CAPAS SUCESIVAS

Giorgio Tentolini, Venere Púdica - vista 5 (De la serie Pagan Poetry), 2020. Cortesía del artista y Gallery Estella.

por Rocío Cerón

LA SABIDURÍA DE LA POESÍA, QUE MOVILIZA Y SACUDE AL LENGUAJE, NOS RECUERDA QUE LA ENERGÍA ES CONDICIÓN NECESARIA PARA QUE EXISTA LA VIDA.

Giorgio Tentolini, Igea - vista 6 (De la serie Pagan Poetry), 2020. Cortesía del artista y Gallery Estella.

Las emociones en la literatura han transitado por una paradoja: el escritor debe avanzar por caminos racionales para construir procesos emocionales.

Giorgio Tentolini, Divinità - vista 2 (De la serie Pagan Poetry), 2020. Cortesía del artista y Gallery Estella.

“Y se construye entonces la claridad de nuevo:
obedecen las cosas al viento de la vida
y el orden establece su pan y su paloma”.
Pablo Neruda

El habla del mundo, la naturaleza de los objetos, mueren y renacen en el espacio. Fuerza incorpórea, hay un motor que dinamiza al mundo y el cosmos donde no hay principio ni fin. Sea eólica, lumínica, sonora, cuántica o cualquiera de sus múltiples variantes, entre ella se teje y desteje el movimiento de lo que vemos y no vemos, como la materia oscura que atraviesa ondulante y silenciosa el universo. Vibrante, pasa, zumba como el lenguaje que nombra, dimensionando los cuerpos, los sistemas físicos, tocando las regiones más distantes o perdidas en los fondos abisales del mar. Permanece entre sombras y se transforma, como el poema y como Antígona, que esperan la claridad, la verdadera, para salir de la cueva. Con esa furia de quien va “conquistando la luz”, la energía hace que la vida sea vida. Entre la continua transformación, la permanencia sutil y gigantesca a la vez, como los 62 mil 600 kilowatts del Sol por cada metro cuadrado de su superficie, es la entidad más vigorosa y más constante. Desde el inicio del inicio no puede existir creación o desaparición de energía, sino transferencia de un sistema a otro, o transformación de una forma a otra. Y desde aquí, el poema se afinca como reflejo.

El poema, la maquinaria y edificación del lenguaje en su estado más potente, se fija en la página, pero nunca está inmóvil, sus imágenes plásticas, sonoras, verbales, conceptuales y hasta epidérmicas se movilizan ante los ojos del lector. Eólicas o geotérmicas, de capas freáticas, las energías que se desprenden del poema abastecen los resquicios del cuerpo intelectual, así como del estético o del emocional. Combustiona el alma, para crear materia textual, abre el cuerpo, lo extiende tentacularmente, transforma las emociones y las experiencias. Nada se pierde, todo se expande. Nada se destruye, todo se crea, todo se transforma: el poema guarece en su interior un infinito.

Y de ese vasto terreno léxico nos abrasa la escucha, un ejercicio que requiere atención y fuerza, un ejercicio que nos permite entender quiénes somos y cómo habitamos un lugar. La escucha nos brinda un entorno sonoro de 360 grados para colocar nuestra atención en todo tipo de emisiones sónicas. El oído adquiere una serie de elementos áuricos que la mente memoriza y asocia a ciertos momentos. Nos convocan a una comunidad resonante donde la energía sónica construye identidad. Entonces, cada lugar no sólo es su cuerpo arquitectónico, sus calles, sus habitantes es, en gran medida, su conjunto —concierto auditivo y de sensaciones— de sonoridades. Ondas, flujos sonoros que avanzan por el espacio y vuelven a expandir los contornos de la realidad. El poema concurre de manera no sólo auditiva sino también epidérmica, científicamente se ha comprobado que no sólo “escuchamos” con los oídos, vibraciones y tonalidades musicales resuenan por todo el cuerpo. Ante el oído y el ojo, se abre el poema, en su puesta en página, en voz, y nos permite reconocer un territorio para convertirlo en un hábitat mental, simbólico y perceptual. Pura energía eléctrica cerebral que estimula la vida.

El ruido del mar pegando contra la exclusa, el paso del buque o los ruidos de los autos en pleno atasque de tráfico en medio de una marcha o el golpeteo del viento sobre las tejas de una cabaña, son recuerdos que a su vez serán experiencias o pulsiones evocativas que se convertirán en poemas. Textos activos en nuestra mente como centrales nucleares que propulsan energías varias a las que regresamos tanto en nuestra memoria como en la creación. En el fondo, el lenguaje, y el edificio que es el poema, así como la transformación de la energía primordial en cada átomo de cada entidad que nos rodea, nos cuentan, como en la totalidad de la cinta de una película, la verdadera historia de las capas de nuestras vidas. Cada capa de cada joule es la historia que da rostro al universo. Cada capa de realidad se procesa en energía, trabajo y calor, todo poema resignifica la realidad. 

Giorgio Tentolini es un artista italiano en cuyas obras conviven contrastes que tradicionalmente se piensan irreconciliables: lo etéreo y lo tangible, lo material y lo inmaterial, lo corporal y lo incorpóreo… Por medio de la superposición de rasgos faciales Tentolini ofrece distintas caras de una misma imagen; al alejarse, el espectador ve la imagen en su complejidad y cuando se acerca, la ve disolverse en la constelación de capas de malla que evidencian su fragmentación. Su trabajo está disponible en Gallery Estella en Nueva Orleans.
www.galleryestella.com | www.giorgiotentolini.com

Rocío Cerón (Ciudad de México, 1972) es poeta, ensayista y editora. Ha publicado Materia oscura (Parentalia, 2018), Borealis (FCE, 2016) y La rebelión. O mirar el mundo hasta pulverizarse los ojos (UANL, 2016), entre muchos otros. Acciones poéticas suyas se han presentado en los Institutos Cervantes de Berlín, Londres y Estocolmo; Centro Pompidou de París y el Museo Karen Blixen de Dinamarca, entre otros. Ha recibido varios premios internacionales y obra suya ha sido traducida a más de ocho idiomas. Actualmente es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte del FONCA.

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