LA ÓPERA DE HARBIN: LA CONSTRUCCIÓN RETROACTIVA DE LA CULTURA

por Pablo Goldin

Todas las imágenes: MAD Architects, Harbin Opera House (Ópera de Harbin), 2009-2015. Harbin Opera House, aerial view from the east (Ópera de Harbin, vista aerea desde el este). Fotografía de ©Hufton+Crow. Cortesía de MAD Architects.

EN UN MOMENTO EN EL QUE SE PRIVILEGIA LA INMEDIATEZ Y LA GRANDILOCUENCIA, VALE LA PENA ANALIZAR OBRAS ARQUITECTÓNICAS COMO LA ÓPERA DE HARBIN, DISEÑADA POR MAD ARCHITECTS, VINCULÁNDOLAS AL ESPÍRITU DE SU ÉPOCA, EL CONTEXTO DEL PRESENTE EN EL QUE SE INSERTAN, Y AL MISMO TIEMPO, LA PROYECCIÓN QUE PUEDAN TENER A FUTURO.

"En Estados Unidos no podría hacer el trabajo que hago aquí.
Nuestra mirada ha vuelto demasiado hacia el pasado.
En China quieren hacer que todo se vea nuevo. Éste es su momento
en el tiempo. Ellos quieren hacer del siglo XXI, su siglo."¹

Steven Holl, New York Times, 2008

Por razones políticas, económicas, culturales, físicas y conceptuales, el tiempo es un tema fundamental para la arquitectura contemporánea, en especial para las grandes obras públicas que concentran el deseo y las ilusiones del autor que las diseña y el sistema que las financia frente al territorio donde se desplantan. La Ópera de la ciudad de Harbin diseñada por MAD Architects, concursada en 2009 e inaugurada en 2015, representa un caso particular en la concepción de este tipo de centros (generalmente marcados por los escándalos ligados a las prisas, el vacío generado por la especulación y la lentitud de los aparatos institucionales que los gestionan), responde a su entorno, cristaliza el espíritu de su época y define una aproximación distinta en la realización de grandes “hitos” arquitectónicos.

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¿Qué nos dicen la Ópera de Harbin y su contexto sobre la manera en que los distintos tiempos se conjugan mediante la arquitectura en la actualidad?, ¿cuáles ideas y qué propuestas manifiesta hacia la relación entre los espacios de esparcimiento y la sociedad a la que alimentan?, ¿cómo interactúa el edificio con la vida de sus usuarios?

Frente a la necesidad de consolidar un destino atractivo para el turismo internacional y como respuesta a una larga tradición de artes escénicas, en la ciudad de Harbin, conocida por su cercanía con Rusia y su enorme festival de esculturas en hielo, se decidió concebir un complejo cultural cuya misión era enriquecer la vida de los turistas y los casi diez millones de habitantes que comparten una urbe donde la temperatura promedio llega a alcanzar los -24° C. Después de décadas de un precipitado éxodo rural y la construcción de edificios delirantes y ciudades que terminaron abandonadas como la réplica de París que aparece en el reciente video de Jamie XX, “Gosh”, China se enfrenta a un periodo de reparaciones urbanas donde los edificios trofeo no bastan para solucionar los conflictos ligados al desarrollo inmobiliario desmedido que les permitió existir tiempo atrás. Se necesitan consolidar las vidas de los habitantes que los mantienen en funcionamiento para evitar el desértico destino de las ciudades o el fenómeno del “elefante blanco” en el que estas grandes obras terminan por carecer de sentido y uso. Las zonas anteriormente industriales, administrativas o habitacionales se enfrentan hoy a la construcción de su propia historia y cultura para asegurar la subsistencia de sus habitantes como sucede con Santa Fe o Ciudad Neza en la Ciudad de México o en Brasilia cuya sectorización del territorio ha mermado el tejido social y empobrecido la calidad de vida de sus habitantes. Obligada a ofrecer un espacio público del que carecía, la casa de ópera ubicada entre las dunas y pantanos de la nueva zona cultural de Harbin cumple funciones urbanas, culturales, simbólicas y estéticas. Es la cruda alegoría de la retroacción optimista con la que los grandes edificios surgen como revanchas hacia derrotas pasadas mientras anhelan construir futuros mejores.

