EL PORVENIR DE UNA DESILUSIÓN

Todas las imágenes: Ted Chin, De la serie Composites (Composiciones). Cortesía del artista.

por Abraham Godínez Aldrete

LA DISPOSICIÓN ONÍRICA DEL SER HUMANO —ÉSA QUE A MENUDO LO LLEVA A REFUGIARSE EN EL MUNDO DE LOS JUEGOS Y LAS ENSOÑACIONES— OBLIGA A QUE EL TRABAJO PRIMORDIAL DE LA PSIQUE SEA DISTINGUIR ENTRE REALIDAD Y FANTASÍA. ASÍ, LA FILOSOFÍA, EL PSICOANÁLISIS Y EL TRABAJO NOS OTORGAN ESTOS ELEMENTOS PARA DIFERENCIAR E INCLUSO MODIFICAR LA REALIDAD.

El mundo es mágico. “Estamos hechos de la misma materia que los sueños”, escribió Shakespeare (La tempestad, acto IV, escena I). Rousseau se acostó en un bote a la deriva sin timón ni remos y se puso a navegar impulsado por sus ensoñaciones. Los románticos siempre prefirieron alejarse del estrés del mundo y entregarse a la ensoñación y a la poesía: “La fantasía se eleva sobre mares lejanos convocando islas felices, tierras fabulosas; […] conduce así pues, dulce poesía, mi vida”, escribió Schlegel en el poema “Mi opción”.

A las aspiraciones románticas se opone la advertencia de Juan Rulfo en Pedro Páramo: “¿La ilusión? Eso cuesta caro”. El precio de vivir para los sueños es alejarse cada vez más del mundo material. La realidad es complicada, pero quien le da la espalda corre el peligro de que sus problemas aumenten. Agravado el sufrimiento, sólo queda la simulación: “Finjamos que soy feliz, triste pensamiento, un rato; quizá podréis persuadirme, aunque yo sé lo contrario”, escribe Sor Juana Inés de la Cruz mientras advierte el dolor de la evasión. Y es que, aunque se imagine mil veces la felicidad, ésta no llega a golpe de ilusiones: los sueños no alimentan a nadie.

El primer trabajo de la psique es distinguir entre sueño y realidad. Cuando Freud habla de realidad, se refiere a dos tipos de condiciones: la realidad exterior comprendida como naturaleza y la realidad social entendida como cultura. El primer impulso del aparato psíquico es tomar como realidad aquello que aparece en los sueños. El lactante no puede distinguir entre la realidad y sus pensamientos: cuando sueña, cree que come y solamente el dolor lo despierta de este estado: “ya no se representó lo que era agradable sino lo que era real, aunque fuese desagradable”, dice Freud. Conforme el aparato psíquico madura, el sujeto puede distinguir entre los sueños y la realidad; sin embargo, la fantasía se conserva como una actividad de pensamiento escindido de la realidad, ya que se expresa en el juego y en las ensoñaciones diurnas. Con estos mecanismos, el sujeto aprende a evadirse y a crear un mundo en el que puede alegrarse con sus fantasías. El inconveniente es que, poco a poco, se vuelve cada vez más incompatible con la realidad, lo que genera una intensificación de la evasión y una contradicción mayor. La deserción de la realidad puede acabar en la pobreza, la locura o el suicidio.

A estos problemas psicológicos se les puede oponer una concepción realista de la clínica psicológica. En El porvenir de una ilusión, Freud señala que tendríamos que retirar de las ilusiones todas nuestras esperanzas y concentrar en la vida terrenal todas las fuerzas liberadas. La cuestión es que nunca se sabe bien qué es la realidad. Esta pregunta puede reflexionarse de tres modos. Una primera respuesta posible la otorga Freud: la realidad se manifiesta siempre como una diferencia a lo que se había deseado, por eso el fundador del psicoanálisis le llama “examen de realidad”. El aparato psíquico primero atribuye sus deseos a la realidad y luego examina el carácter de existencia de estas atribuciones. La realidad siempre es diferente a lo soñado. El examen de realidad aparece en la decepción. Este fenómeno es visible en las relaciones amorosas: el enamoramiento está acompañado de una idealización destinada a la desilusión. Se acepta un amor real sólo cuando se renuncia a la fantasía de un amor perfecto. Las relaciones humanas que pueden conservarse en el tiempo son aquéllas capaces de soportar la alteridad, la decepción y el error.

