LA VIBRANTE SATURACIÓN VISUAL EN LA OBRA DE HEIKE WEBER

Heike Weber, Utopia (Utopía) presentada en la Fundación Herbert Gerisch en Neumünster, Alemania, 2009. Cortesía de la artista. heikeweber.net

por Mariana Pérez

LA PRÁCTICA ARTÍSTICA DE HEIKE WEBER ESTÁ BASADA EN LA INTERVENCIÓN A MANO DE ESPACIOS ARQUITECTÓNICOS CON EL FIN DE TRASTOCAR NUESTRA EXPERIENCIA EN EL MUNDO. CON SU TRABAJO, WEBER NOS RECUERDA CÓMO CON PASIÓN Y MUCHA VOLUNTAD PODEMOS TRANSFORMAR LA EXISTENCIA DE OTROS.

Hace poco tiempo me enfrenté por primera vez a la imagen de una obra producida por Heike Weber: una habitación alargada con tres columnas blancas de las cuales parecen surgir ondas expansivas que inundan el espacio, mientras se interceptan unas con otras. Superposición de formas en mutación constante que provoca un efecto visual, casi hipnótico, difícil de trasladar a las palabras.

No tardé mucho en encontrar una segunda imagen, bastante similar a la anterior. Una habitación de paredes blancas en las que Weber trazó, con sencillas líneas negras, ondas que remiten a las curvas de nivel de un mapa topográfico. Una vez más, una vibrante saturación visual trajo a mi cabeza un cuestionamiento bastante sencillo: ¿qué se sentirá caminar por ese espacio? Inferí que los parámetros usuales de la percepción espacial debían modificarse de un modo desconcertante, que quizá un visitante absorto en el ritmo de esos patrones podía perder por unos instantes sus referencias de orientación espacial. Al adentrarme en la producción de esta artista alemana, nacida en Siegen en 1962, esas sospechas se confirmaron.

Las dos obras aludidas llevan, respectivamente, los nombres de Echo (2015) y Utopia (una obra con varias entregas entre 2007 y 2009). Ambas se enmarcan en la propuesta que Weber ha trabajado reiteradamente desde hace más de 20 años. Se trata de instalaciones de sitio específico cuyos murales monocromáticos expansivos abarcan la totalidad del espacio expositivo, desde el techo hasta el piso. A veces es una cuadrícula, otras más son imágenes que remiten a montañas, ondas sonoras u olas del mar en perpetuo movimiento… los motivos pueden variar, pero el resultado es siempre el mismo: un embriagador laberinto transitable.

Quienes han tenido la oportunidad de recorrer los espacios arquitectónicos alterados por el talento de Weber, coinciden en que, a pesar de la claridad estructural de su propuesta plástica, la experiencia resulta física y mentalmente perturbadora. La han comparado con flotar en el espacio, caer al abismo, perder el piso bajo los pies, sentir que las paredes han cobrado vida y reclaman liberarse del letargo de su existencia estática. Sin duda la metáfora es la mejor alternativa cuando se trata de describir una experiencia que pone en entredicho las leyes de la perspectiva, el movimiento y la dimensión con las que usualmente nos orientamos en el espacio.

[…] Weber decide tomar el camino largo, dibujando a mano alzada, con un marcador permanente, habitaciones de hasta 5 mil metros cuadrados.

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Heike Weber, Utopia (Utopía) presentada en la Fundación Herbert Gerisch en Neumünster, Alemania, 2009. Cortesía de la artista. heikeweber.net

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Heike Weber, Cubes (Cubos), 2016. Cortesía de la artista. heikeweber.net

Las líneas intrincadas que provocan esa abundancia de formas y movimiento que tanto cautiva a los visitantes, bien podrían ser creadas mediante el ploteo, la impresión vinílica o alguna otra técnica digital con la que Weber seguramente está familiarizada a partir de su formación en diseño gráfico en la Universidad FH Aachen, Alemania. Sin embargo, la artista decide tomar el camino largo, dibujando a mano alzada, con un marcador permanente, habitaciones de hasta 5 mil metros cuadrados. ¿Su estrategia? Comienza por cubrir el piso con linóleo blanco para convertir el espacio en una caja blanca. Después, el punto de partida para la primera línea es el contorno de un elemento dentro de la habitación —una columna, una puerta, un radiador, un mueble. A partir de ese origen, las líneas se van curveando, adquieren movimiento, se multiplican como las ondas que genera una piedra al caer al agua. Una línea, siempre la misma y siempre cambiante, se expande en resonancia por el espacio. El resultado explora la fuerza y el potencial dinámico del dibujo y logra un efecto casi tridimensional gracias al meticuloso control del espacio en blanco entre cada línea.

Casi sobra decir que un proceso de creación como éste implica una enorme laboriosidad. Imagino a Weber pintando recostada sobre el piso, en cuclillas, parada, subida en una escalera para alcanzar el techo… Horas y horas de trabajo arduo en las que la voluntad de la artista está volcada por completo en la obra. La imagino absorta en su quehacer, con ese compromiso que no sólo distingue a los grandes artistas, sino a todas las personas que en distintos ámbitos generan resultados extraordinarios.

Algo similar ocurre con la serie de obras inspiradas en tapetes turcos que, bajo el nombre de Kilim, ha presentado con insistencia desde 2007. Con la intención de reivindicar el trabajo manual, Weber “teje” estos tapetes de gran formato —algunos de más de diez metros de largo— con nada más que una pistola de silicona en mano. El hilo de silicona se convierte en la línea que gira y serpentea para generar formas cambiantes que, una vez más, inundan el espacio de un modo cautivante. Y así como sus cuartos pintados con marcador indeleble alteran la percepción habitual del espacio, estos tapetes revierten las reglas y trastocan los usos. La silicona pasa de ser una herramienta para trabajos utilitarios a un material para la creación artística. El tapete abandona su funcionalidad cotidiana y se convierte en un objeto de contemplación que no puede ser pisado y que entra en diálogo con el espacio arquitectónico y el piso sobre el que es emplazado. En palabras de la artista: “el trabajo ocupa un lugar entre objeto funcional, dibujo, ornamento y escultura que define la habitación”. Un trabajo que, sabemos, implica laboriosidad, voluntad y compromiso, pero cuyo resultado final bien vale la pena. 

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Heike Weber, Echo (Eco) presentada en ARTER, Estambul, Turquía, 2015. Cortesía de la artista. heikeweber.net

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Heike Weber, Cubes (Cubos), 2016. Cortesía de la artista. heikeweber.net

Mariana Pérez es historiadora del arte y trabaja en proyectos de educación artística y cultural.

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