LA EMPATÍA Y SU IMPORTANCIA EN LA FORMACIÓN DE LA PERSONALIDAD, ASÍ COMO SU RELACIÓN CON EL DESARROLLO DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL DEL NIÑO EN SU NÚCLEO FAMILIAR

Todas las imágenes son de Kanako Abe. Cortesía de la artista.

por Rodrigo Carabaza González
imágenes de Kanako Abe

CIERTAS CORRIENTES PSICOLÓGICAS INDICAN QUE EL DESARROLLO DE LA CAPACIDAD EMPÁTICA —QUE NOS PERMITE VER LAS NECESIDADES DE LOS OTROS MÁS ALLÁ DE NUESTRA PROPIA EXPERIENCIA— ESTÁ RELACIONADO CON LOS PRIMEROS AÑOS DE FORMACIÓN DEL INDIVIDUO, ESPECIALMENTE EN LAS RELACIONES QUE SE ESTABLECEN CON LOS PADRES Y LOS HERMANOS.

La personalidad se puede definir de manera simple como la conjunción entre temperamento y carácter en una única estructura. Es importante delimitar, ya que muchas veces pueden llegarse a confundir estos dos conceptos. Sin embargo, lo correcto es poder diferenciar y delimitarlos para poderlos comprender. El temperamento debe entenderse como los aspectos y características heredadas, por lo tanto, será difícil modificarlo. El carácter, al contrario, serán las características adquiridas durante nuestro crecimiento, principalmente en los primeros años de vida, por lo que supone cierto grado de conformidad de reglas sociales y morales, que deben adquirirse durante el desarrollo de la personalidad desde la infancia.

Asimismo la principal esencia de la empatía es la actitud que tiene una persona para reconocer las emociones en los demás, es decir, la capacidad de comprender los sentimientos de los otros y poder leer sus mensajes no verbales. Porque, aunque los demás pocas veces nos expresen verbalmente lo que sienten, a pesar de todo están manifestándolo continuamente con su tono de voz, su expresión facial y otros canales de expresión no verbal. La empatía es nuestro radar social, la capacidad de poder percibir a los demás desde fuera. De esta manera, se puede hacer una sencilla relación entre la formación de la personalidad y el desarrollo de una habilidad social, fundamental y esencial para el crecimiento, que se vuelve determinante para poder definir la funcionalidad adecuada en una vida adulta.

Entonces si partimos de la idea de que los primeros años de vida del individuo, y la interacción de éste en su entorno, son decisivos y fundamentales, se puede afirmar que la crianza y la educación familiar determinarían nuestro carácter, y por ende nuestra personalidad; y por otro lado, nuestra capacidad para desarrollar una inteligencia emocional que nos ayudará a integrarnos y desarrollar la capacidad de tener relaciones interpersonales adecuadas y estables en la vida adulta. De este modo se puede entender a la inteligencia emocional como la habilidad de monitorear los sentimientos y emociones propias y de los demás, discriminando entre ellas para guiar los pensamientos y acciones personales.

Por tanto, la crianza y la educación familiar son determinantes en este proceso de formación tanto de la personalidad como de la inteligencia emocional, que ayudará al individuo a poder desarrollar la capacidad de empatía hacia los demás. Alfred Adler, fundador de la psicología personal, en la teoría del orden de nacimiento, propone cuatro situaciones primordiales en esta dinámica: el primogénito, el segundo hijo, el hijo menor y el hijo único.

Para Adler, el primogénito jugará un papel primordial en el núcleo familiar, ya que desde su nacimiento goza de la atención de los padres para su cuidado y así, poder cumplir las necesidades primarias. Al contrario, el segundo hijo no experimentará esa posición de poder, e incluso sus padres podrán modificar la manera de criarlo y preocuparse menos con su crecimiento y educación. Por su parte, los hijos menores lograrían ser los consentidos de la familia y en especial de los padres, ya que no temen la llegada de un hermano más. Por esta razón suelen crecer de manera acelerada, se inclinan a la soberbia y pueden llegar a ser personas muy dependientes de los demás. Para el caso de los hijos únicos, que nunca tienen la necesidad de competir con un hermano, Adler propone que poseen el poder sobre sus padres y es probable que sean muy apegados, especialmente con la madre y gocen de los privilegios de no tener que esforzarse de más para superar etapas específicas propias del desarrollo, al no vivir de manera directa las presiones.

Las rivalidades propias entre hermanos se generan para ganarse la atención de los padres y determinarán y diferenciarán la personalidad de cada uno de los miembros y su posición en la familia. Ya que, debido a la cercanía y lejanía de los padres, cada hijo desarrollará formas de inteligencia más convencionales y más adaptativas a las normas sociales establecidas por la propia familia y el entorno del individuo. Asimismo este desarrollo y convivencia familiar puede determinar no sólo la personalidad del individuo, sino la interiorización de normas sociales y morales, ya que la interacción familiar es la primera relación que tiene el niño con su entorno.

De esta manera entenderemos cómo el niño puede desarrollar capacidades sociales y afectivas, además de tener la capacidad de pensar no sólo en sí mismo, sino también en los demás, creando así una capacidad empática, al poder darse cuenta de que los demás forman parte de su vida y él parte de la vida de los demás y de su entorno. Estas capacidades comienzan desde su desarrollo y sus vivencias, por lo que la empatía tendrá relación no solamente con las características propias del individuo sino en específico del entorno familiar y su interacción en este núcleo. 

[…] La empatía es nuestro radar social, la capacidad de poder percibir a los demás desde fuera.

[…] este desarrollo y convivencia familiar puede determinar no sólo la personalidad del individuo, sino la interiorización de normas sociales y morales […].


Bibliografía

Adler, Alfred y Brett, Colin (comp.). Comprender la vida. España: Paidós Editorial, 1999.

Goleman, Daniel. La inteligencia emocional. Buenos Aires: Vergara Editorial, 1995.

Kanako Abe es una artista del kirie (el arte japonés de recortar papel) originaria de Japón que vive y trabaja en Seattle. Su obra, delicada, elegante y sensible, cuenta historias por medio de la poesía visual recortada en papel. Las horas de observación, meditación y concentración que implica cortar a mano una hoja de papel con un cuchillo de precisión, dan como resultado imágenes que capturan la capacidad humana para la emoción, la interconectividad y el amor por los demás. Instagram @abemanatee

Rodrigo Carabaza González es psicoanalista, tanatólogo y psicooncólogo, psicoterapeuta clínico y catedrático de la Licenciatura en psicología en Universidad Humanitas campus Presa Madín.

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