Arte y futbol: Once personas persiguiendo un balón

por Sofía Hinojosa

La cancha de futbol no es solo un espacio deportivo, sino una estructura simbólica. Su geometría y sus líneas configuran un ritual que organiza miradas. Hablar del balompié desde el arte permite abordarlo como fenómeno social, un entramado de símbolos, afectos y prácticas en el que lo individual se disuelve en lo colectivo. Por eso, muchas anécdotas sobre este deporte no tratan del juego, sino de lo que lo rodea: las personas, las conversaciones, los silencios, las risas. Más que goles, permanecen los vínculos.

Ayman Yossri Daydban, A Rock Garden in the Shape of a Full-Sized Soccer Field (Un jardín de rocas con la forma de un campo de fútbol de tamaño reglamentario), 2024. Proyecto presentado en Desert X AlUla 2024. Fotografías de Lance Gerber. www.desertx.org.

[…] este deporte no requiere de grandes arquitecturas, porque ahí donde el ser humano imagina una posible cancha, es capaz de construir comunidad. 

La pelota como objeto universal 

Desde la intuición, me atrevo a decir que la pelota es uno de los objetos más universales. En el futbol, es la protagonista. 

“Once personas persiguiendo un balón”, decía mi mamá mientras mi papá se abstraía del mundo enfrente del televisor. Pero no es solo el hecho de que los jugadores “lo persigan”, es el dispositivo que detona el movimiento. Mueve a los futbolistas, dirige la mirada de la afición, provoca la emoción detrás de un gol anotado o fallado. Es el pretexto para correr en el recreo y el mejor amigo de un niño aburrido. En su aparente simpleza, la pelota condensa deseo, energía y expectativa. 

Gabriel Orozco, para Balones acelerados (2005), pasó años recolectando balones usados. Cuenta la anécdota que muchos provenían del patio de su vecina que los recibía de la secundaria colindante; otros fueron donados por Pumitas a cambio de balones en mejor estado. Cada uno viene cargado de su propia historia, de desgaste, de tiempo. Con estos balones, Orozco intervenía el cuero trazando círculos y óvalos, poniendo el ojo en el paso del tiempo y transformando un símbolo cargado de uso en objeto de contemplación. 

La camiseta y la identidad colectiva

Una de las videoinstalaciones más conocidas de Ingeborg Lüscher es Fusion (2001). En ella, dos equipos de futbol juegan sin camisetas: en lugar de colores que los identifiquen, visten trajes de diseño italiano. Al inicio, el gesto parece absurdo, pero conforme avanza el partido, algo se descompone. Las reglas se vuelven difusas, los equipos se mezclan, el juego se desordena. La emoción permanece, pero ya no queda claro quién juega para quién. Todo empieza a parecerse menos a un partido y más a una coreografía extraña en la que la competencia y el negocio se camuflan, y el individuo se diluye a favor de una identidad corporativa.

Así, lo que Fusión exhibe no es una exageración, sino una traducción bastante fiel de ciertas dinámicas laborales. Las reglas cambian en esos espacios, las alianzas son estratégicas y temporales, mientras el individuo, como los jugadores sin camiseta, es intercambiable.

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Vi la final del Mundial de Qatar 2022 con mi mamá y mi hermana, a la que no le podría importar menos el deporte. Alguien en el restaurante dijo: “es LA FINAL”, a lo que mi hermana, con asombro pero convencida preguntó: “¿para siempre?” Reímos. 

Imaginar el fin del futbol es imposible. Porque aun cuando termina el partido, el torneo, el recreo, algo del juego permanece: la cancha vacía, el balón usado, la historia olvidada, el uniforme ausente. 

Y entiendo que lo que me interesa no es el futbol en sí, sino lo que activa más allá de los 90 minutos.

La cancha

Debió ser el Mundial de 2002; el maestro de cuarto de primaria detuvo la primera clase para escuchar por la radio de su coche un partido de México. Veintitantos niños reunidos alrededor de un auto imaginando el juego.

