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ENTREVISTA A ANA FERNANDA SEGOVIANO. SUBASTA DE ARTE LATINOAMERICANO. MORTON SUBASTAS

por Melissa Mota

DESDE HACE CATORCE AÑOS MORTON SUBASTAS HA LLEVADO A CABO SEMESTRALMENTE LA SUBASTA DE ARTE LATINOAMERICANO, CON LA QUE SE BUSCA DAR VISIBILIDAD AL ARTE DE AMÉRICA LATINA, DESCUBRIR OBRAS QUE SE HAN MANTENIDO EN COLECCIONES PRIVADAS POR DÉCADAS Y FORTALECER EL MERCADO DE LA REGIÓN.

La 14a edición de la Subasta de Arte Latinoamericano de Morton tuvo lugar el pasado jueves 30 de mayo en el Salón Candiles del Club Naval Norte. Se presentaron 140 lotes de arte moderno y contemporáneo integrados por obras de artistas de la talla de David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco, Miguel Covarrubias, Gunther Gerzso, Raúl Anguiano, Jorge González Camarena, Saturnino Herrán, Roberto Montenegro, Julio Galán, Jan Hendrix, Pedro Friedeberg y Gabriel Orozco, entre otros. 

Tuvimos la oportunidad de conversar con Ana Fernanda Segoviano, especialista del departamento de Arte Moderno y Contemporáneo, sobre las diferentes obras subastadas, así como la situación del mercado del arte latinoamericano en la actualidad. 

En 1949, el año en el que el INBA organizó la exposición homenaje por los 50 años de trayectoria de Diego Rivera, el artista pintó Dama oaxaqueña, ¿nos puede platicar sobre la etapa de retratista en caballete de Rivera y la relevancia de esta pieza?
A pesar de que Diego Rivera es más conocido en México por el muralismo, tuvo una etapa de caballete; pintó interiores, algunos paisajes y retratos. Este periodo fue muy prolífico, hacía por encargo, pero también sólo como un ejercicio pictórico. Pintó a muchas damas de sociedad y a mujeres famosas, como a María Félix y Silvia Pinal, en la casa estudio construida por Juan O’Gorman. 

A doña Evangelina Rivas de la Chica la retrató dos veces, la primera es una pintura más tradicional, en un vestido negro. La pintura que nosotros tenemos el honor de tener en subasta es un retrato de ella portando un vestido tradicional oaxaqueño y un rebozo en rosa mexicano. Estos colores fuertes son muy característicos de los retratos de Rivera, así como los rasgos de las mujeres con mucha personalidad, mucha fuerza y muy sensuales. En este caso retrata a una mujer con un rostro un tanto duro, pero cuyos grandes ojos denotan un poco de dulzura. Era una madre de familia muy destacada en la sociedad oaxaqueña de ese entonces. 

A pesar de lo que muchas personas podrían decir sobre cómo manejó su relación con las mujeres, creo que Rivera también intentó realzar la personalidad fuerte de la mujer mexicana de esa época. Cuando las mujeres no tenían mucha presencia en la sociedad, Rivera las retrataba con carácter, decididas y sobresalientes. 

¿Cuál considera que es la situación actual del mercado latinoamericano a nivel internacional?
Creo que va al alza. El mercado internacional está dominado por casas de subastas monstruosas que manejan piezas de muchos millones de dólares, lo que impide que exista un equilibrio competitivo, pero me parece que, en general, de unos años para acá, sobre todo cuando se empezaron a especializar las subastas de arte latinoamericano, aumentó mucho la demanda de estas piezas. 

El mercado latinoamericano, o por lo menos el mexicano, se veía como algo exótico. Me parece que, tanto por esta especialización, como por el hecho de hablar del arte latinoamericano desde Latinoamérica, le ha dado mayor fuerza y ha ayudado a solidificar la forma en que se le ve a comparación de muchos artistas modernos contemporáneos europeos o de Estados Unidos. En estos últimos años han crecido mucho los precios de los artistas, tenemos ventas récord precisamente con Diego Rivera o Frida Kahlo, y los artistas más destacados a nivel nacional han tenido ventas impresionantes que están a la par de artistas, como Modigliani o Basquiat. Los precios se van nivelando un poquito más y me parece que eso ayuda a que todos los demás artistas latinoamericanos tengan también un poco más de espacio en el mercado. 

