LA JOYA DE SINGAPUR

Safdie Architects, Jewel Changi Airport. Fotografía de Timothy Hursley. © Timothy Hursley.

por Iam

LA NUEVA TERMINAL DEL AEROPUERTO JEWEL CHANGI DE SINGAPUR, DISEÑADA POR EL ARQUITECTO ISRAELÍ-CANADIENSE MOSHE SAFDIE, ES UN EDIFICIO CONSTRUIDO CON LA SABIDURÍA DE LA NATURALEZA Y LA INNOVACIÓN TÉCNICA. CON SU POÉTICA Y TECNOLOGÍA INSPIRA LOS ESFUERZOS POR HACER UN USO ENERGÉTICO RESPONSABLE.

Safdie Architects, Jewel Changi Airport. Fotografía de Timothy Hursley. © Timothy Hursley.

La cascada interior está rodeada de un jardín tropical que contiene más de 200 especies de palmeras, helechos y flores tropicales de todo el mundo, llamado el ‘Bosque del Valle de Shiseido.

Safdie Architects, Jewel Changi Airport. Fotografía de Timothy Hursley. © Timothy Hursley.

Es difícil describir qué es “La Joya” de Singapur. Habría que imaginar el Jardín del Edén aclimatado como centro comercial, en una nave espacial. Ubicada en el centro del aeropuerto Changi, La Joya es un complejo de alrededor de 150 mil m2 que alberga comercios, hotel, restaurante y otras comodidades para viajeros bajo un domo de cristal elíptico. Sin embargo, las dos atracciones que alberga son el motivo por el que este espacio se ha convertido en una de las nuevas maravillas arquitectónicas del siglo XXI. Como un sueño salido de una versión cyberpunk de Las Mil y una Noches, el domo de cristal se curva hacia adentro y forma un óculo de nueve metros de diámetro del que brota una cascada circular de 40 metros, llamada el “vórtice de lluvia”. La cascada interior está rodeada de un jardín tropical que contiene más de 200 especies de palmeras, helechos y flores tropicales de todo el mundo, llamado el “Bosque del Valle de Shiseido”.

En 2014, cuando se anunció el concurso, se buscó duplicar la capacidad del aeropuerto de 65 a 130 millones de pasajeros al año. El arquitecto Moshe Safdie, que ya tenía experiencia diseñando espacios aeroportuarios en Israel y Canadá, sabía que debía proyectar, más que un duty free glorificado, la puerta de entrada al país y un nodo en la red global por la que transitan casi cinco mil millones de personas al año. Safdie, famoso por sus visiones imaginativas,¹ buscaba que la experiencia fuera tan sorpresiva como inédita. La inspiración para La Joya, según relata, fue evocar la identidad púnica de Singapur como “una ciudad en un jardín”. Así, el jardín cubierto es un sueño tan artificioso como Singapur mismo: desde su independencia en 1965, la superficie del país ha incrementado 25% a partir de ganarle tierra al mar.

El proyecto ha probado ser todo un éxito, hasta catapultarse al estatus de icono global.² Apenas a seis meses de su inauguración en 2019, el proyecto ya había sido visitado por más de 50 millones de personas. Hoy en día, es admirado por 100 millones de visitantes al año.

La Joya es el miembro más joven de una familia cuyo linaje se remonta a principios del siglo XIX cuando el botanista inglés John Claudius Loudon inventó el invernadero moderno. Unos años después siguió el casi etéreo palacio de cristal de Joseph Paxton; los domos geodésicos de Richard Buckminster Fuller y el ambicioso experimento de ecologías cerradas, el complejo conocido como Biósfera-2. Sin embargo, el simulacro de La Joya no busca desdibujar la línea entre lo natural y lo artificial sino celebrar la artificialidad de lo natural con una especie de sublimación biotecnológica.

Al igual que todos sus ancestros, La Joya es posible gracias a la innovación técnica. La forma toroidal de la estructura le confiere cierta resistencia estructural inherente, aunque la colocación ligeramente descentrada de la cascada provoca que la cúpula de cristal tenga una forma irregular. Esta falta de simetría obligó a fabricar más de 9 mil paneles triangulares de vidrio de doble acristalamiento. Además, cada uno debía incorporar una cámara de aire de 16 milímetros para aislar el ruido de los aviones. Para manejar esta intrincada logística, Safdie y su equipo desarrollaron un programa sofisticado de más de 50 mil piezas, entre paneles de vidrio, vigas y nodos de acero sólido, con formas únicas, fabricadas por robots. Una vez fabricados, se etiquetaron con códigos de barras que indicaban dónde debían instalarse en la cúpula, se colocaron en contenedores y se enviaron a Singapur.

Pero los retos de ingeniería no se limitaron al diseño de la estructura. Este edén bonsái no hubiera sido posible sin el tipo especial de vidrio empleado. Cualquier otro material hubiera sido demasiado pesado o hubiera dejado pasar mucha luz, lo que hubiera complicado mantener tanto el confort térmico de los visitantes como los requerimientos ambientales del jardín que crece en su interior.

El desempeño energético de La Joya, que pareciera violar las leyes de la termodinámica, se debe al vidrio Solarban 70. La magia de este material radica en su capacidad para dejar pasar la luz solar al mismo tiempo que evita acumular calor. Este logro permite mantener unas condiciones adecuadas, tanto para las plantas como para los visitantes, sin abusar de la energía.

A mediados del siglo XIX, el economista William Jevons advertía a Inglaterra sobre el riesgo de despilfarrar sus reservas energéticas de carbón. Al mismo tiempo observaba que el imperio no habría alcanzado tal grandeza sin un despilfarre energético. En tiempos de austeridad ecológica, La Joya recuerda que el encanto va de la mano del exceso y una vida sin encanto no es vida. 

Safdie Architects, Jewel Changi Airport. Fotografía de Jino Lee. © Changi Airport Group.

Safdie Architects, Jewel Changi Airport. Fotografía de Timothy Hursley. © Timothy Hursley.

Este logro permite mantener unas condiciones adecuadas, tanto para las plantas como para los visitantes, sin abusar de la energía.

iam es un colectivo de individuos interesados en la arquitectura y el diseño que conducen actividades profesionales y académicas en México y los Estados Unidos.

1. El debut arquitectónico de Safdie fue Habitat 67 en Montreal, una aglomeración de unidades residenciales que semejan un muégano de pixeles, algo así como una kasbah en tres dimensiones.

2. De hecho, el trabajo de Safdie en Singapur, que incluye el desarrollo de Marina Bay Sands con su masivamente instagrameable alberca voladora y el Museo de Arte y Ciencias que semeja una estrella de mar gigante en éxtasis, no ha hecho más que crear hitos monumentales.

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