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LA CURIOSIDAD SALVÓ AL GATO. APUNTES SOBRE LOS BENEFICIOS DE LA CURIOSIDAD EN EL MUNDO CONTEMPORÁNEO

por Jaime Vigna Gómez
imágenes de Shannon Christine Rankin

EN LA ERA DE LA SOBREINFORMACIÓN, LA CURIOSIDAD PUEDE SER UN VALOR PRIMORDIAL, COMO LO HA SIDO EN OTROS MOMENTOS HISTÓRICOS, PARA CUESTIONAR EL STATU QUO Y AVANZAR EN EL FORTALECIMIENTO DEL SISTEMA DEMOCRÁTICO Y LA INCLUSIÓN DE TODOS LOS MIEMBROS DE LA SOCIEDAD.

Todas las imágenes son de Shannon Christine Rankin, de la serie Selflesh. www.shannonchristinerankin.com | Instagram: @shannonchristinerankin

La aparición de Internet ha transformado profundamente nuestra relación con el conocimiento. Un clic aquí y una simple búsqueda nos puede arrojar ríos de información de cualquier tema en cuestión de segundos. Este fenómeno ha transformado por completo el proceso de búsqueda, obtención y generación de conocimiento. Hasta hace unas cuantas décadas, resolver cualquier duda requería de una considerable inversión de tiempo, esfuerzo y recursos, y ni pensar en la titánica labor que realizaban los investigadores, quienes debían enfrentar considerables y complejos retos para producir nuevos conocimientos. Con las herramientas tecnológicas actuales, nuestra relación con el proceso de obtención del conocimiento se ha transformado radicalmente. Las dudas y las preguntas quedan resueltas en cuestión de segundos y la información entra y sale de nuestro cerebro con una velocidad vertiginosa. 

Dejando de lado los aspectos más negativos de la abrumadora cantidad de información en la que estamos inmersos, es innegable que la revolución tecnológica no ha logrado desvanecer nuestra curiosidad por conocer más del mundo que nos rodea. Hoy tenemos la necesidad constante (en muchas ocasiones, obsesiva) de saber qué pasa con la guerra que se está desarrollando al otro lado del mundo, qué comen o visten nuestros cantantes favoritos o qué hacen mis compañeros de clase cuando están fuera del horario escolar. Queremos saber más, saberlo todo y con la mayor velocidad posible. La curiosidad, por lo tanto, sigue más viva y vigente que nunca, y se encuentra permanentemente estimulada desde frentes múltiples y variados. 

Esta insaciable curiosidad afecta, necesariamente, la forma de relacionarnos, tanto con los procesos políticos, como con sus protagonistas. Cualquier político actual sabe que una gran parte de la población tiene interés en conocer no solamente sus actividades y propuestas políticas, sino su vida personal y sus antecedentes familiares y profesionales. Para ilustrar este cambio, basta con comparar la información a la que tenemos acceso con un par de clics en Google, con la que tuvieron nuestros padres o abuelos no sólo sobre los dirigentes de su época, sino sobre los procesos o eventos históricos que les tocó vivir. 

¿Podría esta información convertirse en una herramienta para construir sociedades más democráticas? O, por el contrario, ¿estamos condenados a que las herramientas tecnológicas sean instrumentos que generen polarización y radicalización? Bajo esta premisa, ¿qué papel jugará la curiosidad en los próximos años? ¿Nos llevará a conocer a más personas que piensan igual que nosotros y a reafirmar nuestras ideas, por más tóxicas o antidemocráticas que sean, o nos ayudará a conocer otras visiones, a moderar nuestras posturas políticas, a entender la complejidad de los procesos que estamos viviendo?

Aunque no tenemos una respuesta a estos cuestionamientos, sí tenemos el antecedente de cómo a lo largo de la historia y en muy distintos ámbitos, la curiosidad ha sido un factor detonante para la evolución y el progreso. En el ámbito político, ha favorecido la transición hacia sistemas mucho más abiertos e inclusivos, generando sociedades más igualitarias, en las que sectores de la población tradicionalmente excluidos (mujeres, comunidades indígenas, afrodescendientes…) han encontrado espacios para ser escuchados y defender sus intereses respectivos. 

La curiosidad […] sigue más viva y vigente que nunca, y se encuentra permanentemente estimulada desde frentes múltiples y variados.

En este sentido, esperamos que la misma curiosidad que llevó a las primeras sufragistas a cuestionar un sistema que excluía a las mujeres de la vida pública, a los ilustrados franceses a buscar un sistema político alternativo al derecho divino y a los movimientos independentistas americanos y africanos a buscar una alternativa al dominio colonial, sea la que nos permita transitar en el complejo universo de sobreinformación, algoritmos y redes sociales. Esperamos que nos enseñe a discernir entre los “cantos de las sirenas” que buscan la confrontación y la polarización política, y la información que nos ayuda a construir una visión compleja, amplia y multidimensional de los eventos y procesos políticos, a fin de que las decisiones que tomemos como individuos sigan fortaleciendo nuestros sistemas democráticos.

El panorama que tenemos es complicado mas no imposible. La curiosidad ya ha acompañado a la humanidad en tareas que parecían irrealizables. También ha favorecido cambios políticos que han permitido construir sociedades más igualitarias, en las que el libre pensamiento y la reflexión crean un terreno fértil para el desarrollo y la expansión de la curiosidad. La revolución tecnológica nos abre otro escenario de retos, cuyas consecuencias afectan todo el espectro de la vida humana. Esperemos que, como lo ha hecho siempre, la curiosidad siga siendo semilla y faro para edificar un mejor mundo.  

¿[La curiosidad] nos llevará a conocer a más personas que piensan igual que nosotros y a reafirmar nuestras ideas […] o nos ayudará a conocer otras visiones, a moderar nuestras posturas políticas, a entender la complejidad de los procesos que estamos viviendo?.

Shannon Christine Rankin es una artista visual estadounidense con sede en Nuevo México. En su trabajo utiliza mapas y técnicas como el collage, el bordado y el dibujo, entre otras, para explorar con sensibilidad las relaciones que establecemos con el mundo que habitamos y entre nosotros mismos. Desde esta perspectiva, las imágenes se pueden leer como una metáfora de valores, como la colaboración social y la democracia, que nos invita a imaginar nuevas geografías que podemos compartir pacíficamente.
www.shannonchristinerankin.com | Instagram @shannonchristinerankin

Jaime Vigna Gómez es licenciado en Relaciones Internacionales por la UNAM, maestro en Historia Moderna de México por Casa Lamm y cuenta con un máster en Gestión Cultural por la Universidad Carlos III de Madrid. Miembro del Servicio Exterior Mexicano desde 2013, ha estado adscrito a la Embajada de México en España y el Consulado de México en Indianápolis. Actualmente es subdirector del Instituto Cultural de México en España.

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