LA ESTÉTICA DE VIVIR: UN MODO DE TRASCENDENCIA

Todas las imágenes son de Francisca Pageo. Cortesía de la artista.

por Abraham Godínez Aldrete

DESDE EL PENSAMIENTO CLÁSICO Y HASTA NUESTROS DÍAS, SE HA DESARROLLADO UNA PERSPECTIVA ESTÉTICO-PSICOLÓGICA QUE CONSIDERA LA CONSTRUCCIÓN DE LA EXISTENCIA PROPIA MEDIANTE FORMAS BELLAS Y CREATIVAS PARA DAR LUGAR A UNA VIDA QUE DEJE COMO LEGADO LA MEMORIA DE UNA EXISTENCIA ÚNICA Y BELLA.

“En el amor, como en la belleza, toda verdadera mirada es una mirada cruzada”.
François Cheng

 

Trascender significa “ir más allá”. En términos existenciales, trascender significa ir más allá de la propia vida. Sólo aquellos que se adelantan temporalmente a su futuro se plantean el problema de la trascendencia, pero ¿cómo trascender cuando no se quiere seguir los programas trascendentales que se han convertido en una norma? ¿Qué hacer cuando no se quiere tener un hijo o no se aspira a la eternidad?

Tradicionalmente la trascendencia es un tema que las religiones administraban. Después de la Revolución Francesa, se estipularon normativas y se diseñaron esquemas de vidas que se adaptaron a dispositivos disciplinarios. En el siglo XIX la normalidad comenzó a tener un uso popular para referirse a lo usual o lo regular determinando un modo de comportamiento. Alrededor de la palabra “normal” se estableció un modo de ejercer el poder en el que se designa cómo deberían ser las mujeres y los hombres. Mediante la disciplina, se aseguraba que las personas hicieran una vida estándar; lo que se salía de la norma, se consideraba patológico. Poco a poco se conformó la idea de que lo normal es lo natural. De este modo, se estableció un programa de vida conformado por un ideal trascendental uniforme.

En la parte final de su obra, Foucault se planteaba: ¿cómo otorgar una forma a la propia vida sin la intervención de una norma? En la Antigua Grecia, encontró esta posible respuesta: el “cuidado de sí” que los griegos practicaban se convertía en un “arte de vivir”, “ese arte de la existencia del que bien se sabe”.¹ El cuidado de sí comienza con la filosofía: cuando Sócrates convidaba a cuidar de sí exhortaba a los atenienses a conocerse a sí mismos. El cuidado de sí no es una práctica normativa que pueda generalizarse de igual modo a todos los seres humanos. Quien quiere hacerlo debe comprender bien su situación de vida y decidir lo mejor conforme a ésta. El “cuidado de sí” se constituyó como núcleo de la vida griega y se establecieron principios comunes entre el arte y la existencia: la armonía, la proporción y el equilibrio son elementos que comparten el arte griego y son principios fundamentales de la vida. Así se estableció un término, tekhne tou biou, que refiere a las técnicas que hacen que el vivir pueda comprenderse como un arte.

En el arte de vivir cada uno es conocedor de sí mismo y ejerce una serie de prácticas sobre su propia vida que lo llevan a conformar un estilo propio. El arte de vivir es un arte de sí mismo. En esta perspectiva, el arte no sólo es un medio de expresión, sino un modo de creación, en este caso, de una subjetividad. La estética de vivir contrapone al régimen de la normalidad la posibilidad de crear un estilo propio de vida. La noción de estilo es un concepto importante para Foucault y conlleva pensar la existencia en términos estéticos. Así como Wölfflin demostró que cada etapa de la historia del arte tiene un estilo propio, cada vida puede tomar una forma propia, constituida por bordes y proporciones. Darle forma a la vida significa construir los límites propios. Para los griegos la noción de límite no es negativa, no es aquello en donde algo termina, sino donde comienza una figura.² La diferencia está en que esos límites no se acatan desde una imposición externa, sino que se conforman a partir de un estilo propio. Así como el Renacimiento construyó sus límites para convertirse en el arte de la belleza apacible, en el lugar del que no se quiere partir nunca, cada persona puede construir un estilo de vida que pueda producir un efecto estético.

