Misiones espaciales

Misiones espaciales: mirar al cielo para entender la Tierra

por Miriam Carrillo Barragán
imágenes de Shane Drinkwater

Más allá de ser espectáculos mediáticos, las misiones espaciales son ejemplos auténticos de colaboración humana y de esfuerzo científico y tecnológico. Esta acumulación de saberes y trabajo compartido a lo largo de la historia probablemente las convierte en una de las aventuras más significativas y emocionantes de la humanidad.

De la ficción a la realidad

En 1865, Julio Verne imaginó un cañón gigante que lanzaba una cápsula con tres pasajeros rumbo a la Luna. Curiosamente, eligió Cabo Cañaveral como punto de lanzamiento; un siglo después, en ese mismo lugar despegaron las misiones Apolo. Sus relatos sembraron ideas en generaciones que luego diseñaron cohetes, satélites y naves reales.

¿Qué implica una misión espacial?

Cuando pensamos en misiones espaciales, imaginamos cohetes despegando en películas de Hollywood o en los lanzamientos espectaculares de la empresa SpaceX. Sin embargo, una misión espacial es mucho más que un espectáculo. Es un esfuerzo científico y tecnológico que requiere planear con precisión cada detalle de una expedición para explorar el espacio. Implica el diseño y desarrollo de tecnologías, una inversión económica considerable, la colaboración de personas especialistas en diversas áreas, y sobre todo, generar conocimientos e innovaciones que también tienen impacto y beneficios en la Tierra.

Tipos de misiones espaciales 

Existen dos grandes tipos de misiones espaciales: las tripuladas por personas que viajan y trabajan en el espacio en condiciones extremas, poniendo a prueba la adaptabilidad y resistencia humana para realizar tareas manuales y científicas en un entorno hostil, tomar decisiones críticas en cuestión de segundos, soportar los efectos de la microgravedad y la radiación en el cuerpo, además de enfrentar el estrés psicológico del aislamiento y el confinamiento. Además, al regresar, la recuperación física exige tanto como el propio viaje. Todo esto las convierte en una hazaña científica y logística de enorme complejidad y altos costos.

Por otro lado, las misiones no tripuladas están protagonizadas por naves, sondas robóticas y satélites que viajan mucho más lejos, donde aún no podemos enviar personas. Estos exploradores mecánicos resisten temperaturas extremas, viajan durante años o décadas y envían información invaluable sin necesidad de regresar. Gracias a ellas conocemos la superficie de Marte, los anillos de Saturno, la composición de cometas y hasta los confines del Sistema Solar. Son los ojos y las manos de la humanidad más allá de nuestro planeta. 

Colaboración internacional y avances históricos

Detrás de cada lanzamiento, tripulado o no, hay una auténtica orquesta de disciplinas trabajando en armonía. Personas ingenieras, científicas, técnicas, programadores y especialistas de distintas áreas formando un mosaico humano de talento que investiga, diseña, crea, prueba, mide, propone y sueña. A su lado, agencias espaciales, universidades, empresas privadas y centros de investigación de diversos países suman esfuerzos en un propósito común que convierte a la exploración espacial en una aventura cultural, colectiva y profundamente humana, capaz de trascender fronteras.

Lo que alguna vez imaginó Julio Verne, hoy es una realidad: desde el lanzamiento de Sputnik, el primer satélite artificial, pasando por el primer ser humano en viajar al espacio, las misiones Apolo que llevaron a la humanidad a la Luna, las sondas Voyager que exploraron nuestro vecindario cósmico, hasta la Estación Espacial Internacional, fruto de la colaboración entre cinco agencias espaciales. Pero la historia no termina aquí, el programa Artemisa busca regresar a la Luna para establecer una colonia, impulsado por equipos multidisciplinarios donde la participación de las mujeres es protagónica, marcando un nuevo capítulo en la exploración espacial. Por otro lado, el telescopio espacial James Webb ha revelado las galaxias formadas poco después del Big Bang, estudiado atmósferas de exoplanetas en busca de lugares semejantes a las Tierra y ha mostrado, con un detalle sin precedentes, el nacimiento de estrellas y sistemas planetarios. Sin duda, ha transformado nuestra mirada ampliando nuestro conocimiento del universo. 

