POLÍTICA Y ENERGÍA: UNA CUESTIÓN DE TIEMPO

Jamie North, Worlds (installation view) [Mundos (vista de instalación)], 2019. Fotografía © Ashley Barber. Cortesía del artista y Sarah Cottier Gallery, Sídney.

por Ángel Valencia

UNO DE LOS DEBATES POLÍTICOS MÁS SIGNIFICATIVOS DE NUESTRO TIEMPO ES EL DEL MEDIO AMBIENTE Y EL CAMBIO CLIMÁTICO. EN ESTE CONTEXTO, A NIVEL GLOBAL HAN SURGIDO UNA SERIE DE MOVIMIENTOS, IDEOLOGÍAS Y PROYECTOS POLÍTICOS QUE BUSCAN TRANSFORMAR LA MANERA EN QUE DISCUTIMOS Y ENFRENTAMOS UNO DE LOS MAYORES RETOS DE LA HUMANIDAD.

Si hay algo claro en nuestro tiempo es que el siglo XXI será verde o no será. El cambio climático plantea una disyuntiva para la que será necesaria una relación diferente entre la política y la energía. Se presentan dos cuestiones interesantes, por un lado, cuál será el papel del ecologismo actual en este debate y, por otro, cómo podemos situarlo dentro de la política medioambiental actual.

Lo que ha cambiado es la relación entre política y medio ambiente gracias, entre otras cosas, a la transformación que han experimentado la teoría y la práctica política del ecologismo, así como la política verde. El ecologismo político contemporáneo es un fenómeno proteico con perfiles originales. En primer lugar, es la ideología política que mejor expresa la relación actual entre política y medio ambiente; en segundo, la teoría política verde es una teoría propia, que tiene una relación más cercana a la acción política y a los problemas medioambientales concretos; en tercer lugar, es también una estrategia política dual, en la que conviven movimientos y partidos ecologistas, dentro de una divisoria compleja, y, finalmente, la globalización del medio ambiente que está exigiendo un tratamiento político distinto de problemas globales como el cambio climático mediante una gobernanza más compleja.

De algún modo, el ecologismo se enfrenta a un reto distinto que cuando surgió como movimiento social a finales de los sesenta: ahora no se trata de conquistar un espacio político para el medio ambiente. El reto actual es, con una teoría política verde sólida y un espacio político consolidado, cómo llegar a construir una sociedad sostenible por medio de políticas que deben implicar una transformación social y económica profunda en un contexto en el que la consecución de este modelo de sociedad ha dejado de ser patrimonio exclusivo del ecologismo político.

La teoría política, la política verde y el ecologismo político como ideología han experimentado una transformación hacia las cuestiones ecológicas y debates más próximos a las preocupaciones políticas prácticas. La política ecologista se ha moderado y una buena parte del ecologismo político ha preferido trabajar desde las instituciones y sobre problemas medioambientales concretos. El ecologismo ha dejado de ser el vector único del espacio político verde, aunque con una política pragmática y alejada del radicalismo, enfocada en los problemas concretos como bazas interesantes para el presente y el futuro.

Sin embargo, al igual que el ecologismo, nos damos cuenta que la energía es sólo una parte de la solución del problema climático. Así, sabemos por datos de este 2021 que para limitar la temperatura a un aumento de 1,5 ºC se necesita una reducción del 45% de las emisiones de gases de efecto invernadero de aquí a 2030 para evitar un calentamiento catastrófico, pero la ambición actual de los países sólo alcanzará para disminuirlas un 1%. Los expertos de las Naciones Unidas en cambio climático piden una acción inmediata y planes específicos para abordar la emergencia, especialmente de los mayores emisores, como Estados Unidos. Desde este punto de vista, lo importante es usar menos el automóvil particular, promover el transporte público o la bicicleta, además de fabricar coches menos contaminantes e invertir en tecnologías renovables.

