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La libertad y mi vientre


En idioma mbay no existe la palabra libertad, el concepto más cercano es kam gue, ‘el querer del vientre’. Este ensayo del dramaturgo chadiano Koulsy Lamko reflexiona en torno al concepto occidental de libertad, sus contradicciones, arbitrariedades y contrastes con la libertad bajo los términos de comunidad.

Por Koulsy Lamko

De vez en cuando, se me ocurre reflexionar. Sobre todo en la friega matutina de los platos. El automatismo del gesto libera el pensamiento sin duda. Esta mañana vagabundea mi pensamiento y se siente verdaderamente libre de interrogar el concepto de libertad. Un caleidoscopio de imágenes de la clase de filosofía de hace casi cuarenta años: acto libre, gratuito, determinismo; Lafcadio que para expresar su libre albedrío, empujó al viejito para arrojarlo del tren: la joven madre con diez amantes que no sabría reconocer al padre de su bebé y que decide dar a luz en el río para que el fruto de sus entrañas sea arrastrado por el agua; el guerrillero que desde hace veinte años sigue con su arsenal de combatiente de la libertad en la selva virgen; los existencialistas Sartre, Camus y Heidegger; Durkheim y su aporía individuo/sociedad; la plaza Tiananmén con sus resistentes de manos desnudas enfrentándose a los enormes tanques chinos; todos estos lugares comunes vueltos míticas de las supuestas primaveras árabes y ucranianas; los 43 desaparecidos de Ayotzinapa… los periodistas asesinados. La Historia de una humanidad libre de mentirse a sí misma encarcelándose en la cárcel de la historia hegemónica, de la cultura occidental que se pretende Civilización universal…

Yo reflexiono.

La acumulación o capitalización material es emblema de una destrucción de los reflejos comunitarios de la propiedad colectiva. Es sistémico. Cuando el Estado-nación atomiza estructuralmente las arquitecturas comunitarias, las fagocita, les destruye, se vuelve pura pretensión intentar restaurar los valores de justicia y de reparto. Además la subordinación de un Estado-nación al modelo capitalista de producción que privilegia el individualismo y la propiedad privada… no permite recuperar las prerrogativas relacionadas a la libertad auténtica.

Cómo se piensa promover la libertad al mismo tiempo que las desigualdades funcionales, económicas y culturales son suscitadas, reglamentadas, y protegidas por el derecho burgués discriminatorio. Las rentas, prebendas de tipo medieval, constituyen el rompecabezas del mapa de las riquezas materiales. Además son sostenidas, en su desarrollo, por un tejido de redes mafiosas, astutas y pérfidas, las cuales se burlan de un derecho paralizado por sus contradicciones y ambigüedades. Se instala entonces una oligarquía moderna sobreentendida, legal en sus estrategias funcionales, incluso si fuera ilegitimo a la vista de las leyes de la vida social. ¡Viva la servidumbre! Los guaruras golpean y lastiman a los individuos libres que organizan una protesta para expresar su desacuerdo con el sistema. Los jueces y los legisladores con sus leyes promulgadas en función de sus bolsas, encarcelan a los individuos libres que gritan su opinión o a las comunidades que defienden su pedazo de tierra.

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Koulsy Lamko. Jóvenes siendo iniciados a la vida comunitaria en la comunidad mbay de Moissala, Chad, 2012.

Pienso en la OTAN, libre de bombardear a Irak y ocuparlo, la OTAN libre de destruir a Libia. Pienso en las mujeres congoleñas de Kivu, libres de ser violadas por millares, incluso con la presencia de los Cascos Azules de la ONU desde hace diez años en la región; Boko Haram y el Ejército Islámico que cortan las cabezas al voleo. También pienso en la policía estadounidense que dispara a bocajarro sobre negros y latinos sin defensa; en el migrante maliense, guineano, nigerino que persigue los barcos que llevan a Europa y EU su uranio, su oro, sus diamantes, su algodón, su petróleo, su cacao, su café, su serenidad. Se le impide al migrante pasar la frontera del Monte Gurugú, Melilla y Ceuta.