En diciembre de 2014, dos años después de la inauguración de la sede de las oficinas del CCTV en Shanghái y seis años después de los juegos Olímpicos de Pekín donde se construyeron edificios impresionantes hoy abandonados, Xi Jinping, el expresidente de China, declaraba a los medios de comunicación que la arquitectura rara debía desaparecer para dar lugar a edificios económicos, verdes y hermosos. Desde el Guggenheim de Bilbao concebido por Frank Gehry en 1997, las ciudades con aspiraciones internacionales persiguen por medio de estadios, óperas y museos el milagro arquitectónico que las ubique en el mapa y repare su economía. A partir de ese momento, los concursos internacionales para realizar obras públicas conocieron una competencia voraz hacia edificios altamente descriptibles y logotípicos que pudieran servir como escudos y banderas de las instituciones que los encargan y deseados por turistas ansiosos de retratarse en ellos.

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De arriba a abajo:
1. Night view of the main entrance to the grand lobby featuring the crystalline skylight (Vista nocturna de la entrada principal al gran lobby con el cielo cristalino). Fotografía de ©Adam Mørk. Cortesía de MAD Architects.
2. Night view of the grand lobby and grand theater (Vista nocturna del gran lobby y gran teatro). Fotografía de ©Adam Mørk. Cortesía de MAD Architects.
3. Night view looking into the lobby of the small theater (Vista nocturna del lobby del teatro pequeño). Fotografía de ©Adam Mørk. Cortesía de MAD Architects. 

4. The lobby of the grand theater (Lobby del gran teatro). Fotografía de ©Hufton+Crow. Cortesía de MAD Architects.
5. View of the grand theater’s main stage and the proscenium (Vista del escenario y proscenio del gran teatro). Fotografía de ©Hufton+Crow. Cortesía de MAD Architects.

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[…] las instituciones arquitectónicas pueden ser construidas con la paciencia que requieren y causar el acelerado impacto mediático que buscan.

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El museo Guggenheim de Nueva York fue para mí la primera obra cuya morfología podía ligarse directamente al diseño gráfico que ha construido la identidad comercial que hoy vende millones de entradas, la Ópera de Sídney es un segundo ejemplo de la claridad formal con la que los grandes iconos modernos se consolidaban como símbolos al generar una silueta inconfundible al espectador. La Ópera de Harbin cuyo creador, Ma Yansong, describe como un paisaje transitable capaz de confundirse con su contexto inmediato, nos habla de una manera distinta de interactuar con la cultura y el territorio. Su geometría compleja y líquida nos obliga a fragmentarlo en situaciones, momentos y espacios. El espíritu de la obra deja de guardar relación formal con el edificio y comienza a construirse en la experiencia del usuario y los fenómenos lumínicos y climáticos que absorben sus pliegues y caminos. Superada la imagen vistosa que proyecta, valoro este edificio no sólo por las innovaciones tecnológicas que su concepción exige sino por la medida en que absorbe un entorno en constante transformación y privilegia el movimiento de los transeúntes en sus plazas y techumbres, mientras reacciona a las distintas estaciones del año.

Si bien la condición acelerada y capitalista de nuestro tiempo, que Luciano Concheiro describe en su libro Contra el Tiempo: filosofía práctica del instante (Anagrama, 2016), nos aísla en rutinas monótonas que se traducen en arquitecturas genéricas y desmesuradas, edificios públicos como esta ópera ofrecen un ejemplo en que las instituciones arquitectónicas pueden ser construidas con la paciencia que requieren y causar el acelerado impacto mediático que buscan. Sólo los años determinarán si cumplirá la misión cultural y económica que deseaba o será un edificio fantasma más dentro del repertorio que las últimas décadas han cosechado. El tiempo y sus razones dirán.

1. In America, I could never do work like I do here. We’ve become too backward-looking. In China, they want to make everything look new. This is their moment in time. They want to make the 21st century their century. Traducción de Capitel.

Pablo David Goldin Marcovich es alumno de la Facultad de arquitectura de la UNAM y trabaja en Estudio MMX. Hace dirección de arte para cine, proyectos arquitectónicos y diseño.

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