En los 37 años de existencia de Morton Subastas, ¿qué cambios han percibido en el coleccionismo de nuestro país?, ¿se ha ampliado el mercado de arte latinoamericano?
Sí, se ha diversificado mucho, pero también el arte lo ha hecho. A lo mejor hace 14 años, cuando empezó la subasta de Arte Latinoamericano, no había tanta apertura y estaban los que tenían más récords, los mismos que se conocían en todos lados y que se movían más o menos de la misma manera. 

Eso respondía a que las piezas estuvieran en otros países o que los coleccionistas fueran extranjeros. En ese momento no había tantas regulaciones como ahora, sobre todo para los artistas que son de patrimonio. Coleccionistas estadounidenses y europeos compraban obras a los artistas en vida porque se podían sacar las piezas del país o también estaba la promoción uno a uno, en donde los artistas viajaban por estudio o porque tenían exposición fuera y promovían sus obras allá. 

Ahora todo se hace mediante las instituciones y al final se vuelve algo más regulado. Quizá es un poco presuntuoso decir que Morton lo ha hecho, pero la verdad es que creo que sí es un referente en el mercado de subastas en México, al promover obras de artistas latinoamericanos y, sobre todo mexicanos, para que se muevan de colección en colección aquí y que no sea necesario que se saquen. Obviamente cuando hay alguna compra internacional también tiene muchísimo mérito porque nos dice que los coleccionistas están volteando a ver el mercado mexicano y el latinoamericano. 

Creo que el mercado en general ha cambiado con casas de subasta como la de nosotros, porque se deja un poco atrás el mito de que comprar una obra de arte es para millonarios, es algo que puede estar al alcance de todos, que se puede adaptar a muchos presupuestos. Esta subasta es particular porque tiene un perfil un poco más alto de las obras que tenemos, tanto en precio como nombres de artistas, pero generalmente las obras pueden estar al alcance de todos y hay gustos para todo. 

¿Qué rol desempeña la Ciudad de México y, específicamente Morton Subastas, en el mercado del arte de América Latina?
Como sabemos, en México está centralizado todo, pero hemos intentado expandirnos un poquito, recientemente inauguramos las sedes en Monterrey y Guadalajara que, si bien no son espacios de subasta, se reciben las obras, se firman los contratos de consignación y las piezas se mandan a la Ciudad de México para ser subastadas. Estamos intentando expandirnos, creo que al final el mercado del arte latinoamericano va a tener un poco más de auge o de eco en gente que vive lo que viven los artistas, con los que se sienten identificados, más cercanos y más en casa al momento de comprar, a diferencia quizá de un artista europeo que vive y produce de otra manera. 

Creo que se han abierto muchísimo los espacios para promover a artistas latinoamericanos, tanto hacia afuera, del lado internacional, como hacia adentro, y es natural que los mexicanos o los latinoamericanos busquen obra de Latinoamérica en Latinoamérica. Eso también ha ayudado que a nivel internacional se vea diferente. 

¿Cuáles son las principales diferencias entre el perfil del coleccionismo del mercado del arte moderno y el perfil del arte contemporáneo?, ¿a qué criterios obedece su compra en ambos casos?
Creo que, en general, para el mercado mexicano o, por lo menos para el que conocemos aquí en Morton, sí se perfilan un poco más para el arte moderno, pero también creo que todo el sistema artístico en México está dirigido a esa etapa. Obviamente hay una infinidad de opciones para escoger y cada vez hay más obras que no solamente se van hacia las artes plásticas, sino que hay instalación, hay registro o videoperformance, pero creo que el mercado o la educación de un espectador de arte promedio sí se enfoca más en el arte moderno. Creo que hemos ido arrastrando un poco este bloque gigante de los muralistas, que claro que tienen una obra increíble y que son muy importantes para la historia del arte en México, sin embargo, siento que hemos dejado de lado a artistas que han seguido produciendo y que han hecho cosas de alcance también internacional, como la Generación de la Ruptura, la Postruptura, el Neomexicanismo. Esto también lo arrastra el arte contemporáneo y no le hemos dado el espacio suficiente. En estos espacios un poco más tradicionales, a diferencia de las ferias de arte, se busca que haya un poco más de apertura en los compradores que están acostumbrados a comprar en subastas, a revisar los catálogos y a venir a las exposiciones. 

