por Ulises Bravo López
imágenes de Claire McArdle
El concepto de misión, proveniente del latín missio (“enviar” o “destinar”), está ligado a la idea de propósito. Más allá de su uso religioso, político o militar, también puede encontrarse en las filosofías antiguas, entre ellas, el epicureísmo, que se destacó por otorgar a la misión un sentido terapéutico para liberar al ser humano de miedos y angustias, y así, alcanzar la serenidad.
El concepto de misión y su origen etimológico
¿De qué hablamos cuando hablamos de misión? Todo dependerá del contexto, porque no es lo mismo hablar de una “misión evangelizadora”, de una “misión de paz” o de una “misión imposible”. La primera tiene un sentido religioso; la otra, político; la última, fantasioso, si se quiere. Lo que es cierto es que a estos tres tipos de “misión” subyace la idea de propósito o fin.
Misión es una palabra de origen latino proveniente del verbo mitto que significa “enviar, arrojar o dejar ir”, delimitada, en principio, al campo de lo civil y militar, pero que podemos asociar con el fin o con el propósito de las filosofías antiguas. En comparación con los sistemas filosóficos modernos, que tienden más a la mera especulación metafísica, las filosofías antiguas desarrollaron un complejo sistema de pensamiento puesto al servicio de un objetivo muy particular. Por eso se consideraban filosofías teleológicas, es decir, con un fin específico. Telos en griego significa “fin” y una traducción latina bien podría ser missio, de donde nos viene la palabra misión.
La finalidad en las filosofías antiguas
Platón consideró que el fin de toda acción humana era la belleza; Aristóteles, la felicidad. En una bella comparación Séneca dice que, a diferencia de los soldados que pueden arrojar las armas y rendirse, el filósofo no puede ser favorecido por esta gracia porque su objetivo es morir invicto y, no derrotado por las pasiones o los afanes mundanos, alcanzar algo así como un estado de gracia, lleno de beatitud e impasibilidad. Séneca era un estoico y la misión de esta filosofía era la “apatía”, pero no como la entendemos ahora, de manera negativa, sino, más bien, como una virtud que permitía mantener una distancia emocional con la realidad y, en consecuencia, un estado de ecuanimidad absoluta.
La filosofía epicúrea y la búsqueda de la ataraxia
Algo similar planteaba la filosofía epicúrea cuya finalidad era la “ataraxia”, es decir, la imperturbabilidad anímica. Este sistema filosófico tenía una misión terapéutica y liberadora pues buscaba despojar a los humanos de los miedos vanos y sin fundamento que los aquejaban: el miedo a los dioses, a la muerte, al dolor y a la infelicidad. Pero alcanzar la tranquilidad anímica y mental pasaba necesariamente por el conocimiento de la naturaleza, de sus principios y de las causas que se derivaban de ellos. Epicuro advirtió que el principio de toda naturaleza eran los átomos. Es decir, entendió que el fundamento de la vida era material y que, en consecuencia, el alma también lo era, lo que limitaba toda supersticiosa potestad de la religión sobre la vida humana. Si el alma muere es imposible que haya vida después de la muerte; y si esto es así, no hay por qué temer el castigo divino. Por otro lado, el dolor y la infelicidad, decía, son consecuencia de deseos innecesarios: toda expectativa desmedida trae aparejado el sufrimiento y la frustración.
El tetrafármacon como herramienta de libertad
Vilipendiada y malentendida durante siglos, la filosofía epicúrea fue considerada promotora de excesos, de placeres inmediatos y de ateísmo. Nada más alejado de la realidad. Su misión era la virtud, sinónimo de paz anímica y mental, y el placer que esto traía consigo. Cumplir esta misión suponía poner en práctica todos los días una serie de aprendizajes filosóficos conocidos como tetrafármacon, cuatro preceptos fundamentales, cuya repetición mitigaba los miedos vitales: no debemos temer a los dioses porque no intervienen en la vida de las personas; la muerte no debe angustiarnos porque cuando llega nosotros hemos partido; el dolor siempre puede soportarse porque si es intenso es breve y si es largo suele ser llevadero; y, finalmente, la felicidad es completamente alcanzable siempre que eso signifique la satisfacción de lo esencial.
En conclusión, el epicureísmo fue, como las demás filosofías helenísticas, un sistema de creencias y de prácticas cuya misión era enseñar a pensar y, sobre todo, a vivir en libertad y sin miedo.

Claire McArdle, Venus, 2012. Fotografía de Clarity/David Blumberg.

Claire McArdle, Tara, 1995. Fotografía Clarity/David Blumberg.
Misión es una palabra de origen latino proveniente del verbo mitto que significa “enviar, arrojar o dejar ir”, delimitada […] al campo de lo civil y militar, pero que podemos asociar con el fin o con el propósito de las filosofías antiguas.

Claire McArdle, Angel (Ángel), 2024. Fotografía de Clarity/David Blumberg.
[…] alcanzar la tranquilidad anímica y mental pasaba necesariamente por el conocimiento de la naturaleza, de sus principios y de las causas que se derivaban de ellos.
Ulises Bravo López es doctor en Literatura Hispánica por el Colegio de México y licenciado y maestro en Letras Clásicas por la Universidad Nacional Autónoma de México. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Sus principales intereses son la poesía y la filosofía latinas y la tradición clásica en el Siglo de Oro y la Nueva España.








