UN TEMPLO EN CUATRO REALIDADES

American Colony, Departamento de fotografía. Atenas. El Partenón (Atenas, Grecia), 1900. [Aproximadamente hasta 1920]. Vía Library of Congress www.loc.gov/item/2019705906.

por Jorge Vázquez Ángeles

UN RECORRIDO BREVE Y RICO POR ALGUNOS EDIFICIOS CLÁSICOS HACE EVIDENTE EL LAZO ESTRECHO QUE EXISTE ENTRE EL ESPÍRITU DE UN TIEMPO, LA NECESIDAD DE CULTO Y LA FLEXIBILIDAD DE LA REALIDAD ARQUITECTÓNICA.

Qué es la realidad y de qué está hecha: construcción social o representación mental? Muchos grandes pensadores, desde Platón hasta Baudrillard, han tratado de contestar estas preguntas: de la alegoría de la caverna a la realidad vista como un simulacro. No nos pongamos filosóficos, el espacio no alcanzaría para realizar un esbozo.

La arquitectura es una disciplina que nos permite captar la realidad, entendida como lo que puede percibirse por medio de los sentidos. No hay nada más real que una casa, un rascacielos o un puente. Sin embargo, ¿qué pasa cuando, con el tiempo, las costumbres y los modos de vida cambian y la función original de una construcción debe adaptarse para estar acorde a la nueva época? Parafraseando a Lavoisier, la realidad no se crea ni se destruye, solamente se transforma.

Las obras clásicas, ésas que proceden de los modelos griegos y romanos, son un buen ejemplo para explicar la flexibilidad de la realidad arquitectónica. El Partenón es la esencia de lo armónico. Su sencillez estructural —una techumbre a dos aguas sostenida por columnas—, la belleza de sus proporciones y las columnas usadas (dóricas, jónicas o corintias) lo convirtieron en la solución para rendir culto a los dioses.

Los romanos, cuyos métodos constructivos se basaban en el arco de medio punto y no en el sistema de columna y dintel griego, continuaron erigiendo templos a imagen y semejanza del Partenón, como la Maison Carrée, en Nimes, Francia. Se trata de un templo hexástilo pseudoperíptero —tiene seis columnas corintias en el pórtico; el resto se encuentran embebidas en los muros (pilastras)—, sobre un podio. Aunque con pocas modificaciones, este modelo se retomó en el periodo neoclásico (siglo xviii), la edad de la Ilustración, desde otra óptica.

En los templos griegos y en los romanos las ceremonias se realizaban en el exterior; sólo los sacerdotes podían entrar a la cella, sitio donde habita el dios. Los neoclásicos asumen una postura más inclusiva en la Madeleine, en París, un ejemplo claro y a la vez atípico. Terminada en 1842, tras un largo proceso de construcción interrumpido por la Revolución Francesa, Napoleón pensó en convertirla en el Templo de la Gloria, donde se reconocería a los ejércitos franceses en la conquista de Europa. Las derrotas del emperador dieron al traste con el plan de celebrar indirectamente a Marte, por lo que el proyecto se concluyó como iglesia en 1842. Al carecer de cúpula y de ventanas para iluminar el interior, el edificio cuenta con cuatro tragaluces en la techumbre a dos aguas, debidamente disimulados mediante óculos. La Madeleine es un templo con un pórtico octástilo y seudodíptero, pues sólo tiene una fila de columnas alrededor de la cella.

La democracia estadounidense supo exaltar el espíritu patriótico mediante los modelos clásicos, más aptos para representar el poder del pueblo que nació, justamente, en Grecia. En lugar de ser espacios cerrados, íntimos y oscuros, estos sitios de la democracia estarían abiertos para todos. Thomas Jefferson descubrió la fuerza del templo en la Maison Carrée, que visitó en persona, y que le sirvió como inspiración para el Capitolio de Virginia.

Se trata de una copia casi exacta del original, con la adición de ventanas entre las pilastras y en la pared del pórtico. En la litografía del proyecto, hay una escalinata lateral y un podio también con vanos, lo que significa que se aprovecharía como un entresuelo, dando mayor espacio a las dependencias de un edificio de gobierno. Un caso similar de la transformación del templo griego en sede de gobierno es el Ayuntamiento de Birmingham, en Reino Unido, obra de Joseph Hansom. Levantado sobre un podio almohadillado con ventanas, como en un palacio renacentista, este edificio repite el estilo de La Madeleine, pero en versión civil.

En arquitectura, la realidad posee una cualidad elástica. Un mismo modelo puede asumir cuatro realidades distintas. Ya sea para honrar a Atenea o Júpiter, o a la ley y la democracia, arquitectos de distintas nacionalidades y épocas crearon la representación del poder más allá de lo humano. 

La arquitectura es una disciplina que nos permite captar la realidad, entendida como lo que puede percibirse por medio de los sentidos.

Albert de la Hoz, Église de la Madeleine-Paris, 2009. Cortesía del artista. www.flickr.com/photos/heraldeixample | http://alauniversitat.blogspot.com.

Maison Carrée (Nimes, Francia), 1958. Donante Pierre Varga. Vía Fortepan https://bit.ly/3s4Yuys.

En arquitectura, la realidad posee una cualidad elástica. Un mismo modelo puede asumir cuatro realidades distintas.

Virginia State Capitol, Bank y 10th Street, Capitol Square, Richmond, Independent City, VA - (Fachada sudoeste del ala del senado, desde el pórtico del bloque principal mirando al noreste). Vía Library of Congress https://bit.ly/3cK2wWx.

Rich Marvin, Birmingham Town Hall, 2013. Cortesía del artista. www.flickr.com/photos/rich_marvin.

 

Jorge Vázquez Ángeles (CDMX, 1977) es arquitecto por la Universidad Iberoamericana. Desde 2003 se dedica a la literatura y la edición. Ha sido editor de las revistas Leemás y Tierra Adentro. Sus artículos pueden leerse en Casa del Tiempo de la Universidad Autónoma Metropolitana. Es el fundador del sitio metropolifixion.com.

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