XOLOITZCUINTLE: HISTORIA DEL PERRO Y JOYA AZTECA

por Rita Solis Guadarrama

Una joya arqueológica viviente” es como muchos describen al xoloitzcuintle, el perro azteca nativo de México. Considerada una de las razas más de 7 mil años, según los especialistas, el ser humano no ha intervenido en su generación.

La palabra xoloitzcuintle viene del náhuatl xólotl, que quiere decir monstruo, extraño o animal y del término itzcuintli, que significa perro. Para los aztecas, este canino era muy especial y respetado por ser un regalo del dios Xólotl para ser guía de las almas de los difuntos que viajaban al Mictlán o inframundo.

En la cosmovisión mexica también tienen un papel importante; Xólotl es el gemelo de Quetzalcóatl con cabeza de perro, deidad del ocaso y de la transformación; concebido como el Venus oculto que acompaña al Sol durante el ocaso para librar una batalla en el Mictlán durante la noche. Mientras que su gemelo Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, es la luz y vida de este planeta que acompaña al Sol al amanecer.

La leyenda del xoloitzcuintle
La leyenda cuenta que el dios Xólotl hizo al xoloitzcuintle de una astilla del Hueso de la Vida, de la que toda la vida fue creada, para dárselo como obsequio al ser humano. El dios les explicó que en vida tenían que cuidar bien de este perro ya que el día que su dueño muriera, el xoloitzcuintle se encargaría de guiar al alma a través del Mictlán.

Por esta razón eran sacrificados y enterrados en las tumbas. Sin embargo, la tradición mexica apuntaba que debía ser completamente negro, porque si presentaba manchas en su cuerpo quería decir que ya había servido al alma de otro difunto.

Además para el pueblo mexica, el xoloitzcuintle tenía la capacidad de alejar y proteger los hogares de espíritus malignos, pero como todo era dualidad también representaba un lado maligno ya que se le identificaba con la enfermedad y deformidades físicas.

Perros curanderos
En la medicina azteca se acostumbraba presionar la piel del xolo sobre alguna zona con dolor para que desapareciera, esto los hacía excelentes curanderos de malestares de cabeza o musculares, asma, reumatismo, insomnio e incluso malaria.

Incluso, antes de ser domesticado, al xoloitzcuintle era apreciado por las cualidades de su carne como alimento ya que era una importante fuente de proteínas para los antiguos.

Este canino mexicano corrió peligro desde la llegada de los conquistadores por su consumo indiscriminado. Como lo mencionó el jesuita Francisco Javier Clavijero: “los españoles los encontraron nutritivos y de buen sabor y después de la conquista a falta de otra carne los comieron hasta acabar con la especie”. Así mismo, se cree que para acabar con los mitos religiosos y tradiciones vivas del pueblo mexica.

A partir de la caída de Tenochtitlán y en la época colonial casi no se tienen datos relevantes sobre el xoloitzcuintle, quizás debido a que subsistieron en lugares apartados como las sierras de Colima, Jalisco, Michoacán, Oaxaca y Guerrero; después de la Revolución Mexicana y con el auge del nacionalismo este canino se retoma como símbolo de la mexicanidad.

En la década de los cincuenta la Federación Canófila Internacional comprendió que esta raza desaparecería si no se tomaban medidas drásticas para protegerla. Así, se promovió una importante expedición con expertos mexicanos y británicos para encontrar un xoloitzcuintle puro en las áreas más remotas de México. Eventualmente se encontraron diez ejemplares de raza pura y estaban sanos, y con ellos se lanzó con éxito el programa para revivir la raza.

A la par, personalidades del mundo de la cultura y de las artes en México como Frida Kahlo y Diego Rivera dieron más popularidad a este canino al pintarlo en escenas de sus famosos murales, además tenían varios xolos como mascotas. También los encontramos en las obras de Rufino Tamayo y Raúl Anguiano.

La raza sagrada
Hoy en día puedes encontrar ejemplares de ellos en los jardines del Museo Dolores Olmedo, ya que Diego Rivera regaló una pareja a la coleccionista de arte y en agradecimiento su amiga decide criar la raza para su preservación y desde entonces se mantienen en el Museo.

  • Datos curiosos
    Aunque prácticamente toda la camada nace sin pelo, es común encontrar un cachorro con pelaje excesivo, recibiendo el nombre de “bola de polvo”.
  • Tienen menos dientes que los perros comunes, en especial en los molares que se encuentran en la mandíbula. A medida que un xolo sea más pelón, mayor será el número de sus dientes.
  • Gracias a su piel suave y sin pelo, en esta raza no se producen pulgas.
  • Al llegar los españoles lo confundieron con un caballo enano.
  • Es un perro silencioso y tranquilo, alegre, alerta e inteligente, desconfiado con los extraños, buen guardián y excelente compañero.
  • Los costos de un ejemplar varían según el lugar y su valor genético, aunque puedes encontrarlo desde dos mil pesos.

Artículo publicado en la plataforma NeoMexicanismos. Síguelos en Facebook, Twitter e Instagram como @NeoMexicanismos. neomexicanismos.com

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