FILOSOFÍA PARA EL CUIDADO DE LAS PASIONES

Todas las imágenes: Esculturas de Igor Mitoraj. Cortesía de Contini Art Gallery - Venecia, Cortina d’Ampezzo.

por Abraham Godínez Aldrete

ANTE UNA CULTURA DEL PLACER INMEDIATO Y EL ENTUSIASMO POR EL PRESENTE, LA SABIDURÍA CLÁSICA NOS BRINDA HERRAMIENTAS PARA APRENDER A MODERAR LAS PASIONES Y LLEVAR UNA VIDA SERENA.

T.)

Gemma Anton, Looking Right (Viendo a la derecha), 2014. Cortesía de la artista.

[…] liberarse de los deseos no naturales y no necesarios y ejercitar el propio carácter para afrontar desdichas posibles […].

Bocca Eros grande copy

Gemma Anton, Man 2 (Hombre 2), 2014. Cortesía de la artista.

La persona sabia puede contentarse consigo misma, sabe extrañarse del mundo para evitar la codicia y aprende
a enfrentar pérdidas.

grande stella pietrificata copy

Gemma Anton, Thread (Hilo), 2014. Cortesía de la artista.

“Todos los hombres, en efecto, gozan en algún modo de los manjares, los vinos y los placeres del sexo, pero no todos lo hacen de la manera debida”.

Aristóteles

Las pasiones son excesivas y, por definición, se padecen: se remiten a un exceso que no se soporta. En la vida contemporánea se le llama pasión a todo afecto que se experimenta de manera excesiva e ingobernable: el deseo sexual vehemente es un amor apasionado, el enojo desmesurado se convierte en odio, la culpa excesiva se transforma en masoquismo, la tristeza grave se muda en melancolía (pasión negra). Aunque la psicología moderna se fundó en 1879 con el laboratorio de Wundt, muchos siglos antes fue materia de filósofos. Una breve revisión de la filosofía antigua puede mostrar que dominar las pasiones es una tarea prioritaria para cualquier persona que pretenda llevar una vida sabia y serena.

Uno de los temas principales de la filosofía socrática es el “cuidado de sí”. Aunque en Los diálogos de Platón el “sí mismo” remite al alma, la noción se expandió y el “cuidado de sí” implicó el cuidado del cuerpo (salud y dieta), la economía (el entorno y la casa) y el Eros (lazos sexuales y familiares). Michel Foucault descubre la importancia del “cuidado de sí” cuando –en el marco de la elaboración de su Historia de la sexualidad– se centra en el tema de “las aphrodisia”, término que alude a las “cosas de Afrodita”. Afrodita desencadena pasiones, por eso los griegos llaman a la mesura, la temperancia y la satisfacción moderada. En la antigua Grecia, el principal peligro del placer es la servidumbre: el placer se convierte en una pasión cuando el sujeto se esclaviza a él y no puede pensar adecuadamente. La práctica de “las aphrodisia” busca dominar el uso de los placeres para que no se conviertan en sufrimiento: los placeres son bellos cuando conservan una forma equilibrada, simétrica y proporcionada. El uso de los placeres en “las aphrodisia” exige el dominio de sí mismo: lo opuesto a la belleza es el exceso y la servidumbre, por eso se considera que el estado pasional es patético. Para ejemplificarlo, Platón narra el modo en que Alcibíades arriba al Banquete, ebrio y exaltado, le reclama a Sócrates su falta de amor de manera irracional y desproporcionada. De este modo, Platón muestra la fealdad del hombre más bello de Grecia: la belleza de Alcibíades ha sido quebrada por la pasión. Aunque sea un hombre hermoso, y Sócrates sea –en apariencia– un hombre feo, el filósofo conoce la belleza porque es sabio, puede gobernarse a sí mismo y evitar los excesos.

Para liberarse de las pasiones, los griegos crearon regímenes de vida estrictos que buscan otorgarle una forma equilibrada a la vida cotidiana. La “ascesis” es un trabajo que se hace sobre sí mismo para lograr algo. La filosofía helénica puede comprenderse como un cuidado de sí mismo para lograr autonomía y dominar el sufrimiento. En sus epístolas, Séneca le dice a Lucilio que la filosofía tiene un valor práctico en la vida: “la filosofía configura y moldea el espíritu”. Tener orientación en la existencia significa entrenarse en la práctica del autodominio racional y en el gobierno de las pasiones. Para aprender a moderarse, las enseñanzas de Séneca a Lucilio destacan cinco aspectos básicos: sabiduría, visión, verdad, libertad y fortaleza. Para otorgarle formas equilibradas a los afectos, es necesario tener un “equipamiento epistemológico” sobre las emociones; contar con una visión amplia que permita tener una mirada superior sobre las cosas (mirar las cosas en su justa medianía); aprender a hablarse con sinceridad y comprender la verdad del propio ser (saberse mortal, por ejemplo, reduce significativamente la dimensión pasional de las cosas: “quien aprendió a morir, se olvidó de ser esclavo”); liberarse de los deseos no naturales y no necesarios y ejercitar el propio carácter para afrontar desdichas posibles (por ejemplo, obligarse a pasar días de ayuno para aprender a enfrentar épocas de carencia económica sin angustia). Estas recomendaciones no son atributos que puedan conseguirse rápidamente, hace falta una práctica cotidiana que implique autobservación, apertura de corazón, guía de conciencia y ejercicios de carácter. Antes de seguir estos lineamientos, es necesario encontrar el lugar propio en el mundo, así como no arraiga una planta que es trasladada de sitio, un ser humano que cambia de lugar no puede fortalecerse y encontrar serenidad. El principio de un espíritu equilibrado es mantenerse firme, aprender a morar en sí y elegir mediante un juicio racional adecuado los amores y las amistades. La persona sabia puede contentarse consigo misma, sabe extrañarse del mundo para evitar la codicia y aprende a enfrentar pérdidas.

Aunque actualmente hay modas culturales que elogian lo pasional, lo feo, lo obsceno, lo irreverente y el exceso, los ideales clásicos permiten encontrar brújulas en los espacios de confusión en los que el sujeto contemporáneo se encuentra prioritariamente perdido y sin morada. Encontrar el núcleo de la serenidad en el propio ser tiene como principio rector un “saber hacer” con los afectos propios. Así como sucede con las pasiones, la psicología contemporánea tiene la tarea de recuperar el patrimonio del saber filosófico antiguo que pueda ayudarnos a crear una vida bella.

Bibliografía

Foucault, M. Historia de la sexualidad. Tomo II. El uso de los placeres. Trad. Martí Soler. México: Siglo XXI, 2001.

Séneca. Epístolas morales a Lucilio I. Introducción, traducción y notas de Ismael Roca Melía. Madrid: Biblioteca clásica Gredos, 2010.

Igor Mitoraj (1944-2014) fue un escultor polaco. Sus bustos, estatuas y torsos gigantes exploran la relación de nuestro presente con el pasado y su sabiduría. Contini Art Gallery, en Venecia, representa su trabajo. www.continiarte.com

Abraham Godínez Aldrete es psicoanalista y profesor investigador del Departamento de Humanidades y Artes del Centro Universitario de Tonalá de la Universidad de Guadalajara.

Deja un comentario

error: Contenido protegido !!