LA PARTICIPACIÓN POLÍTICA COMO EXPERIENCIA DE VIDA DEL MEXICANO; LA CULTURIZACIÓN DE LA SOCIEDAD MEXICANA EN EL ARTE DE SER GOBERNADO SEGÚN SUS DESIGNIOS

© Bob Schalkwijk, Mercado de San Ángel, Ciudad de México, 1964. Cortesía del artista.

por Marcelo Rueda

EN EL DESARROLLO DE LAS SOCIEDADES RESULTA IMPORTANTE HACER UN AUTOANÁLISIS DE COMPORTAMIENTOS Y PRÁCTICAS POLÍTICAS PARA DETECTAR FALLAS Y TRABAJAR EN ELLAS. EN ESTA LÍNEA, VALE LA PENA ESTUDIAR LA DISOCIACIÓN ENTRE LO SOCIAL Y LO POLÍTICO PARA BUSCAR CAMINOS QUE AYUDEN A FORTALECER NUESTRA PARTICIPACIÓN POLÍTICA Y EXPERIENCIA DEMOCRÁTICA.

Los mexicanos negamos la relevancia de la vida pública y de la política en nuestras vidas, lo hacemos sin observar que la educación de nuestros hijos, nuestra vivienda, trabajo, tranquilidad y nuestro desarrollo, tienen un lazo indisoluble con ella. Para los mexicanos la política no merece su atención y mucho menos su participación, sin embargo, vale la pena responder a este simple cuestionamiento: ¿no es acaso la política la que se mete en nuestra vida como humedad necia que todo lo moja y afecta?

Para Duverger, la sociología política se encarga de estudiar los fenómenos políticos de manera sociológica¹. La adopción necesaria de un espacio de participación en la vida pública surge de la necesidad de una nueva culturización de la sociedad mexicana bajo parámetros de conformación, entendimiento e influencia relativa de cada uno con el colectivo social. Lo anterior se distingue de las influencias previamente concebidas, por la cultura obtenida de los pueblos originarios, las consecuencias sociológicas y antropológicas de la colonización, o bien, aquellas arraigadas en la sociedad mediante los resabios sociales fecundados en el sistema político revolucionario y hegemónico que experimentamos en tres cuartas partes del siglo XX.

Las preguntas suelen saltar al análisis de inmediato:

  • ¿La escasa participación en la vida pública o política de nuestro país es consecuencia de un condicionamiento cultural obtenido desde la sociedad y sus grupos sociales?; o
  • ¿El condicionamiento social con relación a la participación política de los mexicanos se debe a su conformación histórica de sometimiento y falta de democracia?

De los cuestionamientos anteriores podemos concluir de forma sencilla que existe un hilo conductor en las consecuencias de la falta de participación política de la sociedad, que encuentra un vínculo directamente proporcional con la práctica de la democracia.

Es muy posible que no arribemos a conclusiones que nos ayuden a dilucidar sin Rogelio Díaz Guerrero y su teoría del origen étnico y cultural del comportamiento del mexicano.² La verdadera causa de esta falta de participación es posible entenderla gracias a la disociación entre lo social y lo político; tal lejanía se puede atribuir a la falta de la existencia de un sistema político democrático, que ciertamente nuestro país históricamente no ha tenido por un lado, y por el otro, no ha logrado consolidarse en los tiempos recientes. Sistema político democrático, que por decir lo obvio, es condición preconcebida para el ejercicio de la democracia y con ésta de la participación social en la política.

Ahora bien, resulta claro que la experiencia democrática que hemos tenido los mexicanos no ha sido suficiente para culturizarnos y fomentar actitudes individuales y sociales que nos motiven a vivir una experiencia de participación en la vida pública del país, que oriente, influya, forje nuestro destino como sociedad y como individuos.

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© Bob Schalkwijk, Muná, Yucatán, 1971. Cortesía del artista.

La gran pregunta ahora será si la culturización en democracia debe provenir a partir de un esfuerzo de las instituciones públicas o a partir de la propia sociedad, sus grupos sociales y opinión pública.

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© Bob Schalkwijk, Cortesía del artista.

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© Bob Schalkwijk, Unidad Habitacional Independencia, Ciudad de México, 1964. Cortesía del artista.

