HARMONICES MUNDI: LA MÚSICA DE LAS ESFERAS

Todas las imágenes: Linda-Saskia Menczel, Musica Universalis, 2019. Cortesía de la artista.

por Saúl Juárez Mena

EN TIEMPOS DE CAMBIO, RESULTA INSPIRADOR REGRESAR A LA TEORÍA CLÁSICA PARA BUSCAR EN NUESTRAS VIBRACIONES INTERIORES MÁS PROFUNDAS, LA ARMONÍA DEL UNIVERSO.

“La Música es la unión armoniosa entre
El Cielo y la Tierra”.
Proverbio chino

“Todo cuanto es, vibra”.
El Kybalión de Hermes Trismegisto

En tiempos de cambio la ciencia y el arte se manifiestan como pilares del conocimiento que esclarecen y magnifican el pensamiento y el sentimiento humanos.

Nuestra época es de cambios profundos, nuevos derroteros de actividad humana se asoman con innumerables avances tecnológicos: la nanotecnología, la ciencia genética, la física cuántica, entre otros, y en manifestaciones tecnológicas del arte, la realidad virtual, el mapping, la holografía, con formas alucinantes de percepción que nos sorprenden, herramientas potenciales de gran expresión junto a las tradicionales insustituibles.

Sin embargo, el ser humano continúa con las mismas incógnitas de siempre y la razón del ser y el sentido de vivir siguen arrojando cuestionamientos sobre todo en tiempos tan difíciles como los actuales.

El arte en sus muchas manifestaciones nos salva con su vibración, sus formas y su luz. Una buena película, una canción, un baile, una sinfonía o una buena lectura puede aliviarnos en momentos duros.

La música se manifiesta en sonido-vibración. El sonido nos llega directamente y nos afecta, resuena en nuestros oídos y en el cuerpo entero. No nos deja indiferentes. Cada época y cada cultura ha tenido expresiones musicales diferentes, ideadas sobre ritmos, escalas y armonías típicas de cada región; éstas son a la vez una manifestación palpable del sentimiento y el pensamiento humano, así como de la cultura que las engendra.

Armonía, del griego ἁρμονία harmonía; propiamente ‘juntura’, ‘ensamblaje’, según el diccionario de la RAE es “Proporción y correspondencia de unas cosas con otras en el conjunto que componen”. Y del mismo diccionario, relativo a la música: “Unión y combinación de sonidos simultáneos y diferentes, formando acordes”.

Las culturas antiguas del mundo como la griega o la maya parecen haber tenido en su práctica musical un muy estrecho vínculo con ideas profundas de carácter científico y filosófico.

La música de los griegos antiguos ha permeado paulatinamente hasta nuestros días la cultura musical del mundo entero. Pitágoras de Samos, filósofo y matemático griego (c. 569-c. 475 a. C.), encontró, según la leyenda, una relación entre las proporciones de los martillos de diferente tamaño de un herrero que golpeaba insistentemente en su labor y los sonidos consonantes producidos por ellos.

La Armonía de las Esferas propuesta por Pitágoras nos dice que a través del número es posible conocer el mundo en todas sus manifestaciones, según esto, cada planeta produce un sonido o vibración acorde con su movimiento y las distancias relativas entre los diferentes planetas están en proporciones similares a las descubiertas en el martilleo del herrero. Esta idea trascendental resonará en las ideas científicas de Johannes Kepler (1571-1630), sabedor de un conocimiento antiguo muy profundo enraizado en la tradición pitagórica y platónica. Kepler ideó una teoría en su Harmonices Mundi, en la que desarrolla sus famosas leyes del movimiento de los astros, acorde con la teoría de Pitágoras, en las que anota los sonidos que los planetas deben producir en su andar errante en el espacio.

En el mundo hay muchas formas de vibración. El sonido es una de las formas que culturalmente más nos afecta. Es famoso en estos días el llamado “Efecto Mozart”, según el cual parece que la música del genio austriaco nos afecta de tal manera que parece ayudar en el desarrollo de nuestras capacidades cognitivas. Se ha comprobado el efecto fisiológico tanto positivo como negativo en función del tipo de vibraciones-música que se producen. Ludwig van Beethoven (1770-1827) decía que la música es la forma más alta de la filosofía; quizás porque en su manifestación más sublime, trasciende los conceptos y nos toca directa y profundamente.

Éste es un tiempo de cambio. El avance tecnológico que nos envuelve nos condiciona, pero hagamos un alto a esta precipitada corriente de vida y pongamos atención a nuestro interior, busquemos nuestra posición como parte del Cosmos… no somos dueños de la naturaleza ni casi de nada, nos han hecho creer, convenientemente para el sistema impuesto, que dominamos a la naturaleza y que somos dueños del Universo, cuando ahora el efecto de un microorganismo ha trastornado toda nuestra vida y el cambio climático que sufre el planeta nos impone grandes desafíos.

Busquemos una forma de vibrar más acorde con esa visión y comprensión más honda de la vida, y paralelamente revaloremos de manera consciente la actividad científica y artística, y los desarrollos tecnológicos cotidianos para crear un poco más de armonía en nuestras vidas. 

La Armonía de las Esferas propuesta por Pitágoras nos dice que por medio del número es posible conocer el mundo en todas sus manifestaciones […].

El arte en sus muchas manifestaciones nos salva con su vibración, sus formas y su luz.

Linda-Saskia Menczel es una escultora rumana cuya práctica artística tiene el objetivo de regresar el arte a su propósito espiritual. Su pieza Musica Universalis rescata las reflexiones pitagóricas sobre el universo perfecto, armonioso y sorprendente, para reconfigurarlas en un objeto escultórico de arte contemporáneo lleno de simbolismo y significados espirituales. www.saskia.ro | Instagram @lindamenczel | Facebook @LindaSaskiaMenczel

Saúl Juárez Mena es músico y artista digital, interesado en la interdisciplina entre el arte, la ciencia y las tecnologías. Desarrolla proyectos de investigación y creación en este campo. Es profesor de la Facultad de Ciencias de la UNAM.

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