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STEFFEN DAM: GABINETE DE CURIOSIDADES IMAGINARIAS

por Melissa Mota


La obra del artista danés Steffen Dam retoma los gabinetes de curiosidades del Renacimiento y la lógica del asombro por lo desconocido, para coleccionar objetos que viven en el territorio de lo imaginario y que nacen del diálogo entre el deseo del artista y las posibilidades del material con el que trabaja.

La clasificación y catalogación del mundo natural se ha dado de formas muy diversas a lo largo de la historia. Ante los hallazgos derivados de las conquistas europeas en el siglo XVI, el gusto por lo desconocido y lo exótico generó un tipo muy particular de coleccionismo privado: los gabinetes de curiosidades. Monarcas, aristócratas, burgueses, eruditos y curas del Renacimiento comenzaron a dedicar una habitación de sus residencias a sus objetos más preciados. En ellos convivían pinturas y esculturas con animales disecados, minerales, vegetales, conchas, instrumentos científicos, reliquias, joyas, libros, piezas arqueológicas u objetos extraños traídos de lugares lejanos. Una especie de microcosmos que reflejaban, por un lado, la personalidad y los intereses de los coleccionistas, y por el otro, tanto el conocimiento adquirido hasta ese momento por los europeos, como su forma de comprender y organizar el mundo. 

La obra del artista danés Steffen Dam retoma este deseo de preservar las rarezas. Para él, los gabinetes de curiosidades fueron los lugares destinados a aquello que no era comprendido en su momento, y ese desconocimiento despertaba el sentimiento de curiosidad. La diferencia de los objetos de Dam es que éstos no provienen de un lugar específico, sino de la imaginación del propio artista. 

Si bien se inició profesionalmente como fabricante de herramientas, a finales de los ochenta se dedicó por completo al trabajo con el vidrio. Mientras perfeccionaba la técnica se dio cuenta que algunos de los que se consideraban errores técnicos, como las burbujas, grietas o manchas, podían ser más bien aciertos. Al explorar estos accidentes comenzó a moldear figuras surgidas de una colaboración entre lo que él deseaba hacer y lo que el mismo material quería que sucediera. El resultado era la combinación de un control parcial del artista y del azar, especímenes que remiten a seres biológicos, como medusas, microorganismos o plantas, pero que se sitúan entre la abstracción y la realidad. 

Para él, los gabinetes de curiosidades fueron los lugares destinados a aquello que no era comprendido en su momento,y ese desconocimiento despertaba el sentimiento de curiosidad.

Steffen Dam, Orrery (Planetario), 2016. Cortesía del artista.

Steffen Dam, New medicine (Medicina nueva), 2017. Cortesía del artista.

Steffen Dam, End of my garden (Fin de mi jardín), 2018. Cortesía del artista.

El afán por descubrir, catalogar, estudiar, controlar y explotar todo lo conocido tuvo un auge a finales del siglo XVIII y XIX, cuando la Revolución Industrial instauró una nueva lógica económica, tecnológica y cultural. En este periodo varios de los gabinetes de curiosidades más importantes se convirtieron en museos públicos de historia natural y diversos viajeros europeos difundieron todas las riquezas naturales de los territorios conquistados de América, Asia y África, mediante sus cuadernos de viaje. También fue un momento en el que se popularizaron los grabados, acuarelas y litografías naturalistas, como los de John Curtis o Ernst Haeckel. 

Dam cuenta que cuando visitaba la casa de su abuelo, quien era un aficionado de la historia natural, pasaba horas viendo las ilustraciones de los libros de flora y fauna de su biblioteca. Más tarde el artista llevaría la estética de la clasificación visual de los textos a su propia obra. Esto se puede observar en Flower Block y Specimen Block, en donde figuras abstractas de vidrio coloreado son encapsuladas en bloques rectangulares de vidrio transparente, dándole una cualidad etérea a los especímenes. Al apilar los bloques en hileras genera la impresión de estar ante una ilustración bidimensional que acompaña a un libro científico. En otras obras como New Medicine o Cabinet of Curiosities, opta por presentarlos en cilindros de vidrio, que remiten a los tubos de formol o alcohol que conservaban especies animales para su estudio. Sin embargo, a diferencia de estas muestras, sus seres parecen estar vivos y en movimiento por el efecto de las burbujas. 

En la biología ficticia de Dam se clasifica lo inclasificable y se le da un orden visual a lo abstracto, pero al igual que en los gabinetes de curiosidades su fundamento está en aquello que no se puede asimilar del todo y en el asombro que causa lo desconocido. 

En la biología ficticia de Dam se clasifica lo inclasificable y se le da un orden visual a lo abstracto […].

Oswaldo Ruiz, La pared y los agujeros I y II, 2019. Cortesía del artista y Patricia Conde Galería.

Steffen Dam, My parallel Biology (Mi biología paralela), 2010. Cortesía del artista.

Melissa Mota es historiadora del arte por la Universidad Iberoamericana, cuenta con una Maestría en Historia del Arte por la UNAM y actualmente es doctoranda de la misma institución. Fue coordinadora de la galería Ángulo Cero, un espacio dedicado a la intersección entre el diseño y el arte, y ha colaborado para revistas como Código y Gatopardo.

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