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Punto de cristalización: el diseño orgánico de Tokujin Yoshioka

por Mario Ballesteros

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Diseñador y artista japonés, visionario de una estética sutil y orgánica, Tokujin Yoshioka se aleja de la tendencia, optando por lo esencial mediante sus diseños que, como haikus de formaciones cristalinas, dan a la identidad una nueva visión desde el diseño.

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Tokujin Yoshioka nació en 1967 en la prefectura de Saga, en Kyshu, una región japonesa conocida por su producción de cerámica tradicional. Saga se encuentra a unos 70 kilómetros de Nagasaki, la ciudad destruida por una bomba nuclear de 5 toneladas –bautizada “Fat Man”– lanzada por pilotos estadounidenses el 9 de agosto de 1945, en los últimos instantes de la Segunda Guerra Mundial. Tokujin estudió en la Escuela de Diseño de Kuwasawa, en Tokio. Trabajó un tiempo bajo Shiro Kuramata —quizás el diseñador japonés más trascendente del siglo pasado, experto en enaltecer materiales industriales y maestro del mobiliario acrílico— y durante varios años colaboró de cerca con el legendario Issey Miyake, diseñando interiores, vitrinas y espectaculares instalaciones en donde desdibujaba paisajes monocromáticos arrancados de las escenas de la clásica pintura de paisaje japonesa (por ejemplo, una tormenta de plumas de ganso asemejando nieve, en Snow, 1997).

En el 2000 Tokujin fundó su propio estudio de diseño, balanceándose entre diseño y arte, entre encargos de grandes marcas y piezas experimentales. Sin importar la clase de proyecto, su obra se aleja por lo general de la estilización y la tendencia, optando siempre por formas sutiles y atemporales. Su interés va más por la experimentación con materiales básicos, explorando usos inesperados o estructuras que parecen imposibles. La silla Honey Pop (2001) de Tokujin se inspira en las linternas de papel omnipresentes en Asia, construida a partir de 120 piezas de papel cortadas y pegadas entre sí, en una estructura de panal que se despliega para soportar el peso de un adulto sentado. Sus proyectos comerciales y de mobiliario sirven como excusas para explorar fenómenos naturales como la transparencia (Kiss Me Goodbye, 2004), la refracción (Rainbow Chair, 2007) o la densidad (Pane Chair, 2006).

Para la exposición Crystallize en el Museo de Arte Contemporáneo de Tokio en 2013, Tokujin lleva su trabajo a territorios inexplorados en el diseño, probando técnicas de fabricación “natural” a base de formaciones cristalinas. En química, la cristalización se emplea comúnmente como un mecanismo de purificación de distintas sustancias. En este caso, Tokujin depura y concentra sus obsesiones estéticas y hallazgos en estructuras que parecen imposiblemente frágiles y objetos familiares que surgen de manera orgánica como formas esculturales libres.

Tokujin Yoshioka, The Rose, 2010. Vista de la instalación. Cortesía del artista.
Tokujin Yoshioka, The Rose, 2010. Vista de la instalación. Cortesía del artista.

A través de la inmersión de distintos elementos o sustratos en soluciones minerales durante un periodo de tiempo suficientemente largo como para generar la nucleación —o el cambio de fase líquida a sólida— y formar colonias de cristales, Tokujin abraza objetos tan frágiles como una flor (The Rose, 2013) o crea cuadros abstractos con aglomeraciones cristalinas formadas a base de pulsaciones y vibraciones tonales (Swan Lake, 2013).

A partir de estos experimentos con formas abstractas, Tokujin asume un reto aún mayor al tratar de cultivar objetos cotidianos reconocibles. La silla Venus (2009) crece en un tanque a partir de cristales formados sobre un sustrato esponjoso. Para Spider’s Thread (2013) Yoshioka ocupa siete finísimos hilos de seda para hacer un trazo en tela de araña del contorno básico de una silla que, al cabo de unos meses, se cristaliza en un asiento. Hay un choque cognitivo, una especie de crisis identitaria, cuando una cosa tan común y tan mundana como una silla se crea sin apenas trabajo manual.

La obra de Tokujin Yoshioka, esconde una serie de tensiones propias de la cultura japonesa contemporánea —tradición y técnica, insularidad y universalidad, fragilidad y permanencia, destrucción y creación—bajo las referencias más explícitas de su identidad creativa: las conexiones entre las creaciones humanas —lo artificial— y la naturaleza.

Tokujin Yoshioka, The Rose, 2010. Detalle de la escultura. Cortesía del artista. // Tokujin Yoshioka, Spider's Thread, 2013. Cortesía del artista.
Tokujin Yoshioka, The Rose, 2010. Detalle de la escultura. Cortesía del artista. // Tokujin Yoshioka, Spider's Thread, 2013. Cortesía del artista.

Mario Ballesteros es director de Archivo Diseño y Arquitectura, el único espacio en México dedicado a coleccionar, exhibir y repensar el diseño en sus distintas vertientes. Fue editor fundador de la edición mexicana de Domus y editor en Quaderns, la revista del Colegio de Arquitectos de Cataluña.

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