VIDAS EJEMPLARES: MARTIN LUTHER KING. LA ENCARNACIÓN DE UN SUEÑO OLVIDADO

 Derek Russell, Martin Luther King Jr., 2014. Cortesía del artista.

por Benjamín Ramírez

MARTIN LUTHER KING FUE UN REVERENDO BAUTISTA QUE LUCHÓ POR LOS DERECHOS CIVILES DE LOS AFROAMERICANOS EN LAS DÉCADAS DE LOS CINCUENTA Y SESENTA DEL SIGLO PASADO. SU LEGADO SE MATERIALIZÓ EN LEYES Y EN DISCURSOS QUE INSPIRAN A LOS QUE LUCHAN CONTRA LA DISCRIMINACIÓN.

El discurso de Martin Luther King “I have a dream” ha sido catalogado como uno de los mejores que se hayan pronunciado. El contexto era inmejorable: en una marcha pacífica por las calles de Washington en la que blancos y negros se unieron para reclamar la igualdad y denunciar la segregación y violencia que existía en Estados Unidos. Lo brillante del discurso es que el sueño del que habla está al mismo tiempo relacionado con la retórica del American Dream y con un sueño que se había comenzado a forjar cuando los estados de la Unión ganaron la guerra de secesión en 1865 y se redactaron las tres enmiendas constitucionales que parecían ser las que cambiarían por completo la vida de los esclavos, sirvientes y hombres libres de raza negra que formaban una parte importante de la población norteamericana. Cien años después, el sueño de que el cambio constitucional traería no sólo la promesa de los derechos civiles, sino la construcción de una sociedad en la que la distinción racial quedara en el olvido, seguía sin cumplirse. En cambio, existía una cultura que trataba de mantener la diferencia entre negros y blancos, al impedirles a los primeros el acceso a algunos establecimientos y servicios, además de restringirles, mediante artimañas y pretextos, los derechos que tenían desde hace un siglo.

El panorama de la postguerra, que convirtió a Estados Unidos en el estandarte de la libertad frente a la amenaza de la ideología soviética, puso las condiciones de posibilidad para que la gente alzara la voz, ya que exponer los problemas era poner en duda la estructura que se oponía al comunismo y dar pie a que el sistema mejorara para evitar que la balanza se decantara por las ventajas que ofrecía el pensamiento de la Unión Soviética. De tal manera, los grandes dirigentes aprovecharon esta coyuntura para tratar de lograr que esa libertad fuera una realidad en las calles. Lo interesante es que mientras algunos grupos radicales, como el liderado por Malcolm X, veían en la violencia el único medio posible para luchar contra la injusticia, Martin Luther King se dio cuenta que había una vía que podía ser más efectiva y que entraba en consonancia con la palabra que él predicaba: la desobediencia civil no violenta y basada en el amor.

[…] había una vía que podía ser más efectiva y que entraba en consonancia con la palabra que él predicaba: la desobediencia civil no violenta y basada en el amor.

Este método había sido utilizado por Mahatma Gandhi algunas décadas atrás con un gran éxito. Luther King vio la oportunidad de emplearlo porque se dio cuenta que para cambiar la situación de segregación que existía tenía que crear una conciencia en aquellos que de facto tenían el poder. En este escenario, los medios de comunicación le dieron las herramientas más eficaces para hacer que la población blanca se diera cuenta que existían graves problemas sociales y que ellos tenían que involucrarse para reparar las deficiencias que presentaba el sistema vigente. De esta manera, Martin Luther King lideraba manifestaciones pacíficas en ciudades donde las tensiones y los problemas estuvieran llegando a un punto intolerable para poner en evidencia la urgencia de producir un cambio. Comúnmente, la reacción de los ciudadanos blancos y los cuerpos policiales era tratar de reprimir con violencia y sabotear estas muestras pasivas de inconformidad, de tal manera que los manifestantes terminaban dispersándose entre una lluvia de piedras y gases lacrimógenos que desencadenaba una persecución policial en la que algunos detenidos eran molidos a golpes. Pero donde estaba Martin Luther King siempre había reporteros y camarógrafos prestos a contar y retratar la brutalidad y la intolerancia de aquellos que apoyaban la segregación y la supremacía blanca. Esto hacía que la población se informara, tomara partido y que aquellos que realmente sentían la necesidad de luchar por las causas justas viajaran desde todo el país al momento en que el reverendo King lo solicitara. El movimiento fue tan poderoso que se aprobó la ley de los derechos civiles y la ley del derecho al voto, en las que se sentaban las bases legales para eliminar la discriminación.

Irónicamente Martin Luther King, el paladín de la no violencia, sería asesinado una noche en la que se disponía a ir a una cena informal con sus amigos. Su muerte representó sólo un síntoma del largo y tortuoso camino que aún faltaba por recorrer, lleno de fanatismo y terquedad. Su sangre no sería la última que se derramaría, en espera de que su sueño se hiciera realidad, pero sin duda fue un sacrificio que sirvió de ejemplo. Un hombre puede convertir su vida y su muerte en un símbolo de la resistencia y la fe en que la paz y el amor son el único camino que puede traer a la realidad algo que parece habitar sólo en los quiméricos sueños de los seres humanos.

Derek Russell es un artista estadounidense que vive y trabaja en las montañas de New Hampshire. Russell denomina su trabajo como Realismo de espíritu libre, en el que se conjuga la estética del arte contemporáneo con la del realismo. derekrussellartist.com

Benjamín Ramírez Zamudio es historiador, catedrático del Centro Universitario México y estudiante de maestría en la Universidad Iberoamericana. Se ha especializado en la Historia de la Edad Media y en los cambios de configuración del tiempo durante los siglos XIX y XX.

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