No existe un estilo sin otro origen que el de sus propias premisas. El arte de vivir conlleva pensar una vida fundada en formas creativas que no están sometidas a los procesos de normativización de las sociedades disciplinarias. Así como cada estilo artístico tiene sus formas, y por lo tanto es inconmensurable con otros estilos, cada persona le otorga una forma a su propia existencia. Este proyecto estético-subjetivo de Foucault está fuertemente vinculado a la exigencia nietzscheana de ser artistas: creadores de sí mismos y seres capaces de cubrir la disonancia de la vida con un velo de belleza. Quien se ocupa en otorgarle una forma estética a su existencia está en la tarea de crear una nueva subjetividad. Así como “no todo es posible en todos los tiempos”³, no todo es posible en todas las vidas. El arte de vivir es una apuesta por estructurar la existencia conforme a los propios límites y organizarla del modo más bello posible.

La estética de la existencia es el espacio en el que mejor confluyen el arte, la filosofía y la psicología. El arte tiene una fuerza transformadora de la subjetividad. Por ejemplo: en algunas ocasiones, la superación de un duelo conlleva crear un recuerdo bello del ser perdido. Los memoriales en la historia del arte demuestran que la creación de belleza puede ser un consuelo a una profunda aflicción. Al igual que toda obra de arte, la estética de la existencia solamente tiene sentido cuando se encuentra con la mirada ajena: “una mirada aislada alcanza difícilmente la belleza.4 Según Diderot, el fundamento de la belleza es la percepción de relaciones. Ningún artista realiza su obra para guardarla en el armario. La estética de la existencia tiene una trascendencia implícita: acontece más allá de sí misma. El objetivo del arte de vivir es “vivir una vida hermosa y legar a los otros la memoria de una existencia bella”.5 El objetivo no es convertirse en un modelo para el otro, sino en la posibilidad de transmitir un impulso creador. La aportación, opuesto a las disciplinas, es la conformación de múltiples formas de existir en donde los demás pueden encontrar un aliento propio para conformar la suya. Crearse a sí mismo significa conformar un espacio nuevo en el que hay mayores posibilidades de trascendencia en la creación de nuevas formas de vida. 

El objetivo no es convertirse en un modelo para el otro, sino en la posibilidad de transmitir un impulso creador.

Para los griegos la noción de límite no es negativa, no es aquello en donde algo termina, sino donde comienza una figura.


Bibliografía

Cheng, F. Cinco meditaciones sobre la belleza. Madrid: Siruela, 2016. 

Foucault, M. La hermenéutica del sujeto. Curso en el Collège de France (1981-1982). Edición establecida por F. Gros, bajo la dirección de F. Ewald y A. Fontana. Trad. Horacio Pons. México: FCE, 2004.

Heidegger, M.  Seminarios de Zollikon. Morelia: Jitanjáfora, 2007.

Schmid, W. En busca de un nuevo arte de vivir. Valencia: Pre-textos, 2002.

Wölfflin, H. Conceptos fundamentales de la Historia del Arte. Madrid: Espasa-Calpe, 1952.

 

Francisca Pageo es una artista visual y editora española. Su trabajo está fundado en la idea de que toda creación conlleva un misterio. En esa medida, sus collages exploran de manera sensible el ir y venir entre lo invisible y lo visible y el concepto de belleza pensado desde el espectro de lo natural, lo mitológico, lo histórico y lo contemporáneo. Así, la obra de Pageo enmarca el placer de la existencia humana y el poder de la belleza para transformar el mundo. www.franciscapageo.es | Instagram @franciscapageo

Abraham Godínez Aldrete es profesor Investigador del Departamento de Humanidades y Artes del Centro Universitario de Tonalá (CUT), Universidad de Guadalajara. Investigador nacional del Sistema Nacional de Investigadores (CONACYT). Autor de tres libros: La noción de ser en psicoanálisis (UACJ, 2017); Filosofía política y subjetividad: aportaciones a una genealogía del deseo (UdeG, CUCSH, 2018); Amor romántico y muerte voluntaria. Vida y obra de Manuel Acuña (UdeG, CUT, 2020).


1. M. Foucault, La hermenéutica del sujeto. Curso en el Collège de France (1981-1982) (México: FCE, 2004), p. 95.
2. M. Heidegger, Seminarios de Zollikon (Morelia: Jitanjáfora, 2007), p. 58.
3. H. Wölfflin, Conceptos fundamentales de la Historia del Arte (Madrid: Espasa-Calpe, 1952),  p. 15.
4. F. Cheng, Cinco meditaciones sobre la belleza (Madrid: Siruela, 2016), p. 75.
5. W. Schmid, En busca de un nuevo arte de vivir (Valencia: Pre-textos, 2002), p. 262.

error: Contenido protegido !!