 

Lo que ha cambiado es la relación entre política y medio ambiente gracias, entre otras cosas, a la transformación que han experimentado la teoría y la práctica política del ecologismo, así como la política verde.

 

Jamie North, Biome No.6 (Bioma no. 6), 2019. Fotografía © Jamie North. Cortesía del artista e Informality Gallery, Londres.

Si hay algo claro en nuestro tiempo es que el siglo XXI será verde o no será.

 

Jamie North, Slag Study No. 2 (Estudio de deshecho no. 2), 2019. Fotografía © Jamie North. Cortesía del artista y Sarah Cottier Gallery, Sídney. Exhibido en Slag Studies 2019, Gertrude Contemporary, Melbourne.

Jamie North, Worlds (installation view) [Mundos (vista de instalación)], 2019. Fotografía © Ashley Barber. Cortesía del artista y Sarah Cottier Gallery, Sídney.

De hecho, hace algún tiempo oímos voces con planes mucho más ambiciosos para la lucha contra el cambio climático. La idea estrella es El Green New Deal (o «Nuevo Acuerdo Verde»), que tuvo su momento dulce en la política estadounidense gracias a la presentación de Alexandria Ocasio-Cortez en febrero de 2019. El GND norteamericano es muy ambicioso: pretende cambiar radicalmente la economía estadounidense para luchar contra el cambio climático y la desigualdad, además de mantener el empleo. En lo que respecta a la lucha contra el cambio climático, el GND pretende descarbonizar la economía estadounidense en diez años, para así conseguir que el segundo país con mayores emisiones de gas efecto invernadero —sólo detrás de China— tenga un nivel neto cero de emisiones. Esa revolución pasa por apostar por energías renovables, transitar a métodos de transporte limpios y adaptar la industria, la agricultura y la construcción a los nuevos criterios de consumo. Muchos cambios en muy poco tiempo, que necesitan mucho dinero: una gran financiación y una subida de impuestos. Se trata de una buena idea, a la que le falta concreción.

La versión europea, el llamado European Green Deal (o Pacto Verde Europeo), también surge en 2019, con la idea de eliminar las emisiones en Europa hacia 2050. El plan de inversión del Acuerdo Verde Europeo de la Comisión, prevé un presupuesto de 1 billón de euros en la próxima década, o 100.000 millones de euros por año. Se asignarían 100.000 millones de euros a un mecanismo de “transición justa” para ayudar a capacitar a los trabajadores que pierden empleos en sectores de transición, como minas y fábricas de acero. Además, establece 50 acciones organizadas en siete líneas prioritarias. Entre ellas, destaca la energía limpia (como la actual energía en uso supone 75% de las emisiones de efecto invernadero, la UE apuesta descarbonizar el sector con la modernización de infraestructuras para la eficiencia energética e incentivar el uso de la energía ecológica).

En ambos casos, se trata de políticas que pretenden luchar contra el cambio climático y transitar hacia una economía verde que nos permita también salir de la crisis económica. En todo ello hay una cuestión de tiempo. La tarea parece difícil pero parece que caminamos en buena dirección. 

Jamie North, Impacted Sphere No.1 (Esfera impactada no. 1), 2019. Fotografía © Ashley Barber. Cortesía del artista y Sarah Cottier Gallery, Sídney.

Jamie North es un artista con base en Sídney, cuya obra opera en la intersección de lo natural y lo humano. En sus esculturas emplea especies de plantas nativas de Australia para buscar líneas de crecimiento naturales y explorar el paisaje de la obra. En esta exploración, que termina por crear formas escultóricas vivas y en continua evolución, North ofrece reflexiones profundas sobre las implicaciones políticas de esta conexión e inspira a repensar la relación entre conceptos aparentemente dicotómicos como lo natural y lo industrial o lo orgánico y lo inorgánico. www.jamienorth.com

Ángel Valencia es catedrático de ciencia política en la Universidad de Málaga.

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