AI WEIWEI: EL ENCUENTRO DEL ARTE Y EL ACTIVISMO

Ai Weiwei, Descending Light (Luz descendente), 2007. Museo Helga de Alvear, Cáceres, España. © Joaquín Cortés.

por Mariana Pérez

LA OBRA DE AI WEIWEI, MARCADA POR UNA PROFUNDA CONCIENCIA SOCIAL, DESDIBUJA LAS FRONTERAS ENTRE ARTE Y ACTIVISMO, Y POR MEDIO DE LA IMAGEN Y LA EXPERIENCIA SENSIBLE, SE ENFRENTA A LA INJUSTICIA Y DEMANDA UN MUNDO MEJOR.

Ai Weiwei, Vista de instalación en neugerriemschneider, Berlin, abril - junio 2011. © Ai Weiwei. Cortesía del artista y neugerriemschneider, Berlin. Fotografía de Jens Ziehe, Berlin.

Ai Weiwei, The Unilever Series: Ai Weiwei Sunflower Seeds (La serie Unilever: semillas de girasol Ai Weiwei), octubre 2010 - mayo 2011. Tate Modern, London, UK. Fotografía @ Tate, London, 20[00].

Ai Weiwei, Surveillance Camera and Plinth (Cámara de vigilancia y pedestal), 2015. © Ai Weiwei. Cortesía del artista y neugerriemschneider, Berlin. Fotografía de Jens Ziehe.

Amamos este día, no porque no veamos su dificultad, no porque no veamos el hambre y la muerte. Amamos este día porque nos ha traído hasta aquí”. Son las palabras de un poeta chino denunciado como disidente del régimen de Mao Zedong y enviado junto con su familia a un campo de trabajos forzados, donde limpiaba letrinas y tenía prohibido leer y escribir. Ese poeta es Ai Qing y su hijo, Ai Weiwei (Pekín, 1957), uno de los artistas más prominentes y desafiantes del panorama artístico internacional. Como su padre, Ai Weiwei va a contracorriente y, aún en las circunstancias más adversas, defiende la dignidad de la vida humana. 

Su infancia y adolescencia estuvieron marcadas por el exilio político y el desarraigo, cuyos ecos aún resuenan en su vida errante —ha vivido en Shihezi, Pekín, Nueva York, Berlín, Cambridge y Portugal— y en el sentimiento de forastero que lo acompaña, incluso en su China natal. Esos primeros años de su vida le otorgaron una singular comprensión de la condición humana y una mirada crítica frente a la realidad sociopolítica actual. El mismo Ai admite que no sería quien es hoy sin las dificultades de su infancia y que su lucha en favor de los derechos humanos no ha sido elegida, sino impuesta por los acontecimientos de su biografía. Es que si algo distingue su corpus creativo es que desdibuja las fronteras entre arte y activismo, manifestándose mordazmente contra el autoritarismo, la injusticia y la censura. 

Por medio de un lenguaje artístico multidisciplinario —performance, fotografía, escultura, instalación, arquitectura, escritura, cine documental y hasta videos musicales—, Ai Weiwei retoma algunos aspectos de la tradición cultural china para abordar temas sociales, políticos y económicos de gran vigencia y relevancia internacional. Ejemplo de ello es Porcelain Pillar with Refugee Motif (2017), una columna formada por un conjunto de seis vasijas de porcelana ensambladas, que se manufacturaron en la antigua ciudad de Jingdezhen, famosa por su producción de porcelana para la corte imperial. Según los cánones estéticos tradicionales, las vasijas representan escenas relacionadas con lo que muchos han llamado “la crisis de los refugiados” pero Ai Weiwei prefiere llamar “la crisis humana”. Es un tema en el que el artista se ha involucrado profundamente, visitando más de 40 campos de refugiados en 23 países y elaborando documentales e instalaciones a gran escala.

Porcelain Pillar with Refugee Motif no fue la primera ni última vez en la que Ai Weiwei recurrió a la porcelana de Jingdezhen, símbolo de la identidad y la tradición artesanal de su país. En Sunflowers seeds (2010), cien millones de diminutas piezas de porcelana que representan semillas de girasol fueron realizadas por 1600 artesanos durante dos años y medio. Con un peso de más de 150 toneladas, las semillas cubrieron la superficie de mil metros cuadrados de la Sala de turbinas de la Tate Modern en Londres. Con esta pieza, Ai contrapone la esmerada y cuidadosa producción artesanal con la fabricación industrial en la que el “Hecho en China” se logra a costa de la salud y la vida de miles de asalariados que trabajan por centavos. Además, las semillas de girasol recuerdan los carteles de la Revolución Cultural que presentaban a Mao Zedong como el Sol y a la masa del pueblo como girasoles vueltos hacia su persona. Aquella masa, aparentemente idéntica a la distancia, revela su unicidad cuando se mira de cerca, como las semillas pintadas a mano y elaboradas mediante un minucioso proceso de treinta etapas. 

Continuamente, Ai recurre a la historia política de su país y a la memoria colectiva de su pueblo pues sabe bien que recordar es un arma de resistencia. En Descending Light (2007) una inmensa lámpara chandelier, introducida en China por influencia occidental y convertida en un ostentoso símbolo de poder y clase social, aparece desplomada en el suelo. Si algo sabe hacer bien este creador es derribar el orden establecido mediante un lenguaje simbólico contundente.

Su preocupación, empatía e involucramiento en los problemas de la sociedad actual no han pasado desapercibidos; no sólo ha recibido numerosos premios y reconocimientos en el ámbito artístico, sino otros como el Premio Embajador de Conciencia en 2015 por parte de Amnistía Internacional. Pero mientras en el mundo entero es apreciado, en su país la represión y censura no se han hecho esperar. Su voz crítica es la piedra en el zapato del gobierno chino que ha intentado acallar mediante hackeos, golpizas policiales, arresto domiciliario y encarcelamiento. Reflejo de ello es Surveillance Camera and Plinth (2015) y otras obras que aluden a la vigilancia constante por parte del gobierno chino, incluso la instalación de cámaras de seguridad y dispositivos de escucha en su casa y estudio. 

El control político no afloja pero él no se doblega. Ante una realidad siniestra, su grito se alza aún más fuerte. A sus 65 años se confirma imparable. Es el hombre que ha convertido el arte en un impostergable grito de protesta, en desafío y disidencia, en conciencia y responsabilidad. Es el hombre que, con todos los medios a su alcance, lucha por un mundo mejor.  

Ai Weiwei, Porcelain Pillar with Refugee Motif (Pilar de porcelana con motivos de refugiados), 2017. © Ai Weiwei. Cortesía del artista, Lisson Gallery y neugerriemschneider, Berlin. Fotografía de Jens Ziehe.

[…] si algo distingue su corpus creativo es que desdibuja las fronteras entre arte y activismo, manifestándose mordazmente contra el autoritarismo, la injusticia y la censura.

Ai Weiwei, Descending Light (Luz descendente), 2007. Museo Helga de Alvear, Cáceres, España. © Joaquín Cortés.

Mariana Pérez es historiadora del arte. Trabaja en proyectos editoriales y de educación artística y cultural.

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