DE CÉLULAS, RESPIRACIÓN Y APRENDIZAJE

por Maricela Guerrero
imágenes de Johanna Goodman

Este texto entrelaza poesía, pensamiento budista y ciencia para invitarnos a cultivar un aprendizaje basado en la presencia plena y comprender que nuestro mundo interior y el que nos rodea son parte de lo mismo. Nuestras células y el movimiento de los astros están conectados por el poder de la palabra y la respiración.

Si escuchas o lees esto, gracias a cada una de tus células por estar aquí. Ahora imagina lo siguiente: oyes el ritmo de tu respiración como olas que se deslizan suavemente por la playa; rumores de inhalación y exhalación que te convocan a estar aquí. En esta maravillosa sensación de presencia, percibes el cordón umbilical que nace de tu ombligo, cálido y terso, vinculado aún con tu madre, diluyendo esa rara sensación de ser seres ajenos y separados. Al mismo tiempo puedes sentir la unidad con tus abuelas, ancestros y antepasados: micelios, lombrices, árboles, ardillas, caribúes, nauyacas, papagayos, orquídeas, salmonella, amibas. 

El cordón umbilical se extiende al sol y se multiplica en millones de hilos dorados que nos unen en una sedosa red de interconexiones, respira. El sol que es sol y provoca la danza de las nubes y la lluvia, te ilumina y entibia; mientras, el agua fluye cantarina por los ríos y llega a nuestras ollas y teteras, y nos alegra con el café o el té de las mañanas, las sopas, el helado, las paletas de hielo: nubes, rumores de agua que nos hermanan con los árboles, los pájaros, los peces: células que devienen células, sangre, lágrimas, saliva, aliento y vínculos innumerables con lo animado e inanimado del mundo: advierte ese manto de redes e interconexiones, escucha y siente su tersura, los sonidos, sus olores. Eso es el interser que brinda sentido de pertenencia al universo.

Inhala y agradece la certeza de que el mundo y sus naturalezas te habitan; exhala y constata que tus naturalezas habitan este universo en transformación y movimientos incesantes. Respira, gracias por estar aquí. 

Estas palabras han sido inspiradas por el maestro budista Thích Nht Hnh, quien entre muchas cosas ha dedicado su vida a abrir brechas para que las personas aprendan a cultivar sus mundos interiores con el fin de estar en comunión consigo mismas y con el mundo. Estas prácticas y aprendizajes no solo tratan de ir hacia adentro, tratan también de provocar cambios a nivel comunitario, colectivo y social. Entre otras acciones, estas prácticas han inspirado movimientos de resistencia y desobediencia civil para detener y atenuar los efectos de las guerras, como la de Vietnam. En estas épocas de desasosiego colectivo por la inminente crisis de nuestros entornos, me parece vital prestarles atención y lograr, como dice la maestra Szymborska, que el mundo tenga mejor suerte que la que ha tenido hasta ahora.

Desde el principio de los principios, la creación poética ha sido una forma de decir el mundo con el mundo: la poesía nos convoca a la presencia plena. A estar en comunión con nuestros sentidos y emociones, con el devenir de los pueblos, la traslación de los astros y el incesante cambio de las constelaciones. Este aprendizaje, que es fundamental para la estabilidad de las comunidades y las personas, se ha transmitido con el canto y la oración, mediante rituales en los que la voz adquiere una potencia transformadora. 

Quizá ningún poema pueda detener el calentamiento global, la tala de los árboles, el genocidio en Gaza o las desapariciones forzadas en los territorios de Abya Yala; no obstante, a pesar de los esfuerzos invertidos por tecnócratas y empresarios para imbuir a las personas en la ficción del individualismo y la desconexión, el poder de algunas palabras ha logrado preservar la conciencia de que estamos unidos con todos los seres animados e inanimados del universo. 

Aprender de los maestros y los ancestros, del ave y los microorganismos, de las algas, de la microbiota, aprender del aire y de la roca, aprender del todo, del universo; aprender de las células dentro y fuera que nuestra presencia es parte de este entramado universal en el que el sueño de toda célula es devenir célula y millones de ellas participan de esta: nuestra respiración.

Johanna Goodman, Placa núm. 385 de la serie The Catalogue of Imaginary Beings (El catálogo de los seres imaginarios), 2016 a la fecha. Cortesía de la artista.

Johanna Goodman, Placa núm. 42 de la serie The Catalogue of Imaginary Beings (El catálogo de los seres imaginarios), 2016 a la fecha. Cortesía de la artista.

Desde el principio de los principios, la creación poética ha sido una forma de decir el mundo con el mundo: la poesía nos convoca a la presencia plena.

Johanna Goodman, Placa núm. 216 de la serie The Catalogue of Imaginary Beings (El catálogo de los seres imaginarios), 2016 a la fecha. Cortesía de la artista.

Maricela Guerrero es una poeta mexicana, licenciada en Letras Hispánicas y maestra en Letras Latinoamericanas por la Universidad Nacional Autónoma de México. Su trabajo aparece en revistas como Letras Libres, Luvina, Revista El Humo, Armas y letras, Park, Blau Magazine, Kritiker, Poet y Tierra Adentro, entre otras. Editora invitada de La casita de mis sueños, Fundación Alumnos 47 en 2013, recibió el reconocimiento Poética 3 otorgado por Universitatät zu Köln e International Colleges Morphomata en 2017, en el Festival for World Literature.

Johanna Goodman es una artista e ilustradora radicada en Nueva York cuya práctica se centra en el collage. Su serie en curso, The Catalogue of Imaginary Beings (El catálogo de los seres imaginarios), iniciada en 2016, explora las intersecciones entre identidad, historia y cultura popular desdibujando los límites entre retrato e icono, evocando referencias a talismanes, tótems y mitologías colectivas, además de dialogar con el arte contemporáneo, el diseño y la edición. Las imágenes de Goodman se han expuesto en instituciones como el Smithsonian, la MTA de Nueva York y West Elm. www.johannagoodman.com | Instagram @johannagoodman