Una segunda posible respuesta se presenta mediante el método de acceso a la realidad. En Ser y tiempo, cuando Heidegger se pregunta qué es el ser, dice que esa pregunta sólo puede responderse en la cotidianidad. En la vida fáctica, en lo que se hace todos los días, se manifiesta la situación de cada persona. Un error constante en la comprensión de la realidad es creer que lo extraordinario es lo ordinario. Una experiencia que aparece como un acto aislado (unas vacaciones en la playa o una fiesta de fin de semana) no constituye la realidad del sujeto. Esta última se manifiesta en el quehacer de todos los días. Soy lo que soy todos los días.

Una tercera respuesta posible corresponde a los modos en que la realidad puede modificarse. Aunque así se desea, las fantasías nunca modifican la situación real del sujeto, que siempre requiere de trabajo y de lucha para ser modificada. El trabajo corresponde a las acciones específicas para que una situación natural pueda ser transformada (por ejemplo, la tierra debe ser arada y sembrada para que haya cosecha); la lucha corresponde a las acciones específicas que pueden modificar la distribución del poder en los vínculos humanos (las situaciones de servidumbre solamente se modifican enfrentando el conflicto). En ocasiones el trabajo sin lucha puede otorgar alimento, pero el estado de sumisión queda intacto (la situación adversa se mitiga, pero no se modifica).

Lo propio de la condición humana es querer despreocuparse y vivir en un mundo idéntico a los deseos, en el que lo extraordinario sea una constante y todo pueda ser modificado con el hecho de ser soñado. Se anhela una vida pacífica y placentera, exenta de conflicto. El principio de realidad se basa en la representación de lo real, aunque sea desagradable; estamos llamados a la decepción y al aprendizaje. El psicoanálisis es una práctica clínica honesta cuando permite que cada paciente comprenda su situación real, solamente así cada sujeto puede tomar mejores decisiones y hacerse más compatible con la realidad. La barca de Rousseau ha zarpado para siempre. Si se parte de una visión realista —sabiendo qué se puede esperar—, se aprende a modificar el mundo cotidiano mediante la lucha y el trabajo, sólo así se puede vivir mejor. 

 


BIBLIOGRAFÍA

Freud, S. Obras completas, ordenamiento, comentarios y notas de James Strachey, con la colaboración de Anna Freud. 24 Volúmenes. Buenos Aires: Amorrortu editores, 2001.

Juana Inés de la Cruz. Finjamos que soy feliz.

Rulfo, J. Pedro Páramo. México: Fundación Juan Rulfo, 2005.

 

La realidad siempre es diferente a lo soñado.

Un error constante en la comprensión de la realidad es creer que lo extraordinario es lo ordinario.

Ted Chin es un artista digital y fotógrafo profesional radicado en San Francisco. Utiliza la fotografía y el Photoshop para crear relatos de fantasía. Su obra captura la esencia y la belleza de las contradicciones humanas y ofrece poderosas reflexiones sobre nuestra experiencia en el mundo. www.tedslittledream.com | Instagram @tedslittledream

Abraham Godínez Aldrete es profesor Investigador del Departamento de Humanidades y Artes del Centro Universitario de Tonalá (CUT), Universidad de Guadalajara. Investigador nacional del Sistema Nacional de Investigadores (CONACYT). Autor de tres libros: La noción de ser en psicoanálisis (UACJ, 2017); Filosofía política y subjetividad: aportaciones a una genealogía del deseo (UdeG, CUCSH, 2018); Amor romántico y muerte voluntaria. Vida y obra de Manuel Acuña (UdeG, CUT, 2020).

 

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