por Adriana Melchor Betancourt
La templanza también puede expresarse en la manera de construir una cultura del diseño: equilibrando innovación, memoria y experimentación. Durante dos décadas, Design Miami ha contribuido a transformar la forma en que entendemos los objetos, no solo como bienes de consumo, sino como expresiones culturales.
El año pasado Design Miami, la feria más importante dedicada al diseño, cumplió 20 años. Fundada en 2005 por Craig Robins y Ambra Medda, respondió al posicionamiento de Art Basel Miami y la efervescencia del Design District, una zona caracterizada por reunir tiendas de moda de alta gama, estudios de arquitectura, galerías dedicadas al arte contemporáneo y desde luego al diseño; un destino creativo y cultural. Después de dos décadas de trabajo ¿cómo este evento ha permeado y transformado la manera en la que vemos y experimentamos el diseño?
Convivimos todos los días con objeto. Sin embargo, no todos apelan a nuestra sensibilidad de la misma manera. Hay objetos de diseño que se convierten en colecciones y que narran historias sobre la cultura material. Design Miami es un evento enfocado en el diseño de los siglos XX y XXI que así como presenta piezas de alto valor histórico también apuesta por la innovación. Es una importante oportunidad para acercarse a las propuestas más experimentales y arriesgadas, pero también para apreciar de cerca piezas icónicas del diseño, que hoy consideramos como clásicos.
En sus inicios, cada edición de la feria nombraba a un diseñador o diseñadora del año. En 2005, la primera persona en recibir este homenaje fue la arquitecta y diseñadora británico-iraquí, Zaha Hadid, quien intervino el atrio del Edificio Moore con su célebre escultura Elastika. Otro momento memorable, fue cuando el diseñador japonés Tokujin Yoshioka diseñador del año para la edición de 2007 creó la instalación Tornado, que consistió en invadir un espacio del mismo edificio de 1921 con millones de popotes transparentes, simulando un fenómeno de la naturaleza. Esta pieza sería recreada en 2015 como una suerte de escenografía o museografía para la muestra de Yoshioka en el Museo de Arte de la Prefectura de Saga en Japón. Más adelante en 2009, Design Miami presentaría un programa para nombrar al Diseñador del futuro.
Design Miami ha crecido y expandido sus ediciones a otras partes del mundo. De esto da cuenta la iniciativa Design Miami In Situ que dialoga con distintos contextos como Basilea, Milán, Seúl, Shanghái, Aspen o Los Ángeles. De igual manera, ha apostado por fortalecer sus líneas curatoriales para crear dentro de la feria diversas programaciones específicas de exhibición, conversatorios, comisiones especiales, entre otros eventos. Una de estas iniciativas es Curio, cuyo nombre proviene del término “gabinete de curiosidades”; se trata de una plataforma en la que se invita a curadores, galeristas, diseñadores, arquitectos y demás creadores a presentar una intervención específica. Las propuestas pueden ser una exposición que muestre un cuerpo de trabajo de un despacho o diseñador en particular o una intervención más arriesgada que condense conceptualmente una idea o narrativa.
A veces las galerías que participan en la sección principal de la feria también lo hacen en Curio, pues les permite experimentar con formatos menos tradicionales y dar cuenta de su versatilidad. No obstante, esta plataforma es un buen escaparate para que las galerías más jóvenes participen con proyectos más arriesgados y puedan catapultarse.
La influencia de Design Miami ha incentivado un coleccionismo más comprometido con el desarrollo de un ecosistema único para el diseño. A la par ha permitido fortalecer el legado de los diseñadores en la historia cultural de la humanidad. Antes, el diseño era considerado algo meramente funcional que solo satisfacía una necesidad. Hoy día, se expande para a veces borrar los límites entre el arte y la exploración estética de los materiales, y nos invita a imaginar futuros no tan lejanos. Si lo situamos en el contexto mexicano, mucho nos resonará que la feria de arte contemporáneo más importante en nuestro país y en Latinoamérica incluya una sección de diseño en cada una de sus ediciones. No es casualidad.

Elastika de Zaha Hadid, ganadora de Designer of the Year Award en Design Miami 2005.
La influencia de Design Miami ha incentivado un coleccionismo más comprometido con el desarrollo de un ecosistema único para el diseño.

Medhi Dakhli, Design Miami 2.0 en Design Miami 2025, curada por Glenn Adamson. Cortesía de Jeanne Canto @jeannnes.
Convivimos todos los días con objeto. Sin embargo, no todos apelan a nuestra sensibilidad de la misma manera.

I Am A Monument (Soy un monumento) de Gallery ALL en Design Miami 2014..

Steven Young Lee, Design Miami 2.0 en Design Miami 2025, curada por Glenn Adamson. Cortesía de Jeanne Canto @jeannnes.

Uncertain Surfaces (Superficies inciertas) de Patrick Parrish Gallery y RO/LU en Design Miami 2014.
Design Miami es un evento enfocado en el diseño de los siglos XX y XXI que así como presenta piezas de alto valor histórico también apuesta por la innovación.

Anna Karlin en Design Miami 2024. Cortesía de Kris Tamburello.

Tina Frey para Design Miami 2.0 en Design Miami 2025. Cortesía de Jeanne Canto.

Sten Studio en Design Miami 2025. Cortesía de Jeanne Canto @jeannnes.

KOOIJ, Design Miami 2.0 en Design Miami 2025, curada por Glenn Adamson. Cortesía de Jeanne Canto @jeannnes.

Raise the Moral Studio en Design Miami 2023, Cortesía de James Harris.
Adriana Melchor Betancourt es historiadora del arte y curadora. Estudió la licenciatura en la Universidad Iberoamericana y la maestría en la Universidad Nacional Autónoma de México. De 2017 a 2022 trabajó en el área de Enlace y Curaduría de la Sala de Arte Público Siqueiros. Ha sido profesora en el Tecnológico de Monterrey y la Universidad del Claustro de Sor Juana; actualmente es docente en la Universidad Iberoamericana.
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