DE AMOR Y POLARIDADES

Todas las imágenes: Micaela Lattanzio, de la serie Fragmenta, 2013 - 2019. Cortesía de la artista.

por Fernanda Ballesteros

PENSADORES DE DIFERENTES ESCUELAS, COORDENADAS Y TIEMPOS, ENTRE ELLOS EL PSICOANALISTA ERICH FROMM, HAN DEDICADO REFLEXIONES PROFUNDAS AL AMOR Y A LA ARMONÍA QUE ENCONTRAMOS EN ÉL. TODOS ELLOS, DESDE SU SABIDURÍA, NOS INVITAN A ENSAYAR EL AMOR FUERA DE ESTRUCTURAS DICOTÓMICAS Y VIVIRLO EN UN ESFUERZO PERMANENTE POR LOGRAR UN FLUJO BALANCEADO.

Una nota es una gota de sonido; la melodía, un arroyo.

—La armonía —me explica un amigo músico— es lo que le va a dar temperatura, color, a ese flujo. Por ejemplo —dice, y se sienta en el piano— ésta es una melodía.

Mueve los dedos de una mano y sale una lluvia de música.

—Y la armonía es ésta —dice.

Coloca entonces la otra mano, alejada, y sale un caudal de nostalgia naranja, de saudade.

El amor tiene color, fluye y está vivo. Todos buscan esa armonía. Todos buscan la puerta que te aparta de la separatidad, la conciencia de tu entidad separada, de tu vida breve, sola y expuesta a los peligros de la naturaleza y la sociedad.

Pero la mayoría se concentra en ser amados y no en amar. Creen que el amor es un objeto, un premio, un estado perpetuo de locura y enamoramiento. Este argumento es uno de los iniciales en El arte de amar de Erich Fromm. La concentración de la gente en embellecerse, en tener éxito y dinero, en acumular puntos para ser más atractivos, cubre nuestra energía y no deja espacio para aprender el arte de amar. Porque es un arte, dice. Y como todo arte, requiere de técnica, práctica y de considerarlo un asunto fundamental, primordial en este mundo.

Fromm menciona estos dos errores comunes de la cultura occidental: la pareja como “trabajo en equipo” y la pareja como un acuerdo de satisfacción sexual recíproca. Soluciones frágiles, incompletas, cuando no sabemos irnos por la exploración de la infinitud de la personalidad del otro, el buceo al mar complejo que habita y que es la otra persona, ese mar que se puede unir con el mío para crear una armonía.

Para explicar el probablemente más complejo concepto de la humanidad, Fromm habla de la acción que abre la esfera del amor: el DAR. No es el dar de las cosas materiales, es el dar de lo humano. De ti mismo, de lo que sabes, de tu humor, de lo que te interesa, de lo que te motiva y de eso la otra persona se contagia y se abre ante ti como tú. “Algo nace en el acto de dar que las dos personas involucradas se sienten agradecidas a la vida que nace para ambas”.¹

Esto puede ser una respuesta al constante miedo que tenemos del amor no correspondido. Hay un pero. La otra persona tiene que comunicarse, como tú, desde el centro de la existencia, iluminado sin narcisismo, y el polo opuesto del narcisismo es ver las cosas con objetividad, tal como son, sin ese revestimiento nebuloso cuando vemos con los ojos de los sentimientos, deseos y temores.

Con las palabras de Simone Weil, Fromm pinta la idea sobre cómo se capta la profundidad de una persona, tanto de quien habla como de quien recibe:

Las mismas palabras [por ejemplo, un hombre dice a su mujer, ‘te amo’] pueden ser triviales o extraordinarias según la forma en que se digan. Y esa forma depende de la profundidad de la región en el ser de un hombre de donde procedan, sin que la voluntad pueda hacer nada. Y, por un maravilloso acuerdo, alcanzan la misma región en quien las escucha. De tal modo, el que escucha puede discernir, si tiene alguna capacidad de discernimiento, cuál es el valor de las palabras.²

[…] nadie es bueno ni malo, cada persona tiene aspectos de los dos polos que la esculpen en matices.

[…] la mayoría se concentra en ser amados y no en amar.

Antes de buscar reciprocidad, Fromm menciona la condición indispensable, paradójica y armónica, para la facultad de amar: la capacidad de estar solo. Desde esa soledad, también requerimos de melodías femeninas alzadas por notas masculinas, o al revés, la unión de ambas al interior de cualquier hombre y cualquier mujer es la contracción que es base de toda creatividad.

Para ahondar en polaridades, mencionemos la filosofía de Lao-Tse: la gravedad como raíz de la liviandad, la quietud como rectora del movimiento, el tao como el equilibrio al centro de la balanza de opuestos.

Fromm desmenuza también los antagonismos simultáneos del pensamiento brahmánico que van un poco más allá del taoísmo, y concluye que el par de opuestos no es la realidad en sí, sino percepciones de la mente humana: sabes que vives una relación asfixiante porque ya experimentaste una libre, sabes que estás enfermo porque ya estuviste sano, sabes de la oscuridad porque ya viste la luz.

El pensamiento brahmánico busca llegar a la percepción completa de la realidad mediante la trascendencia de uno mismo para así alcanzar a ver la mezcla de matices en los que se funden el amanecer, la mañana, el mediodía, el atardecer, el crepúsculo y las diferentes oscuridades de la noche y las estrellas.

De todo esto platico con la psicoanalista y terapeuta Gestalt, Gisela Chávez Murillo, y de los procesos que ejerce con los pacientes para despolarizar. Porque muchos de los conflictos del humano vienen de ese pensamiento dicotómico, y ella busca eliminar la rigidez en la clasificación de las personas y situaciones como buenas o malas, evolucionar a la integración de ambos, porque nadie es bueno ni malo, cada persona tiene aspectos de los dos polos que la esculpen en matices.

¿Hay armonía en esos matices que parecen lejanos a los opuestos que equilibran?

Fromm cita a Heráclito, cuando 500 años antes de Cristo confirmó que el conflicto entre los opuestos es la base de la existencia: en las tensiones opuestas está la armonía. Heráclito completó ese pensamiento con la idea de lo cambiante, de la armonía en movimiento, de tensiones en constante flujo: “nos bañamos en el mismo río, y, sin embargo, no es el mismo; somos nosotros y no somos nosotros”.

Somos un fluir. Nuestra mejor potencia está ahí, en ser ese río para dar, para amar. 

BIBLIOGRAFÍA

Fromm, Erich. El arte de amar: una investigación sobre la naturaleza del amor. España: Paidós, 2000.

Micaela Lattanzio es una artista y fotógrafa italiana que explora la idea de fragmentación de la identidad humana, y en específico la femenina. Por medio de retratos deconstruidos en fracciones, nos invita a reflexionar sobre la idea del yo más allá de concepciones dualistas y a sumergirnos en la complejidad y riqueza de la condición humana. De esta manera, la obra de Lattanzio nos lleva por un viaje interno y al mismo tiempo expresa la sociabilidad y nuestra necesidad del otro para encontrar el equilibrio. www.micaelalattanzio.com | Instagram @micaelalattanzio

Fernanda Ballesteros es escritora, pintora y documentalista en temas psicológicos, históricos y sociales.

1. Erich Fromm, El arte de amar: una investigación sobre la naturaleza del amor (España: Paidós, 2000), p. 26.
2. Erich Fromm, op cit., p. 41.

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