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CREAR EL MUNDO

Hagar Vardimon, Floating (Flotando), 2017. Cortesía de la artista.

por Abraham Godínez Aldrete

LA IMAGINACIÓN Y EL JUEGO PUEDEN SER LEÑA QUE ALIMENTA NUESTRO PODER CREATIVO, SIEMPRE QUE SEPAMOS PROYECTAR LAS ENSOÑACIONES AL TERRENO DE LA REALIDAD.

Me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar.
Julio Cortázar

No es fácil discernir entre los sueños y la realidad. Toma tiempo comprender los límites que le impone la realidad a una mente que se cree omnipotente. Hay consenso en decir que la locura consiste en un tipo de pensamiento que se desapega de la realidad. Soñar con los ojos abiertos puede ser considerado una enfermedad mental, pero poco se habla del polo opuesto: aferrarse a la realidad percibida de manera objetiva también puede entenderse como una psicopatología. La ensoñación tiene una función: constituye un espacio de descanso en el que se recrea el mundo. Nietzsche tiene razón cuando afirma que los griegos tuvieron que inventar la belleza para soportar la crueldad de la naturaleza y los movimientos de la historia. Con la conformación de la ciencia moderna el mundo onírico pierde prestigio. Con el nombre de “realismo” se establece una versión poco esperanzadora de la realidad. René Girard dice que, en la modernidad, ser realista es inclinar la mirada cada vez más hacia lo peor la balanza de lo probable: “los palacios de cristal se transforman en una visión infernal de la realidad”. Por su parte, Peter Sloterdijk apunta que la presión sobre la realidad muestra los rasgos de “una dictadura, en un ambiente de necesidades y crueldades anónimas, de la que es difícil escapar”. Las personas viven en una maquinaria absurda que se mueve al ritmo de la repetición de un cúmulo de actividades sin sentido. El ser que se identifica con el vacío es el malestar que los dogmáticos de la realidad sufren en el desierto de un mundo sin esperanza. Los denunciadores de los espejismos viven en una tierra áspera y sin posibilidad de cambio. En Realidad y juego, desde el ámbito del psicoanálisis, Donald Woods Winnicott afirma que en la ausencia de ensoñación y en la falta de una visión creativa del mundo, se impone una vida de acatamiento e impotencia. No hay nada más necesario que tener confianza en que el mundo puede recrearse; los impulsos de creación emergen de la ensoñación.

La ensoñación es inherente al arte y la esperanza a la religión, pero se distinguen de la locura porque no desembocan en la alucinación o el delirio. La creatividad está vinculada al juego y su principio conformador es la imaginación. En vez de repetir el trabajo silencioso y alienado, jugar es una actividad que crea a partir de lo incierto. Para Winnicott, la existencia humana está asociada al vivir creador y no solamente al mero vivir. La creatividad surge de la ilusión. Aunque llevamos dentro lo incierto, la tierra es bella gracias a la creación.

La creatividad convierte el horror y el absurdo de la existencia en representaciones con las que se puede vivir. El impulso creador está presente al producir una obra de arte, decorar una casa o escribir un texto, pero también en la experimentación de identidades del adolescente, en el juego de todos los niños y en el momento en que el bebé ensaya distintos tonos de su llanto. El vivir creador está asociado a la relación que el sujeto puede establecer entre la realidad y sus sueños. Si bien es cierto que la realidad siempre es diferente a aquello que se ha deseado, Winnicott llama “espacio transicional” a una zona intermedia de experiencia entre el mundo interno y la realidad exterior. Este espacio es un lugar de alivio en el que la prueba de realidad no destruye los juegos oníricos del sujeto, una creación psíquica: el mundo externo se envuelve de ilusiones apaciguadoras. La realidad se transforma en un espacio interno proyectado en un exterior recreado con cualidades inmunes; la persona habita el mundo como si estuviera en su propia casa.

El vivir creador está asociado a la relación que el sujeto puede establecer entre la realidad y sus sueños.

Hagar Vardimon, Clouds In My Coffee (Nubes en mi café). Cortesía de la artista.

La creatividad está vinculada al juego, y su principio conformador es la imaginación.

Hagar Vardimon, Going in Circles (Yendo en círculos), 2016. Cortesía de la artista.

Así como se crean nuevos mundos, el amor juega a inventarse. Amar es primero un acto de creación y confianza. El amante inventa al amado con el material de sus propias ilusiones: encuentra perfección en él, porque la belleza ya la lleva dentro. Para que el vínculo de amor pueda conservarse, es necesario que la realidad fáctica de la relación pueda servir de soporte a la ilusión. La ausencia prolongada, la distancia extrema o la desaparición de experiencias placenteras generan un vacío que imposibilita el sostén de la ilusión. Lo mismo sucede con la familia, el trabajo y la relación consigo mismo: si no encuentran alguna retroalimentación en la realidad efectiva, las ilusiones terminan por desvanecerse.

A las ilusiones les hace falta experiencias positivas que las puedan hacer creíbles, estas vivencias reales exitosas solamente se logran con el trabajo que puede transformar la realidad efectiva. A la ausencia de un acercamiento entre lo real y las ilusiones, se abre una brecha que se precipita como un vacío inquietante. Ante la falta de logros en el mundo exterior, hay personas que desarrollan vidas escindidas. Las ensoñaciones no encuentran un estatuto real en la vida cotidiana y la existencia se divide en dos espacios disyuntos: por un lado hay sueños inalcanzables (frecuentemente intensificados por la ingesta de sustancias) y por el otro, hay realidades adversas inevitablemente presentes. El resultado es una vida dividida, una patología del vacío, una precipitación del sinsentido, un sentimiento de angustia o tristeza.

La creatividad no sólo es una cualidad de genios o de artistas, consiste en la habilidad de re-crear el mundo en la integración de ilusiones internas y proyectos sustentables en la realidad efectiva. El impulso creador consiste en la necesidad de vivir en mundos internos que puedan convivir con la realidad exterior. Lo paradójico es que el espacio transicional solamente se crea si hay algo de la realidad que existe ya de un modo próximo a la ilusión. No es fácil conservar el puente entre el mundo externo y el interno. Uno de los objetivos de la psicoterapia, dice Winnicott, es re-establecer el espacio transicional, llevar al paciente a un espacio en el que el juego, la ilusión y la creación vuelvan a restablecer vínculos con la realidad.    

BIBLIOGRAFÍA

Cortázar, J. Rayuela (edición de Andrés Amorós). Madrid: Cátedra, 2008.

Girard, R. Mentira romántica y verdad novelesca. Caracas: Biblioteca de la Universidad, 1963.

Nietzsche, F. El nacimiento de la tragedia en Obras Completas, Vol. 1. Escritos de juventud (edición dirigida por Diego Sánchez Meca). Madrid: Tecnos, 2011.

Sloterdijk, P. Estrés y libertad. Buenos Aires: Ediciones Godot, 2017.

Winnicott, D.W. Realidad y juego. Barcelona: Gedisa, 2009.

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Abraham Godínez Aldrete es Doctor en filosofía y psicoanalista, así como profesor investigador del Departamento de Humanidades y Artes del Centro Universitario de Tonalá, perteneciente a la Universidad de Guadalajara.

Hagar Vardimon es una artista plástica que vive y trabaja en Ámsterdam. Utiliza fotografías, papel e hilo para crear imágenes que cuentan historias sobre la imaginación, el juego y la memoria. hagarvardimon.com

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