TEATRO Y EDUCACIÓN: TEORÍA Y PRAXIS EN CADAC

Alix Lassarat y Miguel Ángel Mendoza en La causa de la causa que es causa de lo causado de Héctor Azar, 2017. Fotografía de Luis Alberto Rivera Cortés.

por Rabindranath Espinosa

EN EL CONTEXTO CONTEMPORÁNEO, EL TEATRO Y LA EDUCACIÓN SE PERFILAN COMO ESPACIOS QUE, POR CAMINOS SEPARADOS QUE EN OCASIONES SE ENCUENTRAN, BUSCAN OBJETIVOS SIMILARES: LA EXPRESIÓN, LA EMPATÍA, LA SOCIALIZACIÓN Y EL DESARROLLO DEL SER Y EL HACER DEL INDIVIDUO.

Teatro y educación son dos conceptos que se entrelazan en las acciones que designan. Teatro: lugar de la mirada y de contemplación. Educar: guiar, nutrir, criar, llevar a, externar. Ambos implican un acto de revelación: hacer visible lo que estaba oculto. Teatro y educación son dos medios de información y comunicación que propician acciones de relación con uno mismo (lo individual) y con los otros (lo colectivo). Es decir, son parte del proceso de socialización, de buscar y encontrar el bien común; este último, tan lejano o francamente ausente en nuestro país.

En México, destaca el trabajo que Héctor Azar realizó en torno a la aplicación del teatro como parte del proceso educativo. Generó una serie de reflexiones que, a lo largo del tiempo, constituyó la llamada Teoría CADAC, pero sobre todo, la llevó a la práctica: desde la creación de Teatro en Coapa (UNAM, 1954-1964) teatro en la preparatoria; en su experiencia al frente de los Departamentos de Teatro de la UNAM (1957-1973) y del INBA (1965-1972), hasta desembocar en el Centro de Arte Dramático A.C., CADAC (1975-2000), institución que actualmente sigue desarrollando su praxis a partir de este binomio: teatro y educación.

En su libro Cómo acercarse al teatro, Héctor Azar señala: Teatro y educación ha sido en la historia, el binomio perfecto que propicia lo mismo la transferencia emocional que la acción integradora de conjuntos humanos coherentes. Y continúa:

Educar es precisar la diferencia que existe entre el renunciamiento a formas individualistas y el anonimato, entre los fundamentos y las perspectivas, entre la instrucción para la vida y la instrucción para la muerte. Educar es mostrarle a la gente sus capacidades, sus habilidades, sus destrezas, para que partiendo de la experiencia consumada penetre en su interior, se recorra y se descubra, proyectándose con la seguridad consciente de los recursos personales.

[…] se aprende a compartir un espacio y un tiempo colectivos,
al hacer conciencia de sí mismos
y de los otros […].

Con respecto al teatro, Héctor Azar escribe:

El teatro ha demostrado ser la forma más directa de comunicación humana […]. Como conductor de ideas, como vaso comunicante de emociones, el teatro tiene garantizada su existencia en el proceso social; sigue y seguirá estableciendo imágenes y diálogos, con la condición de que éstos sean alterados, rectificados, proyectados con mayor o menor abundamiento, en el ciclo dialéctico –primario circuito cerrado- que el teatro realiza con suprema efectividad. Como medio educativo, ofrece dos caminos: el de la inducción y el de la proyección.

Por otra parte, la Teoría CADAC tiene dos señales estructurales para desarrollar el trabajo escénico. En la primera, El teatro al servicio de la persona, se establece que la práctica teatral se hace para aprovechar técnicamente los recursos formativos de la personalidad –las capacidades psicoterapéuticas- que el teatro contiene como medio integrador del ser humano, en sus diferentes edades. Su objetivo no es convertir a sus practicantes en profesionales del teatro. CADAC pone en práctica esta señal cuando trabaja con los niños y adolescentes y con aquellos adultos que buscan un desarrollo personal. En la segunda, La persona al servicio del teatro, se refiere propiamente al ejercicio teatral entendido y practicado como una elevada responsabilidad profesional. Su axiología depende, básicamente, de la dualidad ética-estética de las personas que la practican: los profesionales del teatro. CADAC pone en práctica esta señal sólo con adultos.

La práctica teatral, tanto de los profesionales, como de los no profesionales, conlleva múltiples beneficios en el desarrollo de las personas. Niños, adolescentes y adultos encuentran en el teatro una manera lúdica para expresarse con libertad, mientras asumen la responsabilidad de lo que se hace y se dice; se aprende a compartir un espacio y un tiempo colectivos, al hacer conciencia de sí mismos y de los otros; es una actividad en la que se descubre la unidad en la diversidad, así como un lugar de reflexión y de concreción teórico-práctica donde el hacer y el ser implica igualdad y democracia: los unos con otros, no los unos contra los otros. El teatro como acto benigno, de empatía, de legalidad, de encuentro, de virtud, un acto de civilidad.

Concluyo con otra reflexión de Héctor Azar:

El hombre “bien educado” no es aquel que se somete a las condiciones infrahumanas que le impone una realidad distorsionada, sino aquel otro que por los medios de la información y del aprendizaje que ofrece la cultura rectifique esa realidad, la integre a un orden superior de vida determinado por el propio destino como propósito colectivo.

En un país como el nuestro, donde la barbarie, la brutalidad, la corrupción, la impunidad y todo lo que contribuye a la descomposición social son cosas de todos los días, hay que recordar que el arte, la ciencia, las humanidades y el trabajo son puntos de partida y de consolidación del buenvivir.

1. Héctor Azar, Cómo acercarse al teatro, (Colombia: CONACULTA / Plaza y Valdés, 2001), p. 31.
2. Íbid, pp. 31-32.
3. Íbid, p. 32.
4. Héctor Azar, Obras: Dramaturgia y teoría escénica, (México: Fondo de Cultura Económica, 1998).
5. Las señales CADAC son reflexiones que funcionan a manera de puntos de partida, indicadores de posibles caminos.
6. Azar, Cómo acercarse al teatro, op.cit., p. 31.

Rabindranath Espinosa es actor, director y maestro de teatro. Desde el 2000 es el director general del Centro de Arte Dramático (CADAC), institución con 42 años de actividad ininterrumpida.

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