por Carlos Pla Casamitjana
imágenes de Greg Dunn
La salud cerebral también se construye a partir de pequeños hábitos. A la luz de la neurociencia, el Doctor Pla Casamitjana explora cómo el equilibrio cotidiano puede reducir el riesgo de enfermedades cerebrovasculares y favorecer una vida más larga y saludable.
Un ejecutivo de 52 años desayunaba cuando sintió una sensación de leve hormigueo en la cara y la mano. Pensó que era solo estrés y fatiga y se fue a su oficina. Horas después recibió un disgusto intenso, su brazo se paralizó y perdió el habla. Llegó a urgencias con una hemorragia cerebral y a partir de ese momento, su vida cambió para siempre: adquirió una discapacidad permanente, no podía hablar ni mover el brazo y apenas esbozos de movimiento en la pierna. No pudo trabajar más, ni producir ni disfrutar de una vida normal. Lo más trágico de la situación es que se pudo haber prevenido.
Su presión arterial y azúcar altas habían erosionado sus arterias como una presa sin mantenimiento que, tras décadas de abuso, cede ante la menor presión cuando aparece una pequeña grieta que la derrumba tras una cascada de eventos destructivos. La enfermedad vascular cerebral es la primera causa de discapacidad en el mundo pero ocho de cada diez casos son prevenibles. Actualmente, más de 80 millones de personas viven con secuelas de un daño vascular cerebral, una realidad que cuesta más de 890 mil millones de dólares anualmente.
Desde la neurociencia, la templanza no es un concepto moral, sino un fenómeno biológico medible en la corteza prefrontal dorsolateral, nuestro “freno cerebral”. Esta área se interpone entre el impulso primitivo (el sistema límbico) y la acción. Lejos de ser una privación ascética o irse a vivir a una cueva a comer lechuga, la templanza nos invita a practicar el arte de la dosis justa. Es la inteligencia aplicada al placer y la madre de todas las estrategias de longevidad: tomar vino pero no toda la botella; descansar pero no caer en la pereza; esforzarse pero no llegar al agotamiento extremo. Es un autocuidado con criterio que no lucha contra tus impulsos, los negocia.
El problema surge con el “síndrome del fin de semana”: restringirse toda la semana para luego caer en excesos alimenticios y de alcohol. Esto dispara la inflamación sistémica, altera la viscosidad sanguínea y rompe una sinfonía que debe estar sincronizada. Además, el estrés crónico y la ira activan el eje Hipotálamo-Pituitaria-Adrenal, liberando catecolaminas que “pican” y lesionan las paredes arteriales.
La templanza es, en esencia, el arte de usar el cerebro ejecutivo para proteger el cerebro profundo, al reducir esos picos de estrés oxidativo que son casi proféticos del daño cerebrovascular. Controlar la ansiedad y la ira no es debilidad, es la mayor muestra de fortaleza contra el envejecimiento cerebral. La moderación se puede lograr cultivando la templanza para regular nuestras emociones. El autocuidado físico se vuelve un escudo, la atención plena reduce los marcadores inflamatorios que son precursores del daño.
Para fortalecer este “músculo de la voluntad” y reducir el riesgo de daño cerebral, te propongo integrar estas microdecisiones cotidianas que actúan como una protección neuronal:
[La templanza] es un autocuidado con criterio que no lucha contra tus impulsos, los negocia.

Greg Dunn, Cerebellar Folia (Hojas cerebelosas), 2014-2016. Cortesía del artista.

Greg Dunn, Cerebellar Folia (Hojas cerebelosas), 2014-2016. Cortesía del artista.
- En la mesa (la regla de 80%): Come hasta estar satisfecho, no hasta reventar. Los atracones provocan picos de insulina que rigidizan los vasos sanguíneos. Prioriza grasas saludables (aguacate, aceite de oliva) que protegen el endotelio vascular.
- En el trabajo (límites que salvan): El estrés laboral mantiene tu cerebro profundo en alerta. Bloquea tu agenda diez minutos a media mañana y diez en la tarde para alejarte de las pantallas, mirar por la ventana y respirar. Esto reseteará tu sistema nervioso.
- En el ocio (descanso activo): Los maratones de series de diez horas favorecen el sedentarismo, un factor de riesgo independiente para el ACV. Descansa, pero intercala pausas de cinco minutos para caminar y reactivar la circulación.
- En las emociones (el semáforo de la ira): Antes de reaccionar desmedidamente ante un disgusto, haz una pausa. La ira descontrolada eleva la presión arterial de forma aguda. Si te domina, aléjate físicamente, bebe un vaso de agua fría y retoma la conversación cuando tu corteza prefrontal haya recuperado el freno.
Un estudio de la Universidad de Yale demostró que las personas con alta autorregulación tienen 40% menos de probabilidad de desarrollar hipertensión en diez años, independientemente de su genética. ¿La razón? Su sistema nervioso parasimpático (el de la calma) predomina sobre el simpático (el de lucha), manteniendo una presión arterial estable. Un cerebro que no sangra ni se infarta es un cerebro mucho más sano.
La templanza es la única pastilla sin efectos secundarios que puedes tomar varias veces al día. No es un don, es un hábito neuroplástico que se esculpe cada día. Te reto a probarlo esta semana: elige la dosis justa y tu sistema circulatorio te lo pagará con años de vida con calidad. La medicina del futuro no depende solo de los fármacos, sino de la gestión inteligente de nuestros hábitos. Conocer estos mecanismos es el primer paso, pero aplicarlos requiere leer las señales de tu propio cuerpo antes de que sea tarde.

Greg Dunn, Action Potential (Potencial de acción), 2021. Cortesía del artista.
La templanza es la única pastilla sin efectos secundarios que puedes tomar varias veces al día. No es un don, es un hábito neuroplástico que se esculpe cada día.

Greg Dunn, SR Sunburst (Resplandor solar), 2021. Cortesía del artista.
Carlos Pla Casamitjana es médico especialista en Neurología con más de 21 años de experiencia y una amplia trayectoria en el campo de las neurociencias, con especial interés en la enfermedad vascular cerebral, la neuroinmunología y las demencias. Cuenta con una maestría en Ciencias Médicas y un doctorado en Ciencias de la Salud. Además de su práctica clínica, ha liderado equipos multidisciplinarios a nivel nacional e internacional para diseñar, implementar y asesorar estrategias orientadas a la salud cerebral.
Greg Dunn es un artista y neurocientífico cuya práctica combina la investigación científica y las artes visuales para explorar la complejidad del cerebro. A partir de la neurociencia, el dibujo a mano y técnicas experimentales, sus obras transforman estructuras neuronales en composiciones de profundidad y belleza. Al hacer visible la arquitectura oculta del cerebro, su trabajo nos invita a una mirada más atenta hacia uno de los sistemas más complejos del cuerpo humano. www.gregadunn.com | Instagram @gdunnart