ESCENAS-EJEMPLOS DEL AMOR EN LA MÚSICA Y LA LITERATURA. CORTAZAREANA

Erika Masterson, Her Next Chapter (Su siguiente capítulo). Cortesía de Saatchi Art.

por Carlos Azar

A TRAVÉS DEL TIEMPO LA LITERATURA Y LA MÚSICA NOS HAN CONTADO LAS HISTORIAS DE AMOR MÁS GENUINAS E INTENSAS.

Juan Rulfo dijo que sólo hay tres temas en la literatura: la vida, la muerte y el amor. Rulfo hace trampa porque en esos tres entran todos los demás. Pero si sólo hay tres, ¿qué es lo que importa? ¿El tratamiento, el punto de vista, la verosimilitud, el lector, el lenguaje?

La Partita 2 de J.S. Bach es una obra para violín bastante peculiar: los primeros cuatro movimientos parecen ajenos al último, la “Chacona”. Compuesta en 1720, dicha chacona representa la obra cumbre para violín solo. Bach volvía de un viaje y encontró a su primera esposa, María Bárbara, muerta en la sala de la casa. Según la musicóloga Helga Thoene, ese hecho hizo que la obra cambiara de sentido y el último movimiento se distinguiera de los otros hasta casi crear una obra nueva. Bajo la forma de Tema y variaciones, la “Chacona” de Bach transita entre la muerte y el amor, por los caminos enredados del amor y los golpes certeros y directos de la muerte. Para eso, el uso de Tema y variaciones es muy útil, porque finalmente, qué es el amor sino un tema del que se desprenden diversas variaciones. Bach encontró el cuerpo de su esposa muerta y a lo que es temporal llamar eterno.

En el soneto “Ir y quedarse y con quedar partirse”, Lope de Vega define al amor y uno de los versos creados es: a lo que es temporal llamar eterno. En otro soneto, bajo el seudónimo de Tomé de Burguillos, Lope genera uno de los versos más misteriosos de la historia: Amor se ha vuelto cuervo o se me antoja. Este verso ha provocado que batallones de lingüistas se vuelvan necios buscando razones para tratar de explicar un misterio que, tal vez, es lo que deberíamos conservar del verso. Como en el amor, cuando el misterio desaparece poco queda de él.

Johannes Brahms amaba la “Chacona” de Bach por encima de cualquier obra, la consideraba una de las cumbres de la música. La conoció interpretada por su amigo íntimo, el violinista Joseph Joachim, con sus amigos, Robert y Clara Schumann, unos días antes de que Robert cayera por primera vez en el manicomio. Brahms también amaba a Clara. Era la primera persona a la que le mostraba sus partituras, acudía a casa de los Schumann cada vez que Robert tenía un brote y acompañó a Clara y a los hijos luego del intento de suicidio de Robert y de su muerte prematura. Finalmente decidieron irse a vivir a Suiza. Es difícil saber si esta historia es cierta porque ambos convinieron en destruir las cartas que se enviaban, pero a mí me gusta pensar que lo es, que el inicio de uno de los amores más poderosos de la historia, mezcla de admiración, complicidad, pasión y constancia, se dio gracias a la “Chacona” de Bach.

Hace unos años, en la escuela en la que doy clase de literatura, tuve la oportunidad de asistir, con mis alumnos, a una conferencia sobre la química del amor. La expositora nos hablaba de cómo unas feromonas viajaban de nuestras axilas hacia la nariz del ser amado y que eso generaba una serie de cambios químicos que nosotros llamamos enamoramiento. La expositora también nos dijo que ese viaje hormonal duraba tres años, nunca más. Un alumno me preguntó qué opinaba. Le dije que probablemente era cierto lo que nos decían, pero que cuando me enamoraba, ese sentimiento se parecía más a lo que decía Lope, Quevedo, Shakespeare, Neruda, José Alfredo o José José. Me parece que tenía razón Richard Feynman cuando dijo que a veces Shakespeare le hacía entender mejor el mundo que Einstein.

The Love Letter - Limited Edition 1 of 25 Photography by Erika Masterson

Erika Masterson, The Love Letter (La carta de amor). Cortesía de Saatchi Art.

