por Carlos Ricardo Cruz Mendoza
imágenes de Anna Ridler
En este texto el autor presenta un panorama nacional e internacional de cómo diversas instituciones académicas han asumido la misión de incorporar la IA a sus programas, apostando por prácticas éticas y de alfabetización que impulsen el pensamiento crítico, faciliten procesos complejos y amplíen la inclusión en las aulas.
Una revolución en las aulas
En los últimos años, la IA ha pasado de tener un papel secundario a ser un actor central en los procesos de enseñanza y aprendizaje. Esto se debe en gran medida a herramientas de IAGen (Inteligencia Artificial Generativa) como ChatGPT, que han logrado redefinir la manera en la que docentes y estudiantes enseñan y aprenden. La interacción con estos sistemas capaces de generar, proponer y resolver problemas complejos ya no es un recurso complementario, sino una parte integral de la experiencia educativa.
En un estudio realizado por Fanning Balarezo et al. (2024) se identificaron las dos temáticas de mayor relevancia en torno a la IA: la ética en su aplicación y la necesidad de formación para su uso responsable y eficiente. Conscientes de esto, universidades y centros educativos han desarrollado programas específicos orientados a su enseñanza, a fin de responder a la necesidad de formar profesionales preparados para un entorno cada vez más rodeado de tecnología.
El panorama en México
En México, diversas universidades han comenzado a dar pasos significativos hacia la integración de la IA en sus planes académicos. Por ejemplo, la Facultad de Ingeniería y el Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas de la UNAM han creado la licenciatura en Ciencia de Datos. La Escuela de Ingeniería y Ciencias del ITESM ofrece la carrera de Ingeniería en Inteligencia Artificial y Ciencias de Datos, considerada pionera en México. El ITAM brinda la licenciatura en Ciencia de Datos, que integra estadística, matemáticas y computación para resolver problemas complejos. También sobresale la labor del Instituto Politécnico Nacional (IPN), que, mediante el Centro de Investigación en Computación (CIC), ha introducido una maestría y un doctorado, así como diplomados en áreas como Ciencia de Datos, Robótica e Inteligencia Artificial.
El contexto internacional
A nivel internacional, el panorama es aún mayor. La Universidad de Stanford ha inaugurado el Stanford Institute for Human-Centered Artificial Intelligence (HAI), cuyo objetivo es explorar cómo la IA puede integrarse de manera ética al servicio de la sociedad. En Europa, las universidades de Cambridge y de Oxford ofrecen programas de posgrado en IA y ética. Oxford, además, es la primera universidad del Reino Unido en ofrecer educación y acceso a IAGen a todos sus alumnos y académicos por medio de una versión educativa de ChatGPT que incluye seguridad y acceso empresarial.
Todo este panorama ha desencadenado una revolución que ha motivado a instituciones nacionales e internacionales a mejorar la misión educativa de sus centros y programas especializados, actualizándose y adaptando estas nuevas tecnologías.
Universidad Humanitas ha sido pionera […] al incluir en sus programas […] herramientas que van desde asistentes de redacción hasta plataformas de investigación y gestión del tiempo, así como guías para su uso responsable, con la intención de fomentar un pensamiento crítico, ético, responsable y reflexivo sobre el empleo de la IA.

Sougwen Chung, Flora Rearing Agricultural Network (F.R.A.N.) Series [De la serie Red Agrícola para el Cultivo de Flora], 2021. Cortesía de la artista.
La misión de la IA en el aprendizaje
Como la misión de todos estos centros educativos es formar profesionistas, investigadores y técnicos útiles a la sociedad, la IA debe potenciarla mejorando las habilidades, impulsando el conocimiento y abriendo nuevas rutas de aprendizaje. Asimismo, la IA debe ayudar a democratizar el acceso al conocimiento, promover la autonomía y ser transparente respecto de sus alcances y límites. Por esta razón, los distintos centros educativos deben alfabetizar en IA, es decir, enseñar a los alumnos a saber preguntar, verificar fuentes, reconocer sesgos, citar correctamente y en general, a saber decidir cuándo es adecuado hacer uso de ella. En particular, Universidad Humanitas ha sido pionera en el uso de IA al incluir en sus programas de estudio herramientas que van desde asistentes de redacción hasta plataformas de investigación y gestión del tiempo, así como guías para su uso responsable, con la intención de fomentar un pensamiento crítico, ético, responsable y reflexivo sobre el empleo de la IA.
Además de apoyar en la enseñanza y el aprendizaje, la IA debe ser utilizada para automatizar tareas administrativas que podrían aliviar la carga burocrática del profesorado. Sin embargo, el FMI ha advertido sobre el riesgo de que 60% de nuevos puestos de trabajo pudieran verse afectados por su uso. Por ello, la misión de estos centros educativos debe ser “dirigir y no ser dirigidos”, lo cual solo se resolverá si el alumnado, los académicos y los administrativos están abiertos a la innovación sin estancarse en una posición defensiva respecto de su uso.
La misión de la IA en el campo académico no debe sustituir las tareas de los profesores o los alumnos, sino ser un facilitador del pensamiento crítico, abrir las puertas al acceso a la información y estimular la creatividad en el aula. La IA y la educación deben buscar un espacio común en el que puedan crear juntos un objetivo determinado, que sea el del conocimiento como motor de transformación social.
Integrada con sentido y equidad, la IA puede ser la bisagra entre “enseñar de forma correcta” y una nueva lectura del aprendizaje, más personalizada, inclusiva y significativa. No pretende hacer desaparecer al maestro ni tampoco realizar las tareas del alumno, sino hacer mejores preguntas y recordarnos que, en definitiva, aprender está ligado a vivir.
A medida que nos adentramos más en este nuevo paradigma, los centros educativos que logren integrar a la IA de forma correcta estarán mejor ubicados para enfrentar estos retos y aprovechar mejor sus ventajas, asegurando un crecimiento en su calidad académica, innovación pedagógica e impacto social.

La interacción con estos sistemas capaces de generar, proponer y resolver problemas complejos ya no es un recurso complementario, sino una parte integral de la experiencia educativa.


Carlos Ricardo Cruz Mendoza cuenta con un doctorado en Ciencias de la Computación y es investigador SNI 1 adscrito al Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas (IIMAS) de la UNAM. Se desempeña como profesor en la Facultad de Ciencias y del Posgrado en Ciencia e Ingeniería de la Computación de la UNAM. Sus principales áreas de investigación incluyen inteligencia artificial, interacción humano-computadora, interacción humano-robot y sistemas de rehabilitación.