Obras como Paisaje de José Clemente Orozco, Mujer con máscara de Rufino Tamayo, Estación rastreadora No. 3 de Gunther Gerzso o El mercado de Miguel Covarrubias, tienen una procedencia de colecciones privadas o casas de subasta en Estados Unidos. ¿Qué papel ha jugado Morton Subastas en la recuperación de obras modernas mexicanas en colecciones extranjeras?
Más bien no es una recuperación porque, al fomentar que las obras se compren, no queremos impulsar que sólo se queden en el mercado mexicano. Creo que el que también puedan saltar a una colección internacional habla mucho de la importancia que tiene el arte latinoamericano en general, pero sí creo que es más bien cómo se ha formalizado el mercado de subastas que, al final, es el único que tiene los resultados públicos. El mercado en México se ha hecho más sólido y más confiable para los coleccionistas internacionales que saben que se pueden vender las piezas acá, y no solamente de artistas mexicanos. De repente es complicado con artistas europeos o estadounidenses porque tienen un mercado ya muy establecido en sus países o en estas grandes casas de subasta internacionales, pero es claro que los artistas del continente o nacionales se están vendiendo mucho mejor o pueden tener una mayor apertura de posibilidades de coleccionismo aquí. 

En el caso del arte contemporáneo, ¿generalmente cuál es su procedencia y los criterios de selección?, ¿existe una preferencia, por ejemplo, por las artes plásticas o también se pueden llegar a incluir otros soportes como la instalación o el video?
Se han llegado a incluir, pero desafortunadamente creo que todavía no contamos con el público específico o con el público acostumbrado a comprar ese tipo de medios. El público cautivo que tenemos compra medios tradicionales, incluso, como ejemplo, entre pintura y escultura, lo que más se vende siempre es la pintura. Creo que eso tiene que ir cambiando, al final hay muchísimos otros medios igual de valiosos e importantes y pienso que sí se puede tener una apertura a eso. 

De lo que hemos observado y, sobre todo, en esta subasta que tiene el perfil de una generación mayor que vienen a comprar, se inclina un poco más por la pintura y la escultura. Como respondemos al mercado por medio de la consignación, al final eso se vuelve un criterio de selección y tenemos que sustentar que la pieza puede generar una buena expectativa.

La gran mayoría de los artistas contemporáneos incluidos en la subasta son de una generación nacida en los años 50 o 60, ya con un currículum importante, ¿qué tan viable es incluir a artistas jóvenes con una carrera mediana?
No por ser un artista joven o emergente se excluye. Se trata también de poder apoyar a los artistas que tienen un buen currículum académico a que puedan vender sus obras y puedan empezar a establecer estos registros y récords para que también ellos tengan un estándar de cómo vender sus piezas. Muchas veces ya vienen aconsejados y representados por galerías que los conocen bien y que negocian los precios, porque no es lo mismo un mercado de uno a uno, como en una galería o directo con el artista, a un mercado como el nuestro, que al final es de segunda mano. Sí se ha buscado impulsar a ese tipo de artistas, no en todas las subastas, no todas tienen el mismo perfil. En ésta, en específico, buscamos artistas consagrados o cuya temática se acerque a la naturaleza del arte latinoamericano, pero tenemos otros espacios en los que se pueden incluir. 

[…] muchos apasionados del arte y gente que trabaja en el medio usa nuestros catálogos como referentes, sobre todo porque los resultados y las investigaciones son públicos, pero también porque se hace un trabajo de mucha calidad.

Creo que el mercado en general ha cambiado con casas de subasta como la de nosotros, porque se deja un poco atrás el mito de que comprar una obra de arte es para millonarios, es algo que puede estar al alcance de todos […].

¿Me podría platicar sobre el lote de arte contemporáneo de Estampas, Independencia y Revolución y la pintura sin título de Gabriel Orozco?
La carpeta de Estampas, Independencia y Revolución fue un proyecto que hizo el Museo Nacional de la Estampa en 2010, junto con varios talleres de gráfica, para conmemorar el bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución, en el marco de las actividades que se realizaron para conmemorar estos sucesos históricos.

Se juntaron muchos talleres de grabado, como la Ceiba o el Museo José Guadalupe Posada, que le produjeron obra a un promedio de 50 artistas. La carpeta completa se integra de 51 obras gráficas y una escultura de Leonora Carrington. La respuesta de algunos artistas fue desde una parte muy política y otros apolítica, centrándose en cuestiones más personales o de técnica, pienso, por ejemplo, en Francisco Castro Leñero. Todos los artistas lograron plasmar su sentir y su visión de México en una obra gráfica. Se produjeron 100 carpetas y la encargada de repartirla fue la Secretaría de Relaciones Exteriores para regalarla a embajadores y a cónsules. Hasta ahora no habíamos tenido una carpeta completa, la verdad es un momento único, y seguramente la única en la que estén todas las gráficas. 

