por Sara Mariana Benítez Sierra
Conocer la vida y el trabajo periodístico de Ryszard Kapuściński, marcados por una profunda sensibilidad poética y humana, abre camino para comprender el mundo de la segunda mitad del siglo XX, además de pensar en la importancia de la ética en el periodismo para narrar y construir la realidad.
El origen del "emperador del reportaje"
El 4 de marzo de 1932 nació en Pinsk, la entonces Polonia pero la actual Bielorrusia, el escritor, periodista, ensayista y poeta polaco Ryszard Kapuściński, a quien muchos llaman “el emperador del reportaje”. Su infancia, dicho por él mismo, fue muy pobre y difícil, tanto, que cuando fue a hacer labores de reportaje en África dijo que “se sentía en su hogar” pues era escasa la comida y muchos caminaban descalzos. Algunas fuentes afirman que de niño no tenía zapatos propios, y que incluso muchas veces no tuvo acceso a leer un libro.
La familia se instaló en Varsovia en 1945 después de varios años de guerra y huyendo de distintos lugares como refugiados. Esos primeros años fueron importantes para él pues al huir constantemente, la vida fue como la de un nómada. Cuestión que más adelante sería fundamental para los viajes y las crónicas que realizó como periodista. Ya desde chico también se sabía de sus dotes para la escritura, y algunas fuentes hablan del Congreso de Poesía en el que participó con su escuela en el que sus poemas fueron comparados con los de Mayakovski y Wierzyński.
Inicios en el periodismo y formación académica
En la década de los cincuenta comenzó a trabajar para el Estandarte de la Juventud un periódico nacional polaco dirigido a gente joven. Después de dejar el trabajo, decidió estudiar en la Facultad de Historia. Dos años después se casó y tuvo a su única hija en 1953: Sofía. En junio de 1955 se gradúa de la Universidad de Varsovia y en septiembre denuncia las condiciones de trabajo inhumanas y la vida de los trabajadores involucrados en la construcción de Nowa Huta. Después de esta historia recibió su primer premio: La Cruz de Oro al Mérito. Tenía 23 años.
Los viajes y la mirada internacional
Después de este gran logro viajó a Kiev como corresponsal y en septiembre de 1956 hizo su primer viaje a la India, a partir del cual dedicó su carrera a informar sobre guerras, golpes de Estado y revoluciones en otros continentes. Sus primeros viajes a Asia quedaron registrados en Viajes con Heródoto, un libro de no ficción que muestra sus experiencias y vivencias en la India y China.
Para Ryszard Kapuściński el periodismo no era solo una profesión sino una carrera de largo aliento en la que nunca se debe dejar de estudiar y de tener curiosidad. Lo que antes era una “mera fuente de información” hoy es un instrumento de opinión pública. Fue uno de los periodistas con una gran reputación mundial y Claus Christian Mazahn lo describió como “uno de los periodistas más creíbles que el mundo haya visto jamás” en su obituario en Der Spiegel.
Sus crónicas combinaron observación histórica, sensibilidad literaria, reflexión ética sobre el papel del periodista frente a la realidad.

Ryszard Kapuscinski en PEN Congress. Fotografía de Bernard Gotfryd. CC.
El legado de un cronista de la condición humana
El trabajo de este poeta, escritor e historiador transformó la manera en que narramos el mundo contemporáneo. Su trabajo pudo haber permanecido como el de un periodista que simplemente registra acontecimientos políticos o conflictos internacionales, pero no fue así. Sus crónicas combinaron observación histórica, sensibilidad literaria, reflexión ética sobre el papel del periodista frente a la realidad.
Cubrió decenas de revoluciones y conflictos en África, Asia y América Latina, lo que hizo que se convirtiera en un testigo privilegiado de la descolonización del siglo XX. Sus libros como El emperador o El Sha o la desmesura del poder muestran cómo el reportaje puede convertirse en una forma de conocimiento profundo sobre la condición humana y la historia.
Los valores más importantes de este magnífico periodista eran la empatía, la responsabilidad y la paciencia. Comprender al otro era una condición indispensable para narrarlo. Por ello fue más que un corresponsal de guerra, un representante del periodismo literario contemporáneo.
Falleció en Varsovia en 2007 dejando una obra que hoy permanece y que inspira a periodistas, historiadores y escritores interesados en contar la realidad mediante la crónica y la palabra.
Historiadora, artista y divulgadora, Sara Mariana Benítez Sierra ha creado el proyecto Historia chiquita y es doctoranda y becaria de excelencia en Historia por la Universidad Iberoamericana. Su trabajo combina narrativa histórica, investigación académica y producción cultural en redes sociales, radio y proyectos editoriales.