La ciencia y la tecnología libres, fabrican clones, quimeras, nuevos virus, seudo-fármacos, bacterias, gases mortales. Los hombres, las mujeres, son libres de hacerse implantar un tercer seno en el pecho, libres de coger con perros, caballos, gallinas; libres de adorar dioses extranjeros y desconocidos por los cuales son libres de degollar a sus hermanas y hermanos que no creen. Pienso en las instituciones occidentales de Derechos Humanos que privilegian los derechos del individuo sobre los de la comunidad. Parece que, a pesar de que el cielo soplara fuego ardiente, a pesar de que se abriera la tierra para ingurgitar el mundo entero, nada importará más que la verborrea sin consecuencias de los derechos humanos… el yo, yo, yo también, yo solo yo…

Me pregunto, cuál puede ser el grado de libertad individual dentro de un océano de millares de libertades en movimiento anarquista y caótico.

Me enredo.

Tengo reglas operativas cuando se instala la niebla en mi cabeza. En situación de diglosia, cuando uno quiere entrar en el espacio cognitivo, me parece necesario investigar en su idioma madre los campos lexicales y semánticos de dicho concepto. Es un imperativo de verdad, sobre todo cuando uno manipula los conceptos inoperantes predefinidos por el idioma del colonizador. Descolonización epistemológica nos obliga. La transposición, la traducción, que sea literal o no, reduce el campo de las incertidumbres en el ejercicio de la interpretación. Busco entonces el equivalente de la palabra libertad en mbay, mi idioma materno, para volver a una tentativa de conceptualización. No existe. Como tampoco existe la palabra «gracias». Las instituciones lingüísticas reflejan la historia y la cultura de los pueblos. Kam gue en el idioma mbay me parece lo más cercano al concepto de libertad. Significa literalmente "el querer del vientre", la voluntad interior. Por supuesto que sí… en mi pueblo, pensamos que reflexionamos por el vientre, es el nudo de todas las decisiones pensadas y equilibradas. Y además, yo soy yo porque los otros son. Existo porque existe la comunidad. Mi cuerpo está hecho de los ruidos de los demás como se diría…

En mi comunidad, sabemos negar la preeminencia del individuo sobre la colectividad. Mi libertad-voluntad encuentra sus límites en las fronteras que dibuja la comunidad para garantizar su propia sobrevivencia. El principio que nace de eso, es la responsabilidad en cuanto la relación del individuo al grupo. Soy responsable de la comunidad, quien es responsable de mí. En resumen solo podemos ser libres colectivamente, la sobrevivencia del grupo se teje en esta interrelación de equivalencia. Y cuando se sabe que uno de los fundamentos de la comunidad es su sobrevivencia, es decir su vocación existencial intemporal, el silogismo entonces no sufre de equívoco, ni de aproximación. De verdad, los mbay no pueden compartir el mismo entendimiento de la palabra libertad con el occidente judeo-cristiano, ni tampoco con los fundamentalistas islamistas.

Saludo con una satisfacción casi narcisista el genio de mi comunidad de haber entendido bien temprano, en el alba, la necesidad de reflexionar por el vientre.

Pienso en Tomas Sankara, en sus palabras que retomé hace veinte años en el álbum musical que hice in memoriam:

“Tenemos que producir, y producir más, porque si uno no produce, el otro lo hará y estaremos entonces en la obligación de consumir lo que produce el otro. Hay compañeros que me preguntan dónde está el imperialismo. Miren, echen un ojo en su plato de comida… si el arroz que se encuentra en su plato es de importación ¡ahí está el imperialismo! No hay que buscar más lejos. Nosotros africanos tenemos que vivir como africanos. Es la única vía para vivir libres y dignos”.

¿Cómo uno puede ser libre y digno cuando MONSANTO con sus OGM nos quita las semillas y nuestras tierras fértiles? Pienso en la Isla de las flores, este magnífico documental del brasileño Jorge Furtado donde presenta un dueño de cerdos dando acceso a los desechos alimenticios a sus animales antes de dar permiso a los seres humanos indigentes para que se alimenten de la basura. Concluye así el documental:

“Lo que relega a los seres humanos de la isla en la prioridad de conseguir comida por debajo de los cerdos es el hecho de que no tienen dueño, ni dinero. El ser humano se distingue de los animales por su cerebro, por sus pulgares y por el hecho de ser libre. Libre es la palabra que designa un ser en estado de libertad. Libertad es una palabra que alimenta los sueños de los humanos. No puede explicarse. Pero todos entienden lo que es".

Híjole, terminé de fregar los platos…

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