LA VOLUNTAD DEL DESEO: CUERPO, AFECTIVIDAD Y PEDAGOGÍA

Marisa Maestre, Mis tres lunares, 2014. Cortesía de la artista.

por Isis Mariana Yépez Rodríguez

LA VOLUNTAD Y EL DESEO SON MOTORES DE NUESTRO ANDAR EN LA VIDA, LA BRÚJULA QUE NOS MARCA EL CAMINO PROPIO. BAJO ESTA IDEA, PODEMOS PENSAR QUE LA PEDAGOGÍA ES UNA HERRAMIENTA QUE NOS AYUDA A CONOCER Y CALIBRAR NUESTROS AFECTOS PARA, EN ÚLTIMA INSTANCIA, RECUPERAR EL EQUILIBRIO.

La expresión afectiva es la emanación de la intimidad más secreta del ser y el espacio donde dialoga consigo mismo. Los gestos alimentan su relación con el entorno y colorean la presencia, pues, por medio de los afectos, se experimentan los sucesos del mundo, de manera positiva o negativa. La afectividad es el primer y más importante elemento para constituirnos, ya que en ella tienen lugar movimientos interiores como la alegría, la aflicción, el amor, el entusiasmo, el gozo, sin los cuales no nos podemos entender, pero sobre todo, vivir.¹ Aunado a ello, los afectos “se entremezclan con una simbólica corporal para darles sentido, se nutren de una cultura afectiva que el sujeto vive a su manera”² y el secreto de relación con el mundo se encuentra en el cuerpo.

En este sentido, en la afectividad tienen cabida los sentimientos más íntimos y se revela que somos tocados por el mundo y respondemos a él con afectos propios.³ Suely Rolnik expresa que los afectos son los que permiten seguir cuando dos tipos de experiencias de nuestra subjetividad entran en tensión: por un lado, se encuentra la experiencia del sujeto que descifra el mundo por medio de la percepción, y la del viviente, en la que aprehendemos el mundo por medio de los afectos,4 “no en el sentido de cariño, sino en el sentido de ser afectadx, perturbadx, tocadx”5, que son los efectos de las fuerzas de nuestra corporalidad, que es para Rolnik el “cuerpo vibrátil”: cuerpo en movimiento y en vibración del interior y el exterior.

Actualmente, la relación que tenemos con nuestra corporalidad se ha ido desconectando hasta percibirnos como “seres con cuerpo”, cuando podríamos ser seres “encuerpados”, pues no tenemos cuerpo, sino que somos cuerpo. Nuestras relaciones, por ejemplo, se han ido minando en relaciones fragmentadas y sin conexión afectiva, lo que nos lleva a ser cada vez más indiferentes hacia los otros. Parece que es una buena oportunidad para reflexionar en torno a otro tipo de saberes, que desde la educación se han ido dejando atrás, pero que se pueden retomar desde una pedagogía corporal y afectiva, es decir, una pedagogía “encuerpada”.

Para ello, se tendría que pensar en una pedagogía en relación con la voluntad de decir, el deseo de hablar, de pensar y representar. Un deseo de conocer el mundo que habitamos.6 En este sentido, la palabra voluntad, del latín voluntas, -ātis,7 significa querer o desear. La voluntad como deseo es un acto de dirección, es decir, mientras que el deseo se queda en la posibilidad, en el no tener, en la falta, la voluntad se convierte en acto. Es un acto de decisión, seguridad y libertad. Es importante comprender que lo que nos mueve no es la voluntad, sino el deseo. Pero la acción de lo deseado se da gracias a la voluntad.

No se trata de desear “cualquier cosa”. El deseo tiene una dirección y para comprender el sentido de nuestra relación con el mundo, es importante asumirnos como sujetos deseantes, móviles, cuerpos afectivos y sensibles. Ello significa tomar conciencia de nuestra subjetividad y reconocernos como seres deseantes, dueños de la objetividad y subjetividad, de la razón, la emoción y la corporeidad. Reconocer nuestra voluntad significa registrar nuestro cuerpo y afectividad, nuestro deseo de estar y habitar el mundo desde un punto de partida más sensible, abierto a vivir y con-vivir.

