por Carlos Omar Noriega Jiménez
fotografías de Pedro Luján
entrevista realizada el 17 de abril de 2026
Núria Vilanova, presidenta del Consejo Empresarial Alianza por Iberoamérica (CEAPI), comparte su visión sobre el papel de la empresa en la transformación social, los desafíos del liderazgo en tiempos de incertidumbre y las oportunidades que hoy enfrenta Iberoamérica en el escenario internacional.
Desde su posición al frente del Consejo Empresarial Alianza por Iberoamérica (CEAPI), ¿cómo entiende hoy el papel del empresariado iberoamericano en el contexto internacional?
Vivimos en un momento histórico para Iberoamérica. Por primera vez en décadas, Europa ha reconocido la importancia estratégica de América Latina y de España como puente entre ambas regiones. Las tensiones geopolíticas recientes han impulsado el interés internacional por una región que cuenta con recursos clave para el futuro: energía, alimentos, minerales y capacidad productiva.
Se acaba de firmar el tratado entre la Unión Europea y México que supone un mercado de 600 millones de habitantes. Esto representa una gran oportunidad, pero también una responsabilidad para el empresariado. La región necesita inversión, crecimiento y generación de riqueza para reducir desigualdades. Los empresarios tienen el reto de aprovechar este contexto y contribuir al desarrollo económico y social.
CEAPI articula líderes de distintos países y sectores. ¿Cuáles son hoy las principales coincidencias —y tensiones— dentro de esa comunidad?
La principal coincidencia es la convicción de que la empresa y los empresarios pueden ser agentes de transformación social. Además de rentabilidad, las compañías modernas buscan generar impacto positivo. Todos los sectores son una oportunidad, pero yo creo que un punto común es que todos los empresarios de Iberoamérica necesitan aportar su visión de cómo la empresa puede ser el gran elemento de transformación de la sociedad.
Como decimos en CEAPI, los empresarios estamos en el centro de la solución. Las empresas que operan correctamente forman, crean empleo, infraestructura, pagan impuestos y contribuyen al desarrollo de las comunidades donde trabajan. El desafío es comunicar mejor ese papel y demostrar que la iniciativa privada puede ser una aliada fundamental para construir sociedades más prósperas y sostenibles.
Por ejemplo, una empresa minera sabe que no debe contaminar y necesita ser la primera en crear agua potable; y no solo no contamina, sino que a veces soluciona problemas que tenía la población al crear, por ejemplo, grandes plantas de tratamiento de agua.
Las empresas buenas transforman la sociedad, además de desarrollar proyectos sociales para llegar donde no llega el gobierno. Esa gran oportunidad se convierte en un reto de explicar cómo es esa gran alianza con la sociedad en una transformación que necesitamos para construir un mundo mejor.
¿Qué proyectos o líneas de acción están impulsando actualmente desde CEAPI que considere especialmente relevantes?
En CEAPI trabajamos por unir Iberoamérica mediante los empresarios; y eso pasa por fortalecer la integración mediante la inversión empresarial.
Si antes se hablaba de “multilatinas”, hoy existen empresas “multiberoamericanas”, capaces de invertir en toda Iberoamérica, es decir, en Latinoamérica y, mediante España y Portugal, en Europa.
La organización busca facilitar alianzas entre empresarios, promover inversiones y generar confianza para expandirse en nuevos mercados. Hoy la empresa mexicana está invirtiendo en España, en el resto de Iberoamérica y del mundo; la empresa española crece tanto como la mexicana, la colombiana, la hondureña. Cuando quieres invertir en un mercado que no conoces, todo es difícil. Trabajamos para unir a los empresarios y que se faciliten los proyectos de inversión en los diferentes países, o crear alianzas con socios locales, porque ir de la mano de quien conoce el mercado multiplica las posibilidades de éxito.
Entre los sectores con mayor potencial destacan la energía, la minería, el turismo, la educación y la agroindustria. También existe un fuerte compromiso con el impacto social. Uno de los proyectos actuales consiste en analizar las iniciativas sociales desarrolladas por las más de 400 empresas asociadas para compartir metodologías, conocimientos y buenas prácticas. Asimismo, CEAPI impulsa programas de formación para empresas familiares, especialmente en temas de sucesión, gobernanza y profesionalización.
En un escenario global marcado por la incertidumbre, ¿qué tipo de liderazgo cree que se está volviendo indispensable en Iberoamérica?
Se necesita un liderazgo capaz de abrazar el cambio. El mundo ya no puede gestionarse con las fórmulas del pasado. Los líderes deben ser capaces de establecer alianzas, dialogar con distintos actores, comprender las transformaciones globales y anticipar tendencias. Es decir, escuchar y conectar.
También deben entender fenómenos como la inteligencia artificial y sus implicaciones económicas y energéticas. Además, resulta indispensable dialogar con la sociedad y promover el acceso a una educación que prepare a las nuevas generaciones para los desafíos contemporáneos.
A lo largo de su trayectoria, ha transitado entre empresa, comunicación y articulación institucional. ¿Qué decisiones han sido clave para construir esa mirada?
