por Paul Antoine Matos
El proyecto La ruta de la diversión, desarrollado en el sur de nuestro país, busca crear espacios de alegría y entretenimiento para niños y niñas que viven en contextos vulnerables, ofreciendo momentos de escape, apoyo social y herramientas para abordar desafíos socioemocionales, haciendo de la risa una verdadera misión.
Alegría itinerante para las comunidades de Hecelchakán
A fines de 2024, Alam Caamal Chan, de Hecelchakán, Campeche, se propuso llevar un pequeño circo en camionetas de rediles a las 12 comunidades que conforman su municipio. Lo nombró: La ruta de la diversión. En ese lugar donde dos terceras partes de la población vive en pobreza y las infancias crecen con la mamá cocinando y el papá trabajando todo el día, quiso replicar la misma alegría circense que él vivió cuando era niño.
“Yo lo considero un reto, una prueba de resiliencia y de mucho amor al proyecto comunitario”, dice su fundador. Con pocos recursos, sobre todo donativos de los vecinos del municipio y del gobierno, lleva un grupo de payasos, equipo de sonido y dulces a las comunidades, una por mes.
“Siempre lo hacemos de la mejor manera, la mejor disposición. La organización es fundamental para ese tipo de proyectos y siempre intentamos extender todo a la hora, todo el lugar y es una experiencia preciosa desde recoger sillas, alistar equipo de sonido, ver dulces, ver todo lo que se va a ocupar hasta la hora de llegar, montar, iniciar el show y al final desmontar para poder regresar a casa. Me llevo una satisfacción enorme cuando los niños se acercan, agradecen, se divierten, ríen”.
Aunque las comunidades pueden ser cerradas, este proyecto ha permitido la unión con sus habitantes. Las mujeres apoyan con las palomitas, los comisarios tienen buena voluntad cuando se plantea el permiso para las canchas y aportan las sillas para las familias.
Intervención ante desafíos socioemocionales
Diana Yam, cofundadora de La ruta de la diversión, explica que cuando acudía a dar clases a las comunidades de Hecelchakán notó los problemas socioemocionales entre los jóvenes, motivo por el que planearon el proyecto. Para ella, es difícil enfrentar esas situaciones si no se hace desde la infancia. “Nos ha tocado hasta a nosotros mismos vivirlo, pero también es una comunidad aislada, sin internet, sin una psicóloga, sin un centro de salud apto, sin tener papás tan machistas ni unas mamás tan feministas, pues es muy difícil que ellos se abran a eso”, señala.
Analizaron que las infancias viven en entornos muy delicados y que muchas veces se saltan la niñez, porque los vicios como las drogas y el alcohol están presentes en la sociedad —no solo en las comunidades— pero las carencias en ellas hacen necesario intervenir.
En La ruta de la diversión muchos niños se dan el lujo de sentirse niños que disfrutan el truco de magia más sencillo. El proyecto busca “que los niños puedan tener un rato de alegría. La sensación de poder estar con otros niños genera confianza, seguridad. Esa cohesión social es necesaria”, explica Alam.
Fomento de la cohesión y el desarrollo local
Quieren alentarlos para conocer más allá de sus comunidades e incluso motivarlos a crear sus propios proyectos comunitarios. “Intentamos abrazar las necesidades y hacerlas proyectos viables, porque esa es la única manera de generar un cambio: hacerlo proyecto”, dice Alam Caamal.

Aunque las comunidades pueden ser cerradas, este proyecto ha permitido la unión con sus habitantes.



Fotografías cortesía de Juventud líder, 2025.
Paul Antoine Matos (Mérida, 1993) es periodista y escritor. Autor de dos libros de crónica, ha publicado en medios como Radio Ambulante, Gatopardo, Agence France-Presse (AFP), La Jornada, Pie de Página, Fábrica de Periodismo y Distintas Latitudes, entre otros. Busca contar la vida.








