MAKOTO AZUMA: LA BELLEZA DE LO IMPERMANENTE

Azuma Makoto, Frozen Flowers (Flores congeladas), 2021. ©︎ Shiinoki/AMKK.

por Mariana Pérez

LA OBRA DEL ARTISTA JAPONÉS MAKOTO AZUMA TRASLADA LA BELLEZA Y SABIDURÍA DE LAS FLORES A ESCENARIOS INADECUADOS O ESTÉRILES PARA HACER EVIDENTE LA POTENCIA DE LA TRANSITORIEDAD Y LA IMPERFECCIÓN, ADEMÁS DE ELOGIAR SU CAPACIDAD DE CONDENSAR LA VIDA EN UN SOLO MOMENTO.

Hay encuentros fortuitos que nos cambian la vida. Así ocurrió con Makoto Azuma (Fukuoka, 1976), que recién llegado a la ciudad de Tokio en 1997 para probar suerte en la música con su banda de punk rock, consiguió un trabajo en Ota Market, el mercado de flores y productos agrícolas más grande de Japón. No imaginaba que, a partir de ese momento, su vida y la de las flores estarían entrelazadas. Más de dos décadas después, es uno de los artistas florales con mayor reconocimiento internacional, pionero en el género de la “escultura botánica”. Propietario de la florería de lujo Jardins des Fleurs y fundador del grupo de estudio de flores y plantas Azuma Makoto Kaju Kenkyusho (AMKK), sus creaciones transitan por el terreno del arte contemporáneo, la ciencia, el diseño y la moda —cuenta entre sus clientes a Dior, Swarovski, Fendi, Hermès y Bvlgari—. Ya sea que se trate de un arreglo floral, un objeto escultórico, un performance o una instalación, un único objetivo enlaza sus proyectos: revelar aspectos escondidos de la belleza de las flores desde perspectivas inusitadas.

Entre las obras de Azuma que más revuelo han causado, se encuentra Exobiotanica (2014), en la que lanzó un bouquet floral y un bonsái hacia la estratosfera con la ayuda de enormes globos de helio especialmente equipados. Las cautivantes imágenes muestran a los ejemplares botánicos suspendidos en un vuelo a 30 mil metros de altura, con la tierra como canvas. Pero más allá de la proeza técnica y la espectacularidad de la hazaña, lo que resulta definitorio es el interés por resaltar la belleza de las plantas en escenarios poco convencionales, generando composiciones paradójicas de gran potencial poético. Ésta es la premisa de la serie In Bloom, de la que Exobiotanica fue sólo la primera entrega. En Sephirothic Flower: diving into the unknown (2017) el bonsái ya no viajó al espacio sino a la profundidad del mar, mil metros bajo la superficie y en Frozen Flowers (2018), las flores fueron trasladadas a una gélida península japonesa. En una tónica similar, en el proyecto Shiki un bonsái suspendido en medio de un cubo de acero, fue fotografiado durante diez años en los lugares más peculiares del planeta —un géiser, un glaciar, una duna de arena o una cascada—. Al trasladar la vida a escenarios en los que normalmente no podría desarrollarse, los contrastes generan lo que Azuma llama “una fricción” de un innegable atractivo estético.

Las creaciones experimentales de Azuma han rebasado todos los límites de la floristería convencional, pero aunque sus métodos y resultados sean vanguardistas, su concepción espiritual de la naturaleza se ancla con fuerza en las milenarias tradiciones de su país. Criado en una sociedad que durante siglos hizo de la botánica una musa en su tradición artística, y en la que el arte del arreglo floral conocido como ikebana es considerado una forma de meditación, Azuma reconoce que hay una sensibilidad particular en la forma en la que los japoneses se relacionan con la naturaleza. Y si hay un concepto estético que atraviesa todo su corpus creativo, es el de wabi-sabi: la belleza de la transitoriedad e imperfección de las cosas. “Creo que el arte de las flores significa capturar su belleza momentánea. El ciclo de vida de las flores es mucho más corto que el de los seres humanos […] por lo tanto, cada momento está más condensado desde que brotan, florecen y decaen, y hace que su belleza se destaque aún más”, comenta el artista. Una y otra vez, Azuma enfatiza lo breve que es el ciclo de vida de las flores y nos invita a apreciar la belleza de cada instante y etapa de su vida.

En Drop Time (2011) los arreglos florales más variados son capturados en el momento de su plenitud, pero también en el de su descomposición. Paralelamente, en Box Flowers (2015) un enorme cubo de flores de colores vibrantes, es fotografiado hasta que se deshace y no queda sino un lejano testimonio de la vida que contuvo. Incluso Iced Flowers (2016), arreglos de flores encapsulados en un bloque de hielo, contempla el momento en el que el hielo se derrite y las flores terminan marchitas en el piso.

Para una sociedad tan presta a desechar todo lo que se marchita y tan obstinada en borrar los estragos del tiempo y evadir el pensamiento de su propia muerte, hay en el arte de Makoto Azuma una lección invaluable: la de aceptar la vida con todas sus contrariedades y aún con plena conciencia de su finitud, perseguir incansablemente su belleza.

Y si hay un concepto estético que atraviesa todo su corpus creativo, es el de wabi-sabi: la belleza de la transitoriedad e imperfección de las cosas.

Azuma Makoto, Frozen Flowers (Flores congeladas), 2021. ©︎ Shiinoki/AMKK.

Al trasladar la vida a escenarios en los que normalmente no podría desarrollarse, los contrastes generan lo que Azuma llama ‘una fricción’ de un innegable atractivo estético.

Azuma Makoto, Frozen Flowers (Flores congeladas), 2021. ©︎ Shiinoki/AMKK.

Azuma Makoto, Iced Flowers (Flores heladas), 2016. ©︎ Shiinoki/AMKK.

Azuma Makoto, Sephirothic Flower: diving into the unknown (Flor sefirótica: sumergirse en lo desconocido), 2017. ©︎ Shiinoki/AMKK.

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Mariana Pérez es historiadora del arte. Trabaja en proyectos editoriales y de educación artística y cultural.

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