La obra de Gabriel Orozco es una pieza de los noventa muy atípica, muy diferente de lo que conocemos de él. Es de la primera parte de su producción, hemos tenido obra muy parecida del artista, más abstracta, con texturas y colores muy ocres o pardos, más alejado de lo conceptual. Lo particular de esta obra es que es de un gran artista contemporáneo, muy conocido, pero no es una obra que podamos reconocer de un primer vistazo. Habla mucho de su bagaje, de lo primero que hizo cuando se empezó a consolidar como artista, antes de sus obras tan polémicas. 

Con los artistas contemporáneos, ¿tienen alguna traba por parte de las galerías que los representan o trabajan en conjunto con ellas?
En general no, tratamos siempre de tener una buena relación con las galerías. Muchas veces no todas están dispuestas a colaborar, porque al final los precios que nosotros manejamos son muy diferentes a los de ellas. Sin embargo, en general, hemos tenido una buena relación, incluso nos ayudan a verificar las obras de los artistas o, en ocasiones, nos apoyan si no vienen los certificados, si no sabemos la procedencia, si no contamos con el expertise para saber de qué época son o si la firma corresponde al artista. 

La investigación de las obras es una parte fundamental de las casas de subasta, en este sentido, ¿cómo ha ayudado Morton en la generación de información relevante para la historia del arte mexicano?
Claro, sí, y es un ejercicio complicado, muy diferente al de un museo, porque todo se busca con tiempo, las piezas responden a la investigación y no al revés. Aquí, al recibir obras a consignación, no sabemos qué nos va a llegar, aunque a veces provienen de negociaciones que tardan meses, en general, una subasta se arma con dos o tres meses de anticipación. El proceso empieza en el momento en que se consignan las piezas y se tiene contacto con el coleccionista, hasta que llega la obra, se investiga, la revisa la catalogadora de pies a cabeza y se comienza a buscar en libros, si está publicada, si estuvo exhibida, de qué año es o si tiene detalles de conservación. Ese tipo de cosas se tienen que hacer muy rápido y, al final, afortunadamente, muchos apasionados del arte y gente que trabaja en el medio usa nuestros catálogos como referentes, sobre todo porque los resultados y las investigaciones son públicos, pero también porque se hace un trabajo de mucha calidad. 

¿Existen casos en donde la consignación sea directa con artistas contemporáneos?
Sí, hemos también hecho el esfuerzo por poner en algunos espacios a artistas contemporáneos y no sólo latinoamericanos. A veces llegan por medio de terceros, de coleccionistas de arte contemporáneo que quieren renovar la colección o circularla y que consignan ese tipo de obra, pero también, afortunadamente, se han acercado los artistas y nos han tenido la suficiente confianza para poner sus obras a consignación y que puedan circular. 

Desde su perspectiva, ¿qué hace falta para que los precios del arte latinoamericano moderno y contemporáneo alcancen las valuaciones del arte estadounidense o europeo de las mismas etapas?
Creo que no hacer tanto esa división entre lo latinoamericano. Se han hecho muchos esfuerzos y se han visto récords impresionantes de ventas, que justo van a la par de artistas como Andy Warhol o Jean-Michel Basquiat. Hace unas semanas Leonora Carrington alcanzó el récord de 28 millones de dólares en una subasta, situación sin precedentes y que la hace estar a la par de artistas internacionales de su generación. Lo mismo sucede con Diego Rivera, Frida Kahlo o Miguel Covarrubias. Poco a poco han ido teniendo la misma importancia y auge que artistas europeos o estadounidenses. 

Se puede ver, por ejemplo, en las ferias que cada vez los artistas latinoamericanos tienen mejores récords en Estados Unidos, en Art Basel o en Asia, al mismo nivel de artistas europeos. En general, creo que sí ha crecido mucho, aunque hay muchas características que se tienen que dar para que se puedan igualar esos precios, porque el arte latinoamericano, o por lo menos el mexicano, ha estado un poco más rezagado. No obstante, cada vez se nota más cómo el mercado valora a los artistas latinoamericanos a nivel internacional, no nada más como un producto exótico, sino con la misma calidad que los de la vanguardia o los artistas contemporáneos estadounidenses, y eso es positivo y alienta mucho para poder llegar a esos precios y para que la gente pueda voltear a ver y saber que aquí en México hay una buena base para la consignación de obra de subasta. 

Muchas gracias.

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