LA VOLUNTAD DE GOCE Y LA VOLUNTAD DE DESEO

Rozenn Le Gall, De la serie Collages papier (Collages de papel), 2017. Cortesía de la artista.

por Fernanda Ballesteros Fernández

EXISTEN DISTINTAS MANERAS DE ENFRENTAR LA ANGUSTIA Y EL VACÍO QUE TODO SER HUMANO EXPERIMENTA. CADA UNO DECIDIRÁ, DESDE SU VOLUNTAD, SI LA SOLUCIÓN ESTÁ EN LOS GOZOS MOMENTÁNEOS O EN EL DESEO DE CONECTAR Y CONSTRUIR CON EL OTRO.

Una ostra o un pájaro encuentran el goce en el simple hecho de existir: no tienen el pendiente de saber para qué están en el mundo. El ser humano, desde que empieza a hablar, busca encajonar lo que le rodea en símbolos, pero la inconsistencia de esos símbolos lo condena a una contradicción continua y a un vacío radical que no lo deja sentir ese goce de existir, atado a una búsqueda permanente de explicaciones, de significantes.

Ese vacío cambia de nombre según el momento, es “extrañar a alguien”, “el trabajo de tus sueños que no has podido conseguir” o “el hilo de angustia al terminar una jornada”, es “el sabor de boca de una resaca cuando te usurpa la energía entera y algo más”, “la recaída a la cotidianidad después de un éxito profesional o de un viaje a la playa”.

Para combatir o sanar ese vacío radical, el goce se presenta ante nosotros como atractivo, mientras adorna de belleza plástica la sociedad de consumo en la que flotamos. La voluntad del goce toma vías rápidas, físicas, materiales, es la cerveza después de la jornada dura, la compra de un nuevo celular, el cambio de pareja para dejar de añorar la sombra de alguien. Sin embargo, después de consumirlas nos regresa irremediablemente al vacío.

Por eso, en el goce están trenzados el placer y el displacer: repeticiones que llevan a un placer que se acaba y deja en su lugar la culpa, la angustia. Perseguir el goce es escoger un camino que termina siempre en un vacío, ejercer tu voluntad hacia un agujero, caminar con ojos cerrados guiado por un ciego.

En la actualidad, el psicoanalista Alejandro Tolosa lo ilustra con el concepto de “iTramp”: la trampa de las identificaciones, la de pensar que vamos a ser felices con la acumulación de objetos. Cuando habla de las identificaciones se refiere a ese goce que devoramos de manera narcisista en imágenes: por ejemplo, en la valoración de uno mismo contabilizada por la cantidad de “likes” en las redes sociales, una identificación basada en lo que muestra la cámara o el espejo sin tomar en cuenta el yo detrás de la piel, la enorme contradicción de la que estamos hechos.

La “tiranía de la memoria”, como menciona Lacan, nos mantiene en escapes de goce, en vicios. Es el whiskey después del quinteto de cervezas, es el cigarro y el café, la búsqueda permanente de nuevas sensaciones bajo efectos externos. La paradoja de “la repetición odiosa del Mal” de la que habla San Pablo es lo que Freud denomina como “pulsión de muerte”, una pulsión más allá del principio del placer, más allá de buscar el placer y rechazar el dolor.

Freud lo explica en una entrevista a Viereck en 1926: todo ser vivo, sin importar cuán intensamente la vida arda dentro de él, ansía el Nirvana, la cesación de la “fiebre llamada vivir” porque el objetivo último de la vida es la propia extinción. La pulsión de muerte es el goce por la propia destrucción desde una base de “hiperhedonismo”.

La voluntad del goce afirma la dimensión caótica de la vida y la gasta sin sentido utilizando como empuje el vacío radical en el ser.

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Rozenn Le Gall, De la serie Fleuries (Floreados), 2017. Cortesía de la artista.

El goce abre puertas hacia uno mismo mientras que el deseo las abre hacia el Otro.

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Rozenn Le Gall, De la serie Collages couleur sur fond noir (Collages con fondo negro), 2017. Cortesía de la artista.

Por otro lado, Massimo Recalcati en Desiderio, godimento e soggettivazione (2012) dice que el humano responde al principio de lo Útil –a la ley del Lustprinzip- para llevar a cabo actividades “productivas” y “conservadoras”, opuestas a las acciones improductivas que exponen a un goce sin fin, a un continuo derroche de sí mismo: el lujo, los pleitos, la guerra, los cultos, los juegos, los espectáculos, las actividades sexuales perversas. La voluntad del goce afirma la dimensión caótica de la vida y la gasta sin sentido utilizando como empuje el vacío radical en el ser.

Paralelamente, ese mismo vacío es el origen del deseo. Recalcati lo explica: el deseo evoca al infinito según una “nostalgia fundamental” sin Objeto: no existe Objeto del deseo ya que ninguno lo puede satisfacer integralmente. Es esa la diferencia con el goce, en el deseo está la aceptación de que no hay Objeto. Esta ausencia genera la discrepancia que Sartre denominó “ausencia existencial”.

Queda claro, el deseo no es querer un boleto de avión, unos zapatos o una beca. Pero sí es salir de la especie de autismo en el que estamos construidos en el goce para generar puentes con el Otro. Porque la fórmula es ésta: a medida que haya más goce, hay más del Yo, menos del Otro y menos deseo. El goce empuja los vicios en ese intento inconsciente de olvidar el Otro porque el goce es el Uno y no cabe nadie más. El goce abre puertas hacia uno mismo mientras que el deseo las abre hacia el Otro.

El deseo cifra el goce en una gramática de la existencia. Mientras Hegel lo relaciona con una satisfacción simbólica, para Lacan es la angustia, la sensación inquietante de la potencia del deseo del Otro, ¿cómo me ve el Otro? ¿qué quiere de mí? El deseo crea lazos hacia el Otro en una sociedad trazada alrededor del goce, lo instantáneo y el yo. Al final, el deseo termina siendo una manera de sobrevivir en sociedad.

Lacan descubre rasgos del deseo en síntomas concretos: rebelión, rezos, aburrimiento, pánico. En el aburrimiento el tiempo se muerde la cola y se llega a un punto en que se exige un cambio; con el pánico falta el aire, la respiración, algo nuevo; en el rezo se invocan los cambios que en la rebelión se piden de un modo más burdo. Lo que todos demandan es la apertura al mundo.

La voluntad de deseo es aceptar la falta en el ser (no en el tener) y construir algo apuntando hacia el Otro, es transformar el vacío en deseo, porque el deseo es metonimia. Es la voluntad misma, el motor de la vida.

Aterrizar el concepto de deseo no es tarea fácil, se requiere de una mirada aguda para figurar lo más singular y paradigmático de un sujeto, lo que da sentido a la existencia. 

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Rozenn Le Gall, De la serie Collages papier (Collages de papel), 2017. Cortesía de la artista.

Rozenn Le Gall es una artista francesa que utiliza imágenes de revistas viejas de moda para crear collages sensuales y sugestivos. Con un gran talento para deconstruir las imágenes, Le Gall nos ofrece postales exquisitas que reflexionan sobre el deseo y goce en nuestros días. rozennlegallcollages.com

Fernanda Ballesteros estudia actualmente una Maestría de investigación en la Sorbona en temas de psicología y literatura.

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