Pasión por la educación, el arte y la cultura.
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Templanza en la arquitectura de Kengo Kuma

por Jorge Vázquez Ángeles

En la obra de Kengo Kuma, la arquitectura renuncia al protagonismo para integrarse al paisaje. Los edificios del creador japonés muestran que la templanza también puede construirse con tiempo, materiales y una atención paciente.

Fotografía © Fernando Guerra.

En una época en la cual la eficiencia se mide en productividad obsesiva, que un arquitecto se tome el tiempo necesario para decidir qué clase de arquitectura va a crear, choca con cualquier concepción que se tenga del oficio.

Fotografía © Fernando Guerra.

En La casa de verano, novela de Masashi Matsuie, una historia de amor se desarrolla en el caluroso verano japonés, cuando el estudio de arquitectura Murai se traslada a una cabaña en las faldas del monte Asama. Shunsuke Murai, el fundador del despacho, es un hombre que elige con cuidado sus batallas, porque antes que cantidad, prefiere dedicar todo el tiempo posible a los pocos encargos que acepta, para resolverlos con delicadeza y esmero. Esta lectura me hizo pensar en Kengo Kuma, una rara avis en el mundo de los starchitects, porque en un mundo frenético y acelerado, concebir la arquitectura como práctica y oficio capaz de convertirse en un remanso de paz suena utópico y es difícil de creer. El arquitecto nacido en 1954 ha contado varias veces que su despacho, como los demás, buscaba de manera incansable clientes y proyectos. Todo cambió durante la crisis económica que sacudió a Japón en la década de 1990. A partir de ello, Kuma optó por modificar su filosofía de trabajo pero, sobre todo, la manera de entender los desafíos de la arquitectura. Si Mies van der Rohe decretó el célebre menos es más, Kuma cinceló una nueva divisa: despacio es mejor. En una época en la cual la eficiencia se mide en productividad obsesiva, que un arquitecto se tome el tiempo necesario para decidir qué clase de arquitectura va a crear, choca con cualquier concepción que se tenga del oficio. Para Kuma, el diálogo con el sitio es fundamental, lo mismo que la comprensión de qué materiales deberá usar, si son artesanales mejor. Y, quizá lo más revolucionario, es que para este artista la arquitectura no solo es espacio, sino tiempo, entendido como el periodo de maduración de una idea. 

Esta actitud reposada, más analítica y tranquila es la templanza; el secreto del equilibrio, como dice Alejandro Jodorowski al referirse a ese arcano mayor de tarot. Y es que equilibrio es la palabra para definir el trabajo del arquitecto japonés, como es el caso del Museo Gulbenkian en Lisboa. Arte, arquitectura y paisaje se integran gracias al concepto de Engawa, una transición entre el interior y el exterior. Para ello, Kuma diseñó una cubierta con forma de arco invertido, recubierta con azulejos artesanales. Por debajo, tiras de madera de fresno crean un ambiente cálido y ligero que propicia reuniones y encuentros. Si bien se trata de la renovación de un edificio ya existente, Kuma dejó visible la antigua estructura, de tal forma que la contemplación de las vigas, trabes y tensores hacen posible una atmósfera delicada, ideal para dejarse envolver por el arte. Si las ciudades necesitan oasis verdes, este edificio lo ha logrado al prácticamente desaparecer entre los árboles y favorecer recorridos que permitan alejarse del ruido permanente de la ciudad.

Otro edificio que expresa con claridad la idea de templanza es el Nezu Museum, enclavado en la densa urbanización de Tokio. ¿Cómo se puede crear un ambiente de relajación, casi una iglesia para el arte, en una de las ciudades más pobladas del mundo? De nueva cuenta, el arquitecto envuelve las dos alas del museo con una serie de cubiertas a dos aguas, un claro guiño a la tradición nipona, especialmente de sus templos. El acceso, flanqueado por bambúes, dispone al visitante para la contemplación, al introducirlo en ambientes íntimos, a media luz, lo cual se amplifica en las salas de exhibición abiertas hacia el exterior mediante amplios ventanales de piso a techo. Maestro en el manejo de la unión entre el interior y el exterior, entre el arte y el paisaje, Kuma explica que el principal propósito de este edificio era crear un remanso en medio del ajetreo de la vida diaria y del interminable tránsito de la capital de Japón.

Cuando la arquitectura deja de competir por llamar la atención y aprende a convivir con el paisaje, dialogar con la luz y revelar la naturaleza de los materiales, alcanza esa forma de templanza que Kengo Kuma ha convertido en una ética del trabajo. En una época obsesionada con la velocidad y la productividad, su obra recuerda que la arquitectura también necesita tiempo para escuchar el lugar, comprender los materiales y permitir que una idea madure antes de convertirse en edificio. Porque, al final, la mayor belleza de la arquitectura quizá consista en desaparecer para dejar que el paisaje hable.

[…] para este artista la arquitectura no solo es espacio, sino tiempo, entendido como el periodo de maduración de una idea.

Fotografías © Fernando Guerra.

Fotografías © Fernando Guerra.

Fotografía © Pedro Cardigo

Fotografía © Fernando Guerra.

Fotografías © Fernando Guerra.

[…] arquitectura y paisaje se integran gracias al concepto de Engawa, una transición entre el interior y el exterior.

Kengo Kuma, Nezu Museum, Tokio, 2009. Fotografías © MItsumasa Fujitsuka.

Jorge Vázquez Ángeles es arquitecto por la Universidad Iberoamericana. Desde 2003 se dedica a la literatura y la edición. Ha sido editor de las revistas Leemás y Tierra Adentro. Sus artículos pueden leerse en Casa del Tiempo de la Universidad Autónoma Metropolitana. Es fundador del sitio www.metropolifixion.com

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