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En el desierto de Al-Ula, un espacio rocoso donde parece no tener cabida lo humano, el artista Ayman Yossri dibuja una cancha de futbol en su obra A rock garden in the shape of a full-sized soccer field (2024). Es una cancha sin jugadores, afición, ni banderas, que hace eco al futbol llanero, ese que nos enseñó que cualquier pedazo de tierra es un estadio en potencia. Al trazar círculos y líneas sobre la superficie volcánica, Yossri apunta al juego como un lenguaje universal, como en la fotografía de Graciela Iturbide tomada en las ruinas de Roma en 2006, que nos recuerda que este deporte no requiere de grandes arquitecturas, porque ahí donde el ser humano imagina una posible cancha, es capaz de construir comunidad.

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Sacando cuentas, mi anécdota sobre la radio está distorsionada, pues los horarios del Mundial Corea del Sur/Japón 2002 eran de madrugada. Debió ser en otro momento o torneo. Sin embargo, lo que importa es la memoria de aquellos niños amontonados en un coche para capturar el relato de un partido. 

Futbolistas y perspectiva de género 

Debo confesar que me generan antipatía los futbolistas que festejan un gol colocando el balón bajo el jersey. Ese gesto, aparentemente inocente, revela una apropiación simbólica del cuerpo y la experiencia de las mujeres. Gestar, cuidar, sostener y transformar no son metáforas: son experiencias encarnadas que se superponen con la vida profesional. Entre esa distancia se abre una fisura: la de una carga invisible que se multiplica y que atraviesa la historia del futbol femenil.

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Dechado de impedimentos (2025) de Sofía Echeverri, comisionada por el Museo Jumex para la exposición Futbol y Arte: Esa misma emoción, examina críticamente los relatos construidos en torno a las mujeres y las formas en que el patriarcado ha delimitado sus espacios, particularmente en el ámbito de los cuidados. 

A partir de la historia del futbol femenil —vetado profesionalmente para las mujeres hasta finales del siglo XX—, la obra recupera un episodio casi borrado de la memoria colectiva: la participación de la selección femenil de México en los Mundiales de 1970 en Italia y 1971 en México. Aunque Dinamarca ganó ambas Copas, la selección mexicana de María Eugenia Rubio “la Peque” y Alicia “la Pelé” Vargas, fue tercer y segundo lugar, respectivamente. Echeverri retoma estos episodios para construir una memoria alternativa a partir de bordados sobre textiles que establecen una metáfora entre la destreza manual, asociada a lo doméstico, y el profesionalismo de las atletas, evidenciando una brecha de género gigante, pero celebrando el arrojo de esas pioneras y las labores de cuidado, las domésticas y la vida sostenida en paralelo. 

Sofía Echeverri, Dechado de impedimentos, 2025. Proyecto comisionada por el Museo Jumex para la exposición Futbol y Arte: Esa misma emoción. Museo Jumex, 2026. Fotografía de Ramiro Chaves.

En su aparente simpleza, la pelota condensa deseo, energía y expectativa.

Gabriel Orozco, Balones acelerados, 2005. Cortesía del artista y Museo Jumex, Ciudad de México.

[…] aun cuando termina el partido, el torneo, el recreo, algo del juego permanece: la cancha vacía, el balón usado, la historia olvidada, el uniforme ausente. 

Todas las imágenes son de Marco Arce, 2025. Galería López Quiroga. Parte de la exposición Futbol y Arte: Esa misma emoción. Museo Jumex, 2026. La obra de Marco Arce combina procesos tradicionales y herramientas digitales para explorar nuevas posibilidades volumétricas del dibujo y la pintura. Realizadas con pigmentos molidos a mano y transferidas mediante la técnica del spolvero, estas piezas presentan composiciones de un balón de fútbol que estudian su forma tridimensional y sus connotaciones simbólicas vinculadas a la diversidad cultural del juego.

Ingeborg Lüscher, Fusion (imágenes fijas de video), 2001. ©Ingeborg Lüscher. Cortesía de videoart.ch.

Sofía Hinojosa estudió Arte en La Esmeralda. Ha expuesto de manera individual en la Ciudad de México en Salón Silicón y en Tabasco 258. Su trabajo ha sido parte de exposiciones colectivas en México y el extranjero. Recibió el apoyo del programa FONCA Jóvenes Creadores. Su obra se ha incluido en la Colección Jumex Arte Contemporáneo, Family Servais Collection, Fundación Calosa y colecciones particulares. Fue parte del colectivo Operación Hormiga (2015-2019).