Ser demócrata, participar en política, desear vivir esa experiencia, sólo encontrará nuevas dimensiones a partir de que la conducta de participación encuentre sentido y eche sus raíces en nuestra nación con base en la repetida experiencia, como forma complementaria de convivencia y toma de decisiones. La participación democrática de la sociedad en política trasciende la naturaleza de la especie, más allá de lo que plantean Hobbes y Rousseau sobre el hombre malo o bueno por naturaleza, a partir del cual se forja el Estado,³ sino que es un aprendizaje que con el tiempo incide en la población mediante la entrega generacional de la cultura democrática que condicione, con seguridad, a nuestro ser social a participar en la vida pública de nuestro país. Sin embargo, para que ello pase, habrán de pasar décadas o cientos de años.

La culturización de la sociedad mexicana en el arte de ser gobernado según sus designios es una tarea pendiente de realizar. La gran pregunta ahora será si la culturización en democracia debe provenir a partir de un esfuerzo de las instituciones públicas o a partir de la propia sociedad, sus grupos sociales y opinión pública.

Desde poco antes del año 2000, México se transformó en una nación democrática, de aquellas que fomentan la participación y la convivencia en lo público y la intervención social en lo político. De una u otra forma, los gobiernos que sucedieron al año 2000 construyeron un rústico andamiaje de participación política de la sociedad e incluso, lucharon para fomentar en los ciudadanos el interés de participar de la discusión pública. Además, las herramientas tecnológicas existentes como las redes sociales han servido para potenciar la referida experiencia en la participación política.

Aunque se encuentran en un nivel de estridencia todavía, las redes sociales pueden ser el catalizador que le sirva a la democracia mexicana para potenciar su intrusión en la vida social, pueden acelerar el proceso de cohesión social en la participación política y hacernos ahorrar quizá lustros de aprendizaje y culturización. Sin embargo, las instituciones públicas son las que deben fomentar su uso responsable y fomentar la comunicación bidireccional con la sociedad en su conjunto.

Que el mexicano viva de forma cotidiana la experiencia de involucrarse en la elección de sus autoridades, la participación en la toma de decisiones, la crítica constructiva que le diga a los gobernantes que son vigilados y la opinión política de lo que es conveniente hacer, es una tarea pendiente que paradójicamente repudiamos, sin saber que constituye la base de nuestro desarrollo como sociedad.

A manera de corolario
La experiencia de las mexicanas y los mexicanos participando en política es un acto de amor hacia nuestros hijos y en general, hacia los que más amamos, porque de ello dependen las oportunidades de desarrollo que cada uno tenga en el futuro.

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© Bob Schalkwijk, Cortesía del artista.

Bob Schalkwijk es un fotógrafo neerlandés afincado en México desde 1958. Aunque su pasión por la fotografía inició desde niño, su carrera profesional despuntó en nuestro país por medio de retratos que exploran la riqueza y diversidad de la sociedad mexicana, además de ofrecer un registro sensible del proceso de modernización. Schalkwijk ha tomado más de 400 mil fotografías en 45 países y se mantiene activo hasta hoy.
www.bobschalkwijk.com | Instagram @bobschalkwijk

Marcelo Rueda Martínez es profesor de Universidad Humanitas, imparte cátedra en las Licenciaturas de derecho, ciencias políticas y administración. Es asesor en derecho parlamentario, regidor del Ayuntamiento Benito Juárez, Cancún 2011-2013 y expresidente del Partido Acción Nacional en el mismo municipio.

1. https://deconceptos.com/ciencias-sociales/sociologia-politica.
2. 
Rogelio Díaz Guerrero, psicólogo mexicano, escribió el libro, considerado ya un clásico, Psicología del mexicano, para después proponer una teoría más comprehensiva del origen psicosocial del mexicano, denominada Etnopsicología del mexicano, que ha influenciado a nuestra ciencia no sólo a nivel nacional sino internacional. http://www.scielo.org.co/pdf/rlps/v38n1/v38n1a12.pdf 
3. 
Lucía Fernández Olvera, “¿El hombre es bueno o malo por naturaleza? Thomas Hobbes de Malmesbury, Jean-Jacques Rousseau y Jean-Paul Charles Aymard Sartre” en Crítica.cl (2018). http://critica.cl/pensamiento-juvenil/el-hombre-es-bueno-o-malo-por-naturaleza-thomas-hobbes-de-malmesbury-jean-jacques-rousseau-y-jean-paul-charles-aymard-sartre (consultado el 9 de septiembre 2020).

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