Identidad individual. Diálogo interno, Jiddu Krishnamurti.

por Sofía Johnson

Al intentar responder la pregunta sobre nuestra identidad, es común que recurramos a los rasgos externos, contingentes y aleatorios con los que sentimos afinidad o identificación. Pero estos rasgos son tan inciertos como cambiantes. La apuesta es, entonces, dirigir la mirada al interior y permitir que nuestro exterior no sea sino una resonancia de lo que hay dentro de nosotros.

¿Cuántas veces y sin pensarlo permitimos que lo externo nos identifique, y por lo tanto, nos limite?

Jiddu Krishnamurti, escritor y maestro, tiene esta discusión durante una de sus pláticas en 1977.

Es una discusión personal, un diálogo sobre la relación que tienen eventos externos con nuestros pensamientos y actitudes internas.

Lo que nos identifica por fuera nos ha mantenido aislados por dentro.

El trabajo, las obligaciones, la sociedad, el deber ser, los objetos, los celulares… la lista es infinita.

¿Somos lo que tenemos?

Resulta inútil aferrarnos y buscar identidad en aquello que cambia constantemente; la única solución es mirar hacia adentro y descubrir quién realmente somos.

Todos los días y en cada segundo de nuestras vidas tenemos la oportunidad y el regalo de detenernos a observar y con esta simple acción cambiar las cosas. No necesitamos cuestionar o analizar, simplemente observar y saber qué nos identifica en ese momento.

Ese es el diálogo interno.

Dependiendo nuestro día, puede que nos identifique el miedo o el amor o tal vez ayer nos sentíamos identificados con un libro o una persona y hoy ya no. Ese tipo de identidad, la externa, es fácil de señalar pero, ¿qué pasa si llegamos a la raíz de nuestra identidad? Sin opiniones o ideas ajenas, simplemente ser quienes somos.

Krishnamurti nos recuerda: el pensamiento divide, fragmenta. Mientras que el espíritu, aquel que observa, es completo.

Es parte de la vida interactuar y relacionarnos con el exterior pero cuando lo que está fuera de mí se convierte en lo que soy, llegamos a un conflicto.

La idea entonces es voltear las cosas. Es decir, desde mi centro y mi espíritu proyecto quién soy a mi alrededor. Lo que me rodea no es lo que me identifica, tampoco mis emociones. Lo que me identifica va mucho más allá y es algo en lo que tenemos que trabajar y meditar todos los días para no encontrarnos sumergidos en una vida vacía y sin sentido.

Si nuestra identidad externa desaparece, seguiremos existiendo y siempre encontraremos algo externo en qué reflejar nuestro interior, podemos lograr simplemente “ser” y con eso es suficiente. En cambio, si mi identidad interna la pierdo y no sé quien soy… todo sale de control y pretendo encontrarme en lugares, objetos y personas que no me llevarán a ningún lado.

Encontrar un equilibrio nos llevará a que eventos externos no definan nuestro comportamiento.

Dejemos unos minutos a un lado lo externo y miremos hacia adentro.

¿Qué encontraremos?

Les aseguro que nuestra vida cambiará por completo

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