[…] lo que nos mueve no es la voluntad, sino el deseo. Pero la acción de lo deseado se da gracias a la voluntad.

La pedagogía, en este caso, puede generar condiciones de posibilidad para “activar nuestro saber-de-viviente, saber-del-cuerpo, […] saber [que] es nuestra brújula”.8 Esto significa seguir el camino de la pulsión, la voluntad de convocar al deseo para crear algo que logre recobrar nuestro equilibrio. Dejar de desear no es la opción, pues significaría permanecer inmóvil, morir. Por lo tanto, cada vez que la vida nos indica que ya no se puede seguir así, porque nos sofoca, es necesario transformarnos. Para ello, la pedagogía, como herramienta de construcción del ser libre, y la voluntad juegan papeles esenciales para asimilar nuestro cuerpo viviente y deseante. La pedagogía sustentada en la posibilidad de potencializar los afectos interiores y que sean éstos quienes guíen al sujeto.

Uno de los problemas es que nadie nos acompaña en este proceso afectivo, de afectación, pues “la enfermedad”, la tristeza o las afecciones, parece ser, no están bien vistas en nuestro ámbito, incluso en la educación. Por otro lado, tampoco nos enseñan a aprender a vivir el proceso afectivo de manera individual, con nuestra subjetividad, una vez que no tenemos guía. Por eso, es importante reconocer y reactivar nuestros deseos, nuestra brújula viviente, nuestro cuerpo vibrátil, que la voluntad sea la acción que nos ayude a movernos desde nuestra intimidad y nuestros deseos más profundos, con los cuales nos relacionamos con el mundo, nos acercamos a él. Deseos propios internos y honestos, no aquellos que vienen del exterior, sino con los que vivimos y sentimos el exterior, a las otras corporalidades. 

Bibliografía

Bardet, Marie. “¿Cómo hacernos un cuerpo? Entrevista con Suely Rolnik” en Lobo suelto! (2018). http://lobosuelto.com/?p=19635, consultado el 19 de mayo de 2018.

Braidotti, Rossi. Metamorfosis. Hacia una teoría materialista del devenir. Madrid: Akal, 2002.

Díaz, Ramón. El ámbito de la afectividad humana en el pensamiento filosófico de Dietrich von Hildebrand. México: BUAP, 2018. https://bit.ly/2uJfmyc, consultado el 20 de mayo de 2018.

Le Breton, David. Las pasiones ordinarias. Antropología de las emociones. Buenos Aires: Ediciones Nueva Visión, 1999.

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Marisa Maestre, Tipogramundos 2013. Cortesía de la artista. 

1. Ramón Díaz, El ámbito de la afectividad humana en el pensamiento filosófico de Dietrich von Hildebrand.
2. David Le Breton, Las pasiones ordinarias. Antropología de las emociones..
3. Ramón Díaz, op. cit., p. 165-166.
4. Marie Bardet, “¿Cómo hacernos un cuerpo? Entrevista con Suely Rolnik”.
5. Ibídem.
6. Rossi Braidotti, Metamorfosis. Hacia una teoría materialista del devenir.
7. Diccionario etimológico, “Voluntad”.
8. Marie Bardet, op. cit.

Marisa Maestre es una ilustradora, directora de arte, creativa de profesión y collagista de corazón de origen español. Su obra se centra en la exploración del inconsciente y la necesidad vital de crear como canal de expresión, comunicación y transformación. marisamaestre.com

Isis Yépez. Licenciada en pedagogía por la UNAM, actualmente realiza el Máster en historia del arte contemporáneo y cultura visual en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS). Su línea de investigación deriva de la relación entre el arte contemporáneo y la pedagogía. Es colaboradora en proyectos con enfoque multidisciplinario con Proyecto Nómada.

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