MIMMO JODICE: LA FOTOGRAFÍA COMO LENGUAJE

Mimmo Jodice, Efeso, de la serie Mediterráneo, 1994. Cortesía del artista. ©Mimmo Jodice.

por Marlene Lelo de Larrea

MIMMO JODICE CREA IMÁGENES QUE CONJUGAN LA SABIDURÍA DEL PASADO CON LA EFERVESCENCIA DEL PRESENTE Y NOS INVITAN A PENSAR EN CÓMO PERMANECEN EN EL TIEMPO CIERTAS EMOCIONES HUMANAS.

En contra de lo que podría pensarse, para Mimmo Jodice su carrera y amor por la fotografía no comenzaron cuando vio el mundo a través de una lente, sino al tener entre sus manos una pequeña amplificadora. Al manipular las imágenes y experimentar con ellas en un cuarto oscuro, supo que su anterior relación con la pintura y la escultura pasarían a segundo plano para emprender un camino vitalicio que lo llevaría a imaginar y construir imágenes personales.

Como toda obra de arte, sus fotografías ofrecen un contenido y una forma. En el caso del primero, las obras están embebidas de los sentimientos y emociones que Jodice quiere comunicar a los demás, rehusándose a utilizar la fotografía como mero instrumento de reproducción de la realidad. Cuando alguna emoción o interés persiste, el artista los busca analizar, explorar y finalmente expresar en un proyecto de largo aliento que la mayoría de las veces se materializa.

Las características formales de su obra disfrutan de una identidad expresiva a partir del uso del blanco y negro, con base en los métodos de la fotografía tradicional, revelada e impresa en un cuarto oscuro. En este laboratorio se lleva al límite el juego de luces y sombras y se producen imágenes solarizadas o quizás dispuestas a manera de collage… en fin, imágenes sugerentes que exaltan el poder de la fotografía como lenguaje emocional.

Al haber encontrado desde sus comienzos como fotógrafo un estilo y un método personal, la fotografía digital no ha sido del interés de Jodice, como tampoco aquélla a color. En palabras del artista, “el color permaneció excluido porque no era posible hacerlo uno mismo en casa, pero también —y sobre todo— porque el color es descriptivo, más fiel a la realidad, mientras que con el blanco y el negro hay más espacio para la imaginación”.

Leal a la fotografía análoga, la trayectoria de Jodice inició en los años sesenta orientada hacia la experimentación y el conocimiento de algunas vanguardias (como el Informalismo y el Surrealismo) para dar paso a un interés por las problemáticas sociales en los setenta, aunque siempre alejado del registro documental. Sin embargo, a partir del decenio siguiente asumió un interés por el ambiente urbano y la fotografía de paisaje, al mismo tiempo que se alejó más del factor humano, para retratar urbes como su natal Nápoles, así como otras ciudades.

Entre estos proyectos, se encuentra la serie Mediterráneo (1995), en la que evoca el pasado, aquel universo grecolatino no sólo de las costas de Italia, sino también de Grecia, España, Jordania, Turquía, Siria, entre otros lugares. Las imágenes de la serie despiertan en el observador diferentes emociones, así como fascinación por la destreza y la diversidad técnica.

En esta serie, Jodice se aproxima de dos maneras distintas a los lugares y artefactos abandonados desde hace tiempo. Por un lado, nos muestra la arquitectura mediante escenarios desolados, olvidados por el hombre, aunque presas del tiempo y la naturaleza; mientras que por otro lado, las esculturas o los fragmentos de éstas se convierten en los actores de esos mismos escenarios. No obstante, cada uno de los vestigios del pasado es abordado en su unicidad.

Al fotografiar el Templo de la Concordia en Agrigento, el resultado es una obra dinámica que transmite movimiento, a pesar del imponente, estático y robusto santuario, mientras que en la de Atenea el artista se divierte experimentando para sobreponer lo moderno a lo antiguo. Por su parte, en Alba Fucens enfrenta al objeto como sujeto, ya que le da un tratamiento de retrato a la escultura romana y no como testimonio arqueológico del pasado. En éste, lo que atrapa nuestra mirada es aquello que hace falta, debido a que el artista logra destacar la ausencia sobre la presencia.

Al observar las obras advertimos cómo el fotógrafo crea una atmósfera metafísica y atemporal, a pesar de que se refieren al pasado específico de la Antigüedad Clásica. Sus imágenes transmiten una especie de silencio y quietud en las atmósferas que reinterpreta, pero que a la vez vibran, se mueven y logran transmitirnos emociones e historias. La sensación podría recordar al momento en el que, en busca de Pedro Páramo, Juan Preciado llega a Comala, donde a pesar del silencio y la tranquilidad, siente y sabe que el pueblo está vivo.

Las fotografías de Jodice son una invitación a adentrarnos en ellas, para ser cómplices de una poética personal, producto de la paciencia, la observación y la contemplación por parte del artista. Cada una de ellas, sin importar la serie o temática, es una instantánea de un viaje introspectivo que se hace visible a nuestra mirada para que, a su vez, emprendamos un nuevo recorrido por medio de ellas.

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Mimmo Jodice, Alba Fucens, de la serie Mediterráneo, 2008. Cortesía del artista. ©Mimmo Jodice.

NAPOLI, Atena, 1993

Mimmo Jodice, Atenea, de la serie Mediterráneo, 1993. Cortesía del artista. ©Mimmo Jodice.

Sus imágenes transmiten una especie de silencio y quietud [… y] en las atmósferas que reinterpreta, pero que a la vez vibran, se mueven y logran transmitirnos emociones e historias.

AGRIGENTO, Tempio della Concordia, 1993

Mimmo Jodice, Templo de la Concordia, Agrigento, de la serie Mediterráneo, 1993. Cortesía del artista. ©Mimmo Jodice.

PALMIRA ,Tetrapilo, 1994

www.mimmojodice.it

Marlene Lelo de Larrea es historiadora y educadora en museos. Actualmente se desempeña como Jefa de Servicios Educativos en el Museo de Arte Moderno y es profesora de diversas asignaturas en el Centro Universitario Incarnate Word.

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