PEDAGOGÍA DEL AFECTO: EL SILENCIO COMO PERFORMANCE

Todas las imágenes son de Ludwig Hofmann, de la serie Experimentelle Geste (Gesto experimental). Cortesía del artista.

por Isis Yépez Rodríguez

ANTE LA VORÁGINE DE LA VIDA CONTEMPORÁNEA, ES IMPORTANTE CONSIDERAR EL GIRO AFECTIVO COMO UN PROCESO INDISPENSABLE DE LA EDUCACIÓN PARA OFRECER ESTRATEGIAS PEDAGÓGICAS QUE, POR MEDIO DEL SILENCIO NOS AYUDEN A CONOCER, MANEJAR Y LIBERAR LAS EMOCIONES CONTENIDAS CORPORALMENTE.

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[…] es necesario ser responsable del cuerpo, entrar en contacto con nuestro saber corporal, pues el mundo vive en nuestro cuerpo encarnado por afectos y preceptos.

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Se le pide a la audiencia que se deje afectar, que atrape el beso lanzado al aire y que responda como le apetezca. Dejar afectarnos es permitir sentir la emoción que nos toca, perturba, sacude y alcanza. Significa también abrir y desplegar nuestros cuerpos a procesos de socialización y vinculación con los otros, en la posibilidad y la potencia que poseemos de crear mundos. Es lo que Suely Rolnik nombró como saber-del-cuerpo o saber-de-lo-vivido.

Esto es el poder corporal de elegir hacia dónde conducir el deseo, entendido como esa energía necesaria para seguir viviendo. Para ello, es preciso ser responsable del cuerpo, entrar en contacto con nuestro saber corporal, pues el mundo vive en nuestro cuerpo encarnado por afectos y preceptos.

Por eso, es importante considerar el giro afectivo como un proceso indispensable en la “práctica-pedagógica” —práctica que sea inmanente a la teoría—. Una de las condiciones de posibilidad para este giro es reconocer esos rituales corporales que se encuentran más allá de nuestra visión de mundo, que, como menciona el filósofo Raimon Panikkar, sí precisan de la afectividad.

Entre esos saberes se encuentra la contemplación, la posibilidad de silencio. No me refiero al silencio que acalla o enmudece, más bien, entendido como un símbolo con varias dimensiones y que proviene de distintas profundidades de la vida. Esta vida puede ser vivida en varias profundidades y si nos abrimos a un silencio que se dé libremente, éste nos puede guiar hacia el interior de ellas.

La pedagogía puede posibilitar ese impulso afectivo que dé paso al silencio, a la escucha corporal y emocional y así, poder reactivar la capacidad de sentir el mundo, que, efectivamente, vive en nuestro cuerpo. Esto puede llevarnos a un performance corporal que se asume en una experiencia espiritual entre el silencio y la palabra: la contemplación, o mejor conocida como, la meditación.

Desde la pedagogía esto implica, por un lado, comenzar a hablar del cuerpo, de las emociones y permitir el silencio. Por el otro, conlleva recuperar los valores contemplativos de la humanidad, como la capacidad de admiración, el deseo, la creación, la conexión intercorporal, es decir, crearnos libres. Las emociones, diría el antropólogo David Le Breton, parecen ser una emanación de nuestra intimidad más secreta frente al mundo y si bloqueamos la capacidad que tienen nuestros cuerpos de descifrar el mundo, bloqueamos nuestra posibilidad de existencia corporal en él.

En medio de esta vorágine de emociones, además de la información, contaminación visual y ruido que nos invaden a diario, pocas veces se nos permite escuchar o estar realmente en silencio. Es importante reconocer qué nos afecta, pero también de qué manera se pueden liberar esas emociones contenidas corporalmente.

[…] acceder a nuestra intimidad emocional mediante el silencio […].

Para ello se requiere volver al encuentro intersubjetivo, acceder a nuestra intimidad emocional mediante el silencio y entrar en contacto con nuestra propia voz. Esto significa también escuchar y sentir las “incomodidades” corporales de las que huimos, como la ansiedad, el estrés, la tristeza, la angustia. Darles tiempo, espacio y la palabra, la escucha, aceptarlas, ubicarlas físicamente en el cuerpo y dejarlas ir por medio de una experiencia corporal como el llanto, la carcajada, el movimiento, la calma.

