su trabajo como árbitro y mediadora?
El ejercicio de la práctica arbitral te permite conocer dos perspectivas: en una representas a la parte en disputa y en otra resuelves la cuestión dictando un laudo, algo imposible en el litigio judicial. Frecuentemente me preguntan si prefiero ser árbitro o abogada de parte; cada función tiene su encanto y las disfruto por igual. Ser árbitro me resulta natural porque suelo ser objetiva y entender que mi misión es comprender el caso y resolver sobre los hechos y el derecho. Por otro lado, cuando me toca defender un lado de la historia, me caso con la postura del cliente, estoy convencida de que merece ganar y lucho a morir, pero siempre busco darle la visión más objetiva y ayudarlo a escoger el mejor camino para concluir el conflicto, incluso transigir.
Disfruto mucho actuar como mediadora también: el mediador facilita el proceso y asiste a las partes para ver si es posible alcanzar un acuerdo y resolver la cuestión. En México aún falta mucho para considerar a la mediación como un mecanismo recurrente en el mundo comercial; hay esfuerzos importantes, pero falta un marco jurídico claro y una política pública que fomente el diálogo y la generación de consensos. Siempre he creído que, así como en la infancia solemos recurrir a la autoridad para que nos resuelva un problema, una sociedad inmadura suele recurrir a Papá Gobierno o Mamá Suprema Corte de Justicia; a mayor madurez y desarrollo, menor recurso a la autoridad institucional y mayor toma de responsabilidad.
[…] generalmente un arbitraje se gana con argumentos de fondo, no de forma, a diferencia de lo que pasa en un juicio, debido a la formalidad de nuestro sistema procesal.


Panorama actual y retos del arbitraje en México
Tras 30 años de carrera, ¿cuál es su visión sobre el arbitraje en el contexto actual? ¿cómo le parece que ha cambiado la práctica del litigio arbitral en México en los últimos años?
Cuando empecé, poco se escuchaba del tema. Los despachos mexicanos no visualizaban tener un área de arbitraje. Eso ha cambiado. Hoy todos los despachos que cuentan con una práctica de litigio tienen o planean tener una práctica arbitral. Incluso hoy podría hablar de una mirada “oportunista” del arbitraje; muchos colegas que no creían en su eficiencia, hoy lo presentan como la panacea. Ahora, la Reforma Judicial complicará la cosa en tribunales y más empresas recurrirán al arbitraje. Me parece estupendo que más gente se interese en su práctica, pero un arbitraje mal llevado puede ser peor que un mal juicio. En el arbitraje, las partes pagan por un árbitro que entienda el caso, le dedique el tiempo necesario y lo conduzca eficientemente para rendir un laudo lo mejor y más pronto posible. Implementar chicanas “al estilo judicial” en un arbitraje es una pésima combinación.
¿Cuáles son los principales retos y qué cambios cree que serían necesarios para fortalecer aún más la práctica del arbitraje en nuestro país?
Una práctica arbitral sólida requiere de tres cosas: un marco jurídico adaptado a modelos internacionales (lo tenemos); una presencia profesional e institucional sólida, con abogados capacitados para ejercer arbitraje conforme a las mejores prácticas y centros arbitrales nacionales e internacionales (lo tenemos); y un poder judicial que entienda cuál es su papel en el fortalecimiento de los medios alternos de solución de controversias. Esto último tardamos 30 años en alcanzarlo; hoy contamos con precedentes judiciales pro-arbitraje, en lo general y tengo esperanza de que eso no cambie con el nuevo Poder Judicial: que los nuevos jueces entiendan que no deben obstaculizar o inobservar los acuerdos de voluntades, sobre todo en materia comercial.
Reconocimiento internacional y misión del derecho
¿Nos puede contar brevemente en qué consiste el Top Ranked de la guía Chambers and Partners, en qué área fue destacada, y qué significa para usted este reconocimiento?
Chambers and Partners es una empresa mundial de ranqueo de abogados que realiza clasificaciones nacionales, regionales y globales. En la práctica del arbitraje es particularmente importante, porque cuando se tiene que elegir a un árbitro o árbitra, es común ver si Chambers and Partners o Legal 500 lo tiene ranqueado.
Lo relevante para mí es que, después de 18 años en las listas de Chambers and Partners en Banda 2 y de 30 años de ejercicio profesional, en 2025 fui considerada en la Banda 1 como abogada de parte, hasta ahora ocupada exclusivamente por colegas masculinos. Tomó cerca de 20 años reconocer a una mujer en la práctica arbitral en México, como sucede en muchas otras prácticas legales, lo cual es alarmante. Para las mujeres abogadas ha sido largo conseguir llegar a esos lugares y parece que nuestro lugar suele ser secundario. Hoy tengo el enorme orgullo de ocupar dos Bandas 1 en Chambers and Partners; no me hace mejor persona ni mejor abogada, pero me satisface haber roto un techo de cristal que ayude a mis colegas a cruzar esa misma puerta.
Esta edición de Capitel está dedicada a reflexionar sobre la misión. Desde su perspectiva, ¿cómo podemos pensar la misión del derecho en el contexto contemporáneo, y específicamente del litigio arbitral?
Diría que la misión actual debería ser aumentar los espacios de conversación y de defensa de derechos; que todos los ciudadanos tengan acceso a un sistema de solución de conflictos, mediante espacios de diálogo como la negociación, medios alternos como el arbitraje y la mediación y procesos judiciales y administrativos eficientes. Vivimos un serio problema de acceso a la justicia y a los sistemas de solución de conflictos. Eso no lo resolverá la Reforma Judicial; espero equivocarme, pero tal vez lo agrave. Por eso, la tarea está en todos los que reconocemos al derecho como un sistema y un conjunto de herramientas para alcanzar una mejor vida en comunidad.
Aunque en lo comercial el arbitraje ofrece alternativas muy eficientes, no hay sistema arbitral que funcione sin un Poder Judicial autónomo, sólido y accesible. Los sistemas arbitrales más fuertes son aquellos que operan en jurisdicciones con un vigoroso estado de derecho. Deberíamos ampliar la gama de medios para resolver conflictos; no debilitar unos y fortalecer otros.
¿Qué consejo daría a los estudiantes de Universidad Humanitas interesados en seguir una carrera en esta área? ¿Qué oportunidades ve en el futuro para este campo en nuestro país?
Que se enfoquen en encontrar una rama del derecho que les guste. El ejercicio de la profesión no es sencillo y el camino tiene muchos obstáculos y momentos de frustración. Identificar un área que nos gusta es crucial: controversial, transaccional, regulatoria, sector público, sector privado, academia, ONG. El derecho es muy generoso en cuanto a oportunidades de desarrollo, la clave está en disfrutar su ejercicio. Una vez identificada el área, ejercerla con ética y compromiso siempre dará buenos resultados. Si les interesa el arbitraje, participen en los concursos nacionales e internacionales (Moots); busquen un despacho que tenga esa práctica; fortalezcan sus habilidades en otro idioma y sean cuidadosos en el uso de la inteligencia artificial.
[…] la tarea está en todos los que reconocemos al derecho como un sistema y un conjunto de herramientas para alcanzar una mejor vida en comunidad.

Andrea Bravo Echenique es coordinadora editorial de Capitel de Universidad Humanitas.