Misiones espaciales

Shane Drinkwater, Untitled (Sin título), 2025. Cortesía del artista.

Misiones espaciales

Shane Drinkwater, Untitled (Sin título), 2020. Cortesía del artista.

[…] una misión espacial es mucho más que un espectáculo. Es un esfuerzo científico y tecnológico que requiere planear con precisión cada detalle de una expedición para explorar el espacio. 

Misiones espaciales

Shane Drinkwater, Untitled (Sin título), 2025. Cortesía del artista.

El papel de México en la exploración espacial

Aunque estos avances parecieran pertenecer solo a grandes potencias espaciales, México también juega un papel relevante gracias a su trayectoria en proyectos de investigación y desarrollo espacial. Nuestro país destaca en el diseño y lanzamiento de nanosatélites, como la serie UNAM-Espectro y Morelos-SAT, en el desarrollo de mini robots y prototipos lunares mediante el proyecto Colmena, así como investigaciones en medicina espacial, psicología y el derecho espacial, que preparan marcos legales y humanos para futuras misiones. 

Asimismo, la Agencia Espacial Mexicana, en colaboración con instituciones educativas, museos y grupos de divulgación, promueve la divulgación de las ciencias espaciales para inspirar vocaciones científicas, despertar la curiosidad por el universo y formar a futuras generaciones por medio de programas educativos, talleres, conferencias y concurso de innovación tecnológica, fomentando una cultura científica participativa en todo el país. 

Entender la Tierra desde el espacio

Explorar el espacio no es solo descubrir cómo llegar, sino preguntarnos por qué queremos hacerlo. Cada lanzamiento, cada órbita y cada aterrizaje nos recuerdan que mirar al cielo no es escapar de la Tierra, sino entenderla y cuidarla mejor. En ese viaje, la ciencia nos lleva a otros mundos y nos devuelve preguntas sobre el nuestro.

Nuestro país destaca en el diseño y lanzamiento de nanosatélites, […] en el desarrollo de mini robots y prototipos lunares […], así como investigaciones en medicina espacial, psicología y el derecho espacial, que preparan marcos legales y humanos para futuras misiones. 

Misiones espaciales

Shane Drinkwater, Comets, Asteroids & Meteors (Cometas, asteroides y meteoros), 2024. Cortesía del artista.

Miriam Carrillo Barragán es física, museóloga y divulgadora del conocimiento. Fue curadora educativa en Universum Museo de las Ciencias y subdirectora de Vocaciones Científicas en Conahcyt. Ha impartido conferencias, participado en medios y colaborado en programas de la NASA. Nominada por la Embajada de Estados Unidos al Programa de Liderazgo para Visitantes Internacionales, impulsa la participación de niñas y jóvenes en STEM. Recibió un reconocimiento de la Cámara de Diputados por promover vocaciones científicas en la infancia y juventud. Actualmente coordina el Departamento de Fomento del Conocimiento en la UAM.

Shane Drinkwater es un artista australiano que utiliza la pintura como lenguaje para dar forma a ideas e imágenes que surgen en el acto creativo. Trabajando con un repertorio específico de elementos visuales, busca generar obras de mucha intensidad que se sitúan entre lo conocido y lo especulativo, evocando tanto la inmensidad del universo como la riqueza de nuestros mundos interiores. Sus pinturas celebran la curiosidad que impulsa el descubrimiento, invitando a reflexionar sobre el equilibrio entre la ambición, la responsabilidad y los horizontes infinitos de nuestras preguntas. Instagram @shane_drinkwater | https://shanedw.wixsite.com/shanedrinkwater