EL SUEÑO COMO TERRENO DEL APRENDIZAJE Y LA CREATIVIDAD, ¿FANTASÍA, SCI-FI O REALIDAD?

Todas las imágenes: Hans Op de Beeck, My bed a raft, the room the sea, and then I laughed some gloom in me (Mi cama una balsa, la habitación el mar, y luego me reí un poco de la oscuridad en mí), 2019. Cortesía de Studio Hans Op de Beeck.

por Maria Baeta
imágenes de Hans Op de Beeck

DESDE HACE VARIAS DÉCADAS, EL ÁMBITO DE LA TECNOLOGÍA HA DESARROLLADO DIFERENTES EXPERIMENTOS Y DISPOSITIVOS CON LA INTENCIÓN DE DIRIGIR O INTRODUCIR IDEAS EN LA MENTE DE QUIENES DUERMEN. CON ESTO, SE ESBOZA LO QUE PARECE EL INICIO DE NUEVAS FORMAS DE APRENDIZAJE.

Se dice que grandes científicos (como Nikola Tesla) y grandes artistas (como Salvador Dalí o Mary Shelley) experimentaron con los primeros estadios del sueño para llevar al límite su imaginación y aplicar eso que soñaban a sus descubrimientos u obras. Y es que, al parecer, en un estado de desgaste de energía mínimo podemos ser más propensos a recibir una nueva idea, ya sea una que está empezando a surgir en nuestra mente o una que se puede implantar ante un estímulo externo. ¿Hablamos de mito o es posible insertar ideas en nuestra mente durante el sueño?

[…] parece el inicio de algo muy interesante: la capacidad de poder manipular, de manera más o menos precisa, el sueño, con fines de aprendizaje o puramente creativos.

Más allá de fantasías, como en la película El origen de Christopher Nolan (Inception, 2010), desde los años setenta ha habido intentos de utilizar el sueño con propósitos de aprendizaje o implantación de ideas, siempre usando como intermediario la tecnología de la época. Pero aprender idiomas o convencernos de dejar de fumar por medio de cintas que se reproducían en las horas de sueño no fue más que una moda pasajera sin demasiados estudios científicos detrás; hemos tenido que entrar de pleno en el siglo XXI para considerar la tecnología como una herramienta para manipular lo que soñamos.

Así, investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) desarrollaron un dispositivo y un protocolo experimental para manipular el contenido de los sueños. Para ello hicieron uso de un dispositivo al que llamaron Dormio, que permitía realizar una “incubación dirigida de los sueños” (Targeted Dream Incubation o TDI). Este TDI es la evolución de la “incubación del sueño” que en los noventa practicó la investigadora de Harvard Deirdre Barrett,¹ quien hacía focalizar a sus sujetos en un concepto, cada día antes de acostarse, para ver si lo desarrollaban en sueños.

Esta incubación se realiza en la primera etapa del sueño, llamada hipnagogia, aquella en la que aún procesamos estímulos externos, como sonidos. Sin ser una etapa tan profunda como el sueño MOR, en ella ya se empiezan a tener sensaciones oníricas, por lo que se puede dirigir la mente del sujeto dormido en cierta forma. Sí, exactamente como cuando nos quedamos dormidos en el sofá viendo la televisión y algún diálogo de la película que se está emitiendo se introduce en un sueño… sólo que de forma mucho más controlada.

Por su parte, Dormio es mucho más que las mencionadas cintas de cassette de los setenta o el televisor del salón: cuenta con un guante cargado de sensores que se sitúan en la mano del paciente y detecta fácilmente las etapas del sueño por las que pasa. De esta forma, en la hipnagogia pasa a reproducir pistas de audio con ideas simples como “piense en un árbol”. Una vez que ha reproducido estos sonidos, Dormio la despertará brevemente para saber si aquello que le ha incitado a pensar ha aparecido en sus sueños y lo recuerda. Este proceso se repite varias veces con varias ideas.

Tras la publicación del estudio en 2020,² los primeros resultados no pueden ser más estimulantes: más de un 67% de los 49 participantes del estudio podían hablar de ese árbol que Dormio les sugirió, incluso algunos añadieron detalles creativos, como sus raíces o la forma de sus hojas. En cambio, ningún miembro del grupo control al que se monitoreó sin usar el dispositivo recordó ningún árbol en sus sueños.

Aunque Dormio es un experimento controlado con una muestra pequeña parece el inicio de algo muy interesante: la capacidad de poder manipular, de manera más o menos precisa, el sueño, con fines de aprendizaje o puramente creativos. Está claro que la predisposición de cada sujeto y sus características individuales influirán en cómo se procesan estos estímulos que llegan de una máquina, pero el concepto es prometedor.

Y, de ser factible, como en toda nueva tecnología habrá que ser conscientes de que su uso no contemple fines ilícitos como, por ejemplo, la implantación de discursos de odio. Aún es pronto… pero no hay que dormirse en los laureles.

Hans Op de Beeck es un artista belga que utiliza la instalación, la escultura, el video, el dibujo, la fotografía y el texto para reflexionar sobre las complejidades sociales y cuestiones universales de significado y mortalidad que resuenan en la experiencia del ser humano. En esta obra, Op de Beeck invita a repensar ideas dadas como la realidad, la fantasía, los sueños, desdibujando los límites para inspirar una experiencia de vida enriquecida. www.hansopdebeeck.com | Instagram @hans_op_de_beeck

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María Baeta es Licenciada en comunicación audiovisual por la Universitat Autònoma de Barcelona. Actualmente dirige el equipo editorial de Digital Preventor (empresa especializada en e-learning para trabajadores y trabajadoras) y escribe en su proyecto de divulgación cinematográfica Me va de Cine. Twitter @mariabaeta

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1. D. Barret, “The ‘Committee of Sleep’: A Study of Dream Incubation for Problem Solving” en Dreaming, vol. 3, no. 2 (1993).

2. A.H. Horowitz, T.J. Cunningham, P. Maes y R. Stickgold, “Dormio: A targeted dream incubation device” en ScienceDirect, vol. 83 (2020).

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