Eso dará vía libre a la emoción, el cuerpo reconocerá la rebelión ante los hechos y evitará la momificación del afecto, que para Le Breton sería como vivir a la sombra de sí mismo. Todo ello mediante la paciencia y el amor propio, sentir las emociones desde el afecto significa no juzgarlas. Abrazarnos y agradecernos permite la difuminación de la barrera de nuestra más secreta intimidad, alcanzar y vivir simplemente nuestra propia libertad.

Como menciona Panikkar, no hay que huirle a la experiencia de la vida, hay que enfrentarla tal como venga. Descubrir el significado de la vida en el gozo, en el sufrimiento y en las pasiones, significa encontrar su sentido en cada momento. La contemplación implica recuperar la admiración por lo cotidiano, silenciar la mente y el intelecto para poder ver la majestuosidad de las cosas.

La contemplación ha de entenderse, no como una manera de escaparse a la realidad del mundo, sino como la vía de encuentro con los demás, es más bien, una relación nosótrica. En este sentido, se necesita una pedagogía que nos entregue al disfrute de sentirnos, emocionarnos, expresarnos y gozar el placer de vivir individual y nosótricamente. Esto también implica una pedagogía de los afectos, que posibilite conocimientos y saberes-del-cuerpo que den sentido a nuestra existencia como subjetividades plenas, libres y en relación con el mundo. 

Bibliografía

Lara, Alí y Enciso Domínguez, Giazú.“El giro afectivo” en Athenea Digital. Revista de pensamiento e investigación social noviembre (2013).

Le Breton, David. El silencio. Aproximaciones. Madrid: Ediciones Sequitur, 2016.

Le Breton, David. Las pasiones ordinarias. Antropología de las emociones. Buenos Aires: Ediciones Nueva Visión, 1998.

Panikkar, Raimon. Mística, plenitud de Vida. Barcelona: Herder, 2015.

Rolnik, Suely. “La escucha de los afectos: notas para combatir el inconsciente colonial capitalístico” en Errata #19. Afectos, afectividades y afectaciones 19 (2018).

Villoro, Luis. “Otra visión del mundo” en La Jornada (2009).

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Ludwig Hofmann es un artista chileno. Sus trabajos gráficos se basan en procesos experimentales análogos y digitales. Su práctica artística tiene influencias de los procesos de László Moholy-Nagy y del movimiento International Typographic Style. Ha participado en una gran cantidad de proyectos de arte gráfica, packaging, editorial y de branding. Instagram @experimental_hofmann

Isis Yépez tiene estudios en pedagogía por la UNAM y en Historia del arte y cultura visual por la Universidad Autónoma de Madrid. Formó parte del equipo curatorial de Modernidades extraviadas. Bauhaus y España (MNCARS) y de proyectos interdisciplinarios como Modos de hacer, formas de saber, historias que narrar. Etiquetando el malestar (MNCARS).

1. Alí Lara y Giazú Enciso Domínguez, “El giro afectivo” en Athenea Digital. Revista de pensamiento e investigación social, noviembre, (2013).

2. Suely Rolnik, “La escucha de los afectos: notas para combatir el inconsciente colonial capitalístico” en Errata#19. Afectos, afectividades y afectaciones, 19 (2018).

3. El giro afectivo o Affective Turn es una línea de investigación que parte de una serie de estudios culturales, antropológicos y psicosociales que pretenden comprender esa experiencia sensible que pasa por nuestros cuerpos y puede ser nombrada de diferentes maneras: afecto, emoción, sentimiento, pasión, intimidad, atmósfera.

4. Término acuñado por el filósofo mexicano Luis Villoro al referirse al paradigma epistemológico por el que nos regimos, que es, la hegemonía de la modernidad occidental. Luis Villoro, “Otra visión del mundo” en La Jornada (2009).

5. Raimon Panikkar, Mística, plenitud de Vida (Barcelona: Herder, 2015).

6. El “nosotros”, tik, que utilizan las comunidades mayas tojolabal y tzeltal es un concepto central para conformar su idea de comunidad. Estas culturas organizan su vida social centrándose más en la idea de “nosotros” que en la del “yo”. En consecuencia, el filósofo Carlos Lenkersdorf acuñó la palabra “nosotrificación” o relación “nosótrica” para hablar de esta manera de entender y vivir el mundo.

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