NUDE: MARUYAMA Y LA POÉTICA DEL MOVIMIENTO

Todas las imágenes: Shinichi Maruyama, Nude (Desnudo), 2012. © Shinichi Maruyama. Cortesía de Bruce Silverstein Gallery, New York.

por Mónica Sánchez Escuer

LA OBRA DEL FOTÓGRAFO JAPONÉS SHINICHI MARUYAMA PARADÓJICAMENTE LOGRA CAPTAR, EN UNA IMAGEN CONTENIDA, LA ESENCIA DINÁMICA Y FLUIDA DEL MOVIMIENTO. 

Detener el tiempo, congelar el instante, capturar un momento preciso se ha vuelto la esencia del quehacer fotográfico. Parece paradójico, entonces, hablar de movimiento sobre un medio cuya intención es fijarlo. No obstante, desde el siglo XIX, los fotógrafos no sólo han buscado detener el flujo del devenir, sino que se han preocupado por registrar sus pasos.

Entre los contemporáneos, destaca el japonés, Shinichi Maruyama, nacido en Nagano en 1968 y radicado en Nueva York desde 2003, quien ha logrado asombrar al mundo con sus esculturas de agua y su espectacular serie Kusho (Escritura en el cielo). Fotografías de alta velocidad donde el artista captura la trayectoria de la tinta que una gran brocha vuelve caligrafía efímera trazada en el aire. Pero en su serie Nude, Maruyama hace lo opuesto: no detiene el movimiento, registra las huellas de su devenir. No se trata de fijar un corte en el tiempo, sino de retratar la totalidad de sus secuencias. Imágenes que, si bien tienen como antecedente los trabajos de los pioneros Marey y Muybridge, y pudieran recordar a Gjon Mili y sus Dancers in Movement (Bailarines en movimiento), su intención está más cerca de la obra futurista de Marcel Duchamp Nu descendant un escalier no. 2 (Desnudo bajando una escalera no. 2), a la que Maruyama rinde tributo en esta serie. En la descripción que hace Duchamp sobre su obra puede descifrarse la intención del propio Maruyama:

“Pintado, como es, en colores de madera severos, el desnudo anatómico no existe, o por lo menos no se puede ver, porque renuncié completamente a la apariencia naturalista de un desnudo, reteniendo sólo aquellas veinte posiciones estáticas diferentes en el acto sucesivo del descenso”.¹

Piezas sutiles, con un ritmo visual envolvente, circular y una potente expresividad que sintetizan la energía cinética de la danza.

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Tal como ocurre en el desnudo de Duchamp, en las fotografías de Maruyama no se distingue el cuerpo de la bailarina y, sólo por el título y los tonos de la piel, sabemos que está desnuda. Sin embargo, en ellas el trazo es continuo, suave, la secuencia no es clara, no se percibe el paso de una posición a otra, como en el caso de las bailarinas de Mili o las impresiones de los futuristas. En cada imagen de la serie Nude los movimientos parecen ocurrir en un solo instante, fusionarse, creando en el espectador la sensación de estar frente al retrato de una escultura viva, abstracta que, como afirma Maruyama en su página, remite a la percepción de la presencia:

“Al reunir momentos individuales ininterrumpidos, la imagen resultante como un todo, parecerá ser algo diferente de lo que realmente existe. Con respecto a estos dos puntos de vista, puede hacerse una conexión con la percepción del ser humano de la presencia en la vida”.²

El fotógrafo japonés parece combinar y mejorar tanto la técnica de Muybridge como la de Marey y los futuristas: por un lado realiza muchas tomas y por otro las funde en una misma imagen. Sin embargo, debido a la facilidad que le permite la tecnología contemporánea, Maruyama realiza diez mil tomas sucesivas capturadas en un lapso de dos a cuatro segundos y las reúne en una sola imagen. El resultado es único y prodigioso. Piezas sutiles, con un ritmo visual envolvente, circular y una potente expresividad que sintetizan la energía cinética de la danza. La multiplicidad de los movimientos del cuerpo parece crear, en un gesto súbito, la materialización de la simultaneidad. No hay fragmentación, como ocurre en la obra de Duchamp, no se observa con precisión la trayectoria sino que el cuerpo se funde en fracciones de segundo y crea formas inéditas que parecen girar sobre su propio eje, figuras con gran profundidad plástica y un delicado erotismo.

Heredero de la tradición del budismo zen y el arte de la caligrafía japonesa, Maruyama vuelve así permanente lo efímero, lo fugaz e irrepetible. En cada una de las fotografías de su serie Nude, no hay la tensión que deviene de la materia suspendida, no se vislumbra un principio y un fin, en ellas, Maruyama sintetiza el continuum del tiempo mediante el rítmico fluir del cuerpo femenino que, al danzar, forma pequeños remolinos, esculturas dinámicas de una belleza y sensualidad insólitas.

REFERENCIAS:

Balla, Giacomo, et al. Pittura futurista. Manifesto tecnico. Recuperado el 14 de septiembre de 2017, de Biblioteca Digital Mundial:
wdl.org/es/item/20026.
Bragaglia, Anton. “Fotodinamismo futurista” en J. Fontcuberta, Estética fotográfica. Barcelona: Blume, 1984.
Duchamp, Marcel. Duchamp du signe. París: Flammarion, 1994.
Marinetti, Filippo. Manifesto tecnico della letteratura futurista. Direzione del movimento futurista. 1912.
Maruyama, Shinichi. Statement. 2014. Recuperado el 14 de septiembre de 2017, de Shinichi Maruyama: shinichimaruyama.com/statement.

1 Marcel Duchamp, Duchamp du signe (París: Flammarion, 1994).
2 Shinichi Maruyama, Statement, en shinichimaruyama.com/statement.

Mónica Sánchez Escuer. Escritora y profesora, Maestra en artes visuales por la UNAM y en creación literaria por la Universidad de Texas. Es tutora del Diplomado en Fotonarrativa y Nuevos Medios de la Fundación Pedro Meyer.

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