por Sergio Henao López
A lo largo de su carrera, Ruth Bader Ginsburg dedicó su misión a promover la igualdad y la justicia en Estados Unidos, especialmente en torno a los derechos de las mujeres y las minorías. Su legado trasciende fronteras, inspirando movimientos en todo el mundo que buscan sociedades más justas, inclusivas y equitativas.
Ruth llega a su casa, cuelga la toga en el armario, se cubre con un traje sobrio pero elegante y se dirige a la ópera, al recinto que por algunas horas le dará alivio y resguardo. Allí, como una espectadora más, asiste al drama en el que “habitan la piedad y la justicia”, como ella misma decía.
Trayectoria ética y profesional
La trayectoria profesional de Joan Ruth Bader Ginsburg (1933-2020) no es solo impresionante, sino también de un nivel ético y social muy alto, tanto en lo personal como en el de figura pública. Desde sus años en Cornell, Harvard y Columbia donde estudió derecho, hasta convertirse en jueza del tribunal de apelaciones (1980-1993) y posteriormente jueza de la Corte Suprema de los Estados Unidos (1993-2020), su catálogo de logros y avances con respecto a las leyes y los derechos es enorme.
Una de las habilidades que más se le recuerda a la hora de presentar casos era el uso del lenguaje para asentar términos legales, convirtiéndolos en fundamentos irrebatibles, como en el famoso caso Frontiero v. Richardson, en el que Ruth omitió el uso de la palabra sexo para su presentación oral y la reemplazó por género. De esta manera, a favor de sus argumentos de apelación, igualó los derechos laborales de hombres y mujeres en términos de salario, subsidios y tratamiento general dentro de las fuerzas armadas estadounidenses.
El objetivo de este cambio era evitar cualquier distracción por parte del jurado con el término sexo, con la intención de exponer la discriminación sexual dentro de las instituciones del Estado, elementos que pudo exponer no solo en agravio de las mujeres sino también contra los hombres. En el caso Weinberger vs Wiesenfeld, Ruth representó a un hombre que, al quedar viudo, le fueron negados los beneficios de la seguridad social debido a que esto solo se aplicaban a las viudas.
Coherencia ante un ambiente conservador
Para la Jueza Bader era muy importante crear una figura de coherencia profesional en un ambiente dominado enteramente por hombres conservadores, contra los cuales había debatido y luchado para hacerse un espacio en el mundo de las leyes. Su desempeño era óptimo y la fortaleza de sus presentaciones tomaron un pátina de leyenda con el pasar de los años: imbatible, incorruptible, legalmente feroz y legítima.
Nada ni nadie pudo detener su ascenso hasta la Suprema Corte. Pero más allá de su carrera contundente y de esa mirada atenta e implacable, Ruth cargaba un cometido, una verdadera misión que primero se manifestó en la inmensa labor a favor de los derechos civiles de la mujer en los Estados Unidos, una lucha por la igualdad a la cual nunca renunció y fue parte de su vida íntima al lado de Martin, su gran amor y soporte leal.
Ruth tenía muy claro que se demostraba la necesidad de los derechos a partir de la protesta pública, aunque para hacerlos realidad había que instaurarlos en las leyes, en esos pesados y antiguos libros escritos por la mano de los hombres blancos fundadores de la patria. Era justo ahí, en esas letras rocosas, donde había que remodelar las leyes.
RBG como icono popular
De esta forma abogó por las mujeres y se convirtió en el icono popular RBG, tanto, que contribuyó decisivamente a la modernización de la sociedad; es decir, la lucha por una minoría civil abrió las puertas a que la sociedad entendiera que debe existir un concepto de igualdad para la representación de los individuos que conforman su nación, su territorio. Entender que la mujer es un ser social, como el hombre, y que el mejoramiento e igualamiento en las condiciones para su desempeño como individuo, en las esferas de lo público y lo privado, hace que la sociedad mejore y se modernice en su concepción como ente colectivo.
Ruth se dedicó a esta labor casi cincuenta años y lentamente vio sus frutos. Para nosotros hoy es inconcebible pensar una sociedad liberal que no predique y accione las leyes bajo los presupuestos que Ruth dejó.
Un legado de exigencia máxima
Las leyes, la familia, la opinión pública, el cáncer, el mundo contundente de Ruth, el peso profundo de su vida y su trabajo siempre la llevaron a límites sociales e intelectuales de exigencia máxima. Será difícil encontrar una persona con tan alto nivel moral y de compromiso con una sociedad a la que le cuesta mucho entender qué es una sociedad. No obstante, Ruth estuvo ahí para guiarla y decirle como su madre, Celia, le decía a ella: “Sé una dama, sé independiente”.

Jueza Ruth Bader Ginsburg, 1994. Fotografía de Nancy Lee Katz. Legado de Nancy Lee Katz; 2022. Library of Congress LC-DIG-ppss-01428.
La trayectoria profesional de Joan Ruth Bader Ginsburg no
es solo impresionante, sino también de un nivel ético y social muy alto, tanto en lo personal como en su rol de figura pública.
Sergio Henao López es historiador por la Escuela Nacional de Antropología e Historia, maestro en Historia por la Universidad Iberoamericana donde actualmente realiza estudios de posdoctorado en la misma disciplina. Se interesa en la historia cultural, la historia de las ideas, la de la vida cotidiana y la escritura de la teoría de la intimidad.