The Violin - Limited Edition 1 of 25 Photography by Erika Masterson

Erika Masterson, The Violin (El violín). Cortesía de Saatchi Art.

Pese a nuestra sofisticación, nuestro cerebro siente predilección por los mitos, por esas construcciones poéticas que se comparten de boca en boca, aunque no sean ciertas. Así, nos encanta creer en la envidia corrosiva de Salieri por Mozart, que en Helsinki hay una cafetería que obliga a hablar de la muerte si se ocupa una de las mesas centrales y a la que Sibelius acudía a menudo, que Mendelssohn encontró La pasión según san Mateo en una carnicería, en la que envolvían chuletas con ella. Creer en los mitos es uno de los caminos más certeros del amor, le imprime trascendencia a lo cotidiano, cuyas historias son simples y carecen de interés. Uno de mis favoritos es la admiración que sentía Schubert por Beethoven y viceversa. Ambos vivían en Viena, se sabe que a dos cuadras de distancia. Beethoven dijo que Schubert era el compositor más inspirado de todos y Schubert murió de sífilis, pero los delirios de la enfermedad tenían la forma del primer movimiento de la Sinfonía 5 de Beethoven. Ambos estaban presentes en la vida del otro y, a pesar de la cercanía, nunca se conocieron. Mientras uno admiraba al otro, éste deliraba con una de las obras más sorprendentes: el desarrollo memorable en forma de sonata sobre el tema más simple posible. Como el amor que busca construir desde la simpleza, Beethoven y Schubert se unieron por el sentimiento, aunque nunca se conocieron.

Emily Dickinson amaba no salir de su cuarto. Era su sitio favorito, en el que se sentía segura. Ahí, escribió sus poemas, a veces en trozos de papel, a veces en calcetines o en lo que tuviera a la mano. Un día, un grillo entró por la ventana, lo atrapó, escribió un poema sobre él y los envió, grillo y poema, a un primo. Luego de su muerte, su hermana Lavinia, Vinnie, se dio a la tarea de recuperar todos los manuscritos con el ánimo de publicarlos. De esta forma, se puso a buscar cuadernos, trozos de papel, de tela, de madera, desperdigados por todos los rincones familiares. Como un acto de amor, Vinnie quiso recuperar la literatura de su hermana, de la misma forma que Vera Nabokov sacó del fuego Lolita o Max Brod no aceptara quemar la obra de su amigo. Gracias a Vinnie, ahora somos capaces de conocer la obra de una de las poetas más estremecedoras.

En uno de los versos más peculiares, Gonzalo Rojas asevera: Sólo llueve lluvia. Y así es. Cuando quisiéramos que lloviera oro, plata o café en el campo, sólo llueve lluvia. Octavio Paz en “Carta de creencia”, termina por decirnos que Tal vez amar / es aprender a caminar por este mundo, este mundo que no se cansa de demostrarnos que a pesar de nuestros deseos Sólo llueve lluvia.

Entre 1992 y 1995, cuando transcurría la guerra en Bosnia, en Sarajevo, esa ciudad que convoca a los conflictos, la música sucumbía bajo las balas de la batalla. Sin embargo, cuentan que cuando bajaba la neblina no era posible continuar el combate. Entonces la gente sabía que era momento de acudir a la plaza principal porque la orquesta sinfónica tocaría bajo el velo protector de la bruma. Semana tras semana, bajo la nube, los habitantes descubrían que una silla de los violines estaba vacía o que la orquesta había perdido a su fagotista, muertos en la guerra. Sin embargo, ahí estaban para que la bruma les permitiera oír la Sinfonía 5 de Schubert, la obertura Egmont de Beethoven o Poeta y campesino de von Suppé; para entender que, aunque estemos inmersos en la bruma del dolor, siempre es posible que, en el fondo, algo vuelva a sonar. 

Erika Masterson es una fotógrafa que vive en Florida. Su trabajo explora la vida íntima de las personas para develar el ser interior de cada una. erikamasterson.com 

Carlos Azar Manzur. Es corrector de estilo de la revista Capitel de Universidad Humanitas.

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