SUSANA SIERRA JOHNSON: LA BELLEZA ESCONDIDA EN LOS OBJETOS COTIDIANOS

Susana Sierra Johnson, El botón vintage (Detalle), 2016. Cortesía de la artista. Instagram: @susanasierra

por Carlos O. Noriega

POCAS PERSONAS TIENEN LA CAPACIDAD DE MATERIALIZAR LA BELLEZA QUE EXPRESAN LOS OBJETOS COTIDIANOS, UNA DE ELLAS ES LA ARTISTA MEXICANA SUSANA SIERRA JOHNSON QUIEN CRISTALIZA SU SENSIBILIDAD POR MEDIO DE SUS ESCULTURAS. 

Dice un verso del poeta, pintor y grabador británico William Blake: “Para ver el mundo en un grano de arena / y el cielo en una flor silvestre / abarca el infinito en la palma de tu mano / y la eternidad en una hora”.

La capacidad de acercarnos al detalle para percibir la grandeza de un objeto y darle una identidad esencial, habla de nuestra capacidad de amar lo que nos rodea, lo que nos conmueve, lo que penetra en nuestros sentidos a fin de saber y descubrir más de eso que puede ser nombrado belleza, eternidad, asombro.

Puede suceder como en la anagnórisis, esa toma de conciencia que mencionaban los antiguos griegos: aprender de algo pequeño, simple, singular: un botón de costura, un juego de plumas, un aguacate, una Bolsa de estraza, los zapatos de una niña, un cacahuate, los barcos de papel, las semillas de café, hablan de esa capacidad de amar los elementos dispersos que en algunas ocasiones parecen surgir de mundos poéticos.

Así, la mirada de Susana Sierra Johnson, escultora mexicana originaria de la Ciudad de México, en donde estudió diseño gráfico e industrial y residente de Morelia. Artista, sobre todo, e integrante de diversos talleres de artes plásticas, por ejemplo, los de sus maestros: LAV Alfonso Mata, quien da clases de escultura, y LAV Guadalupe Trejo, quien tiene un taller de cerámica, entre otros.

La capacidad de acercarnos al detalle para percibir la grandeza de un objeto […] habla de nuestra capacidad de amar lo que nos rodea […]

Saber captar los destellos, las texturas recónditas de la resina, el brillo de la fibra de vidrio, la luz de la madera, la frialdad del metal, la porosidad del cemento, el secreto arenisco de la tela o el candor de la cerámica con su maleabilidad ancestral, son cualidades que ella posee y expresa, y con las que da forma a sus distintas esculturas. En sus palabras, es alguien a la que le “encanta aprender y experimentar con técnicas nuevas. Tengo la firme convicción de que el aprendizaje y la constancia son la base para alcanzar distintos horizontes”.

La escultura es su creación, “el medio por el que puedo expresar mi manera de ver la belleza en los objetos cotidianos”. Los elementos se abren a nuestra imaginación, nos llevan a un viaje imaginario, por ejemplo, en la flotilla de navíos de origami que navegan por un mar de pedrería: “Fue una instalación en donde traté de concientizar al espectador de cuidar los recursos naturales, en este caso, el lago de Pátzcuaro que desgraciadamente ha bajado su nivel de manera alarmante”.

Hay una inquietud de orden natural a favor del cuidado ambiental, de la toma de conciencia de nuestros recursos naturales. Hay una relación poética con los objetos cotidianos, que ella define: “Tiene que haber armonía en la composición, las esculturas describen mi propia percepción de lo que vivo y me rodea, así como de lo que guardo en mi mente y mis recuerdos”.

Cargados de una consistencia sublime, aunque sean partidarios de contextos habituales, ha “logrado desarrollar una personalidad sensible hacia el objeto cotidiano, buscando resaltar la belleza propia del objeto. La aproximación a tales áreas creativas me ofrece la oportunidad de plantear un proyecto escultórico. Utilizo la escultura como un medio para representar los objetos ordinarios y llevarlos a lo extraordinario. En mi obra los objetos dialogan con los valores estéticos y artísticos de una propuesta contemporánea, al cargar de un valor semántico a objetos comunes ofreciéndoles un valor monumental”.

Hasta el momento ha participado “en dos exposiciones individuales en el Exconvento de Tiripetío y en el Centro Cultural Antiguo Colegio Jesuita en Pátzcuaro y en 11 exposiciones colectivas, tanto en Michoacán como en varias ciudades del Bajío”.

Apasionada por la escultura, define al amor como “la base de todo, porque es el punto de equilibrio de las cosas. Por lo tanto, el amor juega un papel muy importante en mi vida, ya que no me podría dedicar a hacer esto que tanto amo sin el apoyo incondicional y el amor de toda mi familia. Y creo que si no amara lo que hago no sería tan fiel y comprometida con mi trabajo y éste, a su vez, no me daría tantas satisfacciones personales”.

Y así los objetos cotidianos que a veces extraviamos con la mirada, en las manos de Susana Sierra Johnson, continuarán adquiriendo una proporción de permanencia y eternidad.

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Susana Sierra Johnson, El caballo de Troya, 2016. Cortesía de la artista. Instagram: @susanasierra

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Susana Sierra Johnson, La paloma, 2016. Cortesía de la artista. Instagram: @susanasierra

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Susana Sierra Johnson, El cacahuate, 2016. Cortesía de la artista. Instagram: @susanasierra

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Susana Sierra Johnson, La canoa, 2014. Cortesía de la artista. Instagram: @susanasierra

[…] cargar de un valor semántico a objetos comunes ofreciéndoles un valor monumental

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Susana Sierra Johnson, Tres de café, 2015. Cortesía de la artista. Instagram: @susanasierra

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Susana Sierra Johnson, Segmentos, 2017. Cortesía de la artista. Instagram: @susanasierra

Carlos O. Noriega es Director editorial de la revista Capitel de Universidad Humanitas.

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