Literatura y valor

El valor literario y el valor económico caminan por diferentes sendas y sin embargo, las lógicas que los rigen no son muy distintas. En las artes, igual que en el ámbito monetario, un producto vale por el respaldo que recibe de quienes lo consumen.

Jorge Méndez Blake, Chamber Music (James Joyce), 2014. mendezblake.com. Cortesía del artista.

Hace tiempo el filósofo y escritor —ya fallecido— Julián Meza escribió¹ que el valor de un verso podía tasarse en lo mismo que un chicle de canela, de esos que antes se daban en los estanquillos para completar el cambio. Es decir, por un soneto, sin importar su mérito artístico, un escritor obtendría catorce chicles de canela. “Por lo tanto, si un poeta produce una docena de versos cada día sólo puede aspirar a cobrar a la semana un puñado de chicles. Definitivamente, el estado actual de la poesía en el mercado camina apresuradamente hacia la bancarrota y hacer poesía se revela como una actividad no rentable”, afirmó este autor.

No sé si Meza hubo leído a Paul Valéry, pero el francés explicó² que el valor literario, artístico o “del espíritu”, como él lo llama, no es necesariamente igual al valor económico, pero ambos se comportan de manera similar, como en un mercado donde hay miles de transacciones, muy parecidas a las que se dan en la Bolsa de valores. La “moneda” corriente en el “mercado del espíritu” es el lenguaje, las palabras, las ideas, los intercambios simbólicos, en suma, la cultura.

A lo largo de la historia de la humanidad, el mercado espiritual ha tenido épocas de gran auge y otras de nula bonanza. En la actualidad, gracias a la globalización, prácticamente se han eliminado las fronteras para el libre intercambio económico y cultural, y las ideas y los libros circulan a gran velocidad por todo el mundo.

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«[…] el valor literario, artístico o “del espíritu” […] no es necesariamente igual al valor económico […] ».

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Sin embargo, el mercado literario tiene sus particularidades. Como lo explica Pascale Casanova³, el valor preponderante en el mundo de las letras es el prestigio, el “nombre”. Es decir, un autor tiene más prestigio o “nombre” porque su obra ha sido validada por sus pares, por los críticos y por los lectores. Por ello, la venta masiva de libros no necesariamente le asegura a un autor contar con prestigio literario. De hecho, a veces, ser best seller puede ir en detrimento del “crédito” que un escritor puede llegar a tener, como le sucede cada año al japonés Haruki Murakami, quien desde hace algunos años es siempre mencionado como candidato al Premio Nobel de Literatura. Aunque se venden grandes tirajes de sus libros y muchos de sus lectores ávidos quisieran que le otorgaran el más grande galardón al que pudiera aspirar cualquier escritor, siempre parece quedarse en la raya. ¿Por qué? Es conocido, popular y vende millones de libros, pero no cuenta con el “crédito” suficiente para ser considerado uno de los mejores escritores del mundo. Y al hablar de crédito en literatura, se alude a “creencia”, es decir, a que haya un consenso sólido sobre el valor de su obra.

Dice Válery: “Somos lo que creemos ser y lo que creen que somos”, pero en el caso de la literatura no basta con creerse un gran escritor, sino que los demás lo crean también, y “cotizar” muy alto en el mercado de valores de la literatura.

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1. “¿Cuánto vale un verso?” (http://www.mxfractal.org/F24meza.html).
2. “La libertad del espíritu” (http://www.biblioteca.org.ar/libros/133576.pdf).
3.  La
república mundial de las letras, Anagrama, 2001.

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 Jorge Méndez Blake, Vita activa / Vita contemplativa (Como la lluvia), 2015. mendezblake.com. Cortesía del artista.

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Guillermo Vega Zaragoza (Ciudad de México, 1967). Escritor, periodista y profesor. Es editor digital de la Revista de la Universidad de México de la UNAM. Su libro más reciente es Poemas para ablandar a las rocas (Abismos Casa Editorial, 2016).

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