Comencé mi carrera muy joven como periodista en El País. Esa experiencia me permitió entrevistar a empresarios, políticos e intelectuales y comprender que economía, cultura, política y comunicación están profundamente conectadas. Esa visión interdisciplinaria ha marcado toda mi trayectoria. Hoy presido CEAPI como una labor que considero parte de mi legado personal, mientras continúo al frente de Atrevia, empresa que fundé hace más de tres décadas.
La experiencia me ha enseñado que comprender el entorno, anticipar cambios y fomentar el diálogo son elementos fundamentales para impulsar transformaciones significativas.
Usted fundó Atrevia en un contexto muy distinto al actual. ¿Qué aprendizajes de ese recorrido siguen influyendo en su forma de liderar hoy?
Dos enseñanzas han sido fundamentales: La primera es aprender a convivir con los miedos. Cuando fundé la empresa sabía poco, conocía a pocas personas y nadie me conocía a mí. Con el tiempo, esos temores se transformaron en tres prioridades estratégicas: apostar por el conocimiento, construir redes de relación y desarrollar una reputación sólida.
La segunda enseñanza es la humildad. Las organizaciones fracasan cuando olvidan sus orígenes o cuando los intereses personales se colocan por encima del proyecto colectivo.
Para liderar es necesario comprender a los demás, ponerse en su lugar y actuar pensando en el bienestar del equipo. El proyecto siempre debe estar por encima del ego.

La región necesita inversión, crecimiento y generación de riqueza para reducir desigualdades. Los empresarios tienen el reto de aprovechar este contexto y contribuir al desarrollo económico y social.
Esta edición de Capitel está dedicada a la templanza. ¿Qué significa para usted y cómo se manifiesta en su vida profesional?
La templanza implica combinar instinto con conocimiento. Reaccionar únicamente desde la emoción puede conducir a errores; la reflexión permite actuar con mayor sabiduría.
También está estrechamente relacionada con la justicia. Un líder debe tomar decisiones equilibradas y garantizar que el esfuerzo y la responsabilidad se distribuyan de manera justa. He aprendido que la falta de justicia afecta profundamente a los equipos.
Cuando quienes trabajan mejor asumen más responsabilidades frente a otros que no cumplen con su parte, el ambiente se deteriora. Por eso, la justicia constituye uno de los pilares esenciales del liderazgo.
Más allá del discurso, ¿qué barreras siguen enfrentando hoy las mujeres en posiciones de liderazgo en la región?
El principal problema no es únicamente lo que ocurre cuando las mujeres llegan a puestos directivos, sino todas las dificultades que encuentran para alcanzarlos. Persisten estructuras empresariales y culturales que favorecen a los hombres en los procesos de sucesión y promoción. Por ello, es necesario seguir impulsando redes de apoyo, mentoría y acompañamiento.
Muchas mujeres han llegado a posiciones de liderazgo gracias al respaldo de otras mujeres, pero también gracias al apoyo de hombres comprometidos con la igualdad de oportunidades. El avance requiere la participación de toda la sociedad.
En su experiencia, ¿recuerda alguna decisión difícil en la que la templanza haya sido más determinante que la rapidez o la intuición?
La crisis económica de 2008 fue uno de los momentos más difíciles de mi carrera. Habíamos realizado importantes inversiones y el contexto económico se desplomó repentinamente. En lugar de reaccionar desde el miedo, decidí reunir a todo el equipo para reflexionar sobre cómo afrontar la situación. Analizamos nuevas necesidades de los clientes, reformulamos servicios y diseñamos estrategias adaptadas al nuevo contexto. La experiencia fortaleció a la organización y demostró que la participación, la confianza y la visión colectiva pueden ser más efectivas que las decisiones impulsivas.
¿Qué capacidades serán indispensables para los líderes del futuro y qué consejo daría a los estudiantes de marketing y negocios de Humanitas?
La escucha, la anticipación y la capacidad de adaptación serán fundamentales. Los líderes deberán comprender las necesidades de sus clientes y responder a cambios impulsados por tecnologías como la inteligencia artificial. A los estudiantes les recomendaría mantener una actitud abierta al aprendizaje continuo, anticipar tendencias y construir soluciones para un entorno en constante transformación.
¿Puede contarnos brevemente cómo le fue con el congreso CEAPI 2026?
Ha sido un éxito. Más de 600 participantes, incluidos 120 ponentes, nos dan idea de la Fuerza de Iberoamérica, que era nuestro lema. Nos han acompañado los empresarios más importantes de nueve países, comenzando por México y Carlos Slim. Y ese mensaje es muy potente, porque respaldan el proyecto que representa CEAPI y esa idea compartida de Creer, crear y crecer en Iberoamérica.
De este Congreso me llevo la convicción de que, por primera vez en muchas décadas, Iberoamérica es consciente del lugar que puede y debe ocupar en el mundo; y de la irreversible decisión de sus empresarios de que nunca más en el futuro se hable de la “década perdida”.
Muchas gracias.
Los líderes deben ser capaces de establecer alianzas, dialogar con distintos actores, comprender las transformaciones globales y